Captura: El mundo de Darwin / YouTube
El artista y opositor Luis Manuel Otero Alcántara aseguró que volverá a Cuba para impedir que el régimen use a su hijo en el servicio militar obligatorio. Lo dijo en una entrevista de más de una hora y media con Darwin Santana, del canal «El mundo de Darwin», en la que también habló de las huelgas de hambre, de los 11 días que pasó vigilado antes de abandonar el país y de la polémica que provocó ese episodio.
«Voy a ir a Cuba, eso tú puedes estar segurito», afirmó. Preguntado por si lo haría por la vía legal, respondió que no lo sabe («ya veremos cuando llegue el momento») y, cuando Darwin le preguntó si iría preso, contestó: «Iremos presos». Dijo que no tiene un plan cerrado.
El motivo es su hijo Alejandro, de 16 años, que cumple 17 en diciembre. Según Otero Alcántara, termina el preuniversitario en julio y en septiembre del año que viene debe incorporarse al servicio militar. Ya le están haciendo pruebas médicas y, sin pasar ese trámite, no puede graduarse ni estudiar en la universidad. «Soy pacifista, no toco armas», dijo. Contó que él mismo hizo el servicio militar en una unidad de construcciones y que en el año que lo cumplió hubo cuatro o cinco muertes por negligencia.
Los militares, «con una pistola en la cabeza»
Darwin le preguntó varias veces si estaba defendiendo a los militares cubanos. Otero Alcántara dijo que no: sostuvo que el régimen tiene «muchas maneras de ponerte una pistola en la cabeza» (la amenaza de cárcel, el chantaje con la universidad, el miedo a ser tachado de traidor) y que eso no libera de responsabilidad a quien reprime. «Tienen su responsabilidad como individuos», afirmó, y añadió que en una Cuba libre quien haya cometido delitos «irá preso y pagará por ellos». Recordó que el 11 de julio de 2021 muchos reclutas fueron enviados a golpear a manifestantes y que en prisión compartió espacio con un joven que le contó que lo obligaron a salir a la calle con un palo.
Del Calixto García a Guanajay
Repasó cómo llegó a la cárcel. En mayo de 2021, tras la entrada de agentes a su casa para llevarse unas pinturas, hizo una huelga de hambre de siete días. Dijo que lo sacaron de su casa en una ambulancia y pasó un mes en el hospital Calixto García, vigilado día y noche por agentes de civil. El 11 de julio de 2021 salió a la calle y fue detenido a los pocos minutos. Estuvo dos días en Villa Marista y fue trasladado a la prisión de Guanajay.
Sobre el juicio, dijo que estaba decidido de antemano. Aseguró que uno de los testigos de la acusación fue un agente de la Seguridad del Estado que confirmó que la música estaba dentro de su casa y que él la bajó cuando se lo pidieron. Según su relato, la condena sumó dos años por escándalo público, dos por desacato y uno por ultraje a los símbolos patrios.
En prisión, dijo, hizo entre cinco y seis huelgas de hambre, una de más de 40 días tras la cual se desmayó. Describió las celdas de castigo de Guanajay (poco más de un metro de ancho, sin ventana, con frío o calor extremos) y contó que en una huelga de hambre los militares entraban cada dos o tres horas de la madrugada a desnudarlo y hacerlo hacer cuclillas. En la última, tres presos lo sujetaron y le metieron comida por la boca. Dijo que no sufrió palizas ni las torturas que dejan cicatrices, pero que el frío, la falta de sueño y las amenazas de otros presos también son tortura. Contó que a medida que su caso ganó visibilidad, el régimen flexibilizó las llamadas y las visitas.
Dibujó unas 4.000 obras en esos cinco años, en cartulinas, papel y hasta cajas de cigarros. Dijo que el régimen le dejó sacarlas porque sabe lo que significan para él y que, de no permitírselo, no habría salido del país: «Es que yo me morí ya», afirmó. Detalló que una parte de lo dibujado en su última celda de castigo, obras más oscuras, se las quitaron.
Los 11 días antes de salir
Otero Alcántara explicó que durante unos 11 días, del 7 al 18 de julio, estuvo en una casa vigilada por entre cuatro y cinco agentes de la Seguridad del Estado, con sus obras, mientras esperaban el permiso humanitario de Estados Unidos. Dijo que no podía salir ni recibir visitas sin condiciones: a su familia la recogían en un punto y le advertían que nadie podía saber dónde estaba. Su hijo estuvo tres días, su pareja varias veces.
Según él, ese tiempo no fue libertad: «Estuve cinco años en prisión», insistió. Reconoció que comió bien, que había una cocinera del Ministerio del Interior, que compartió bebida con los agentes (pagada con su propio dinero, dijo) y que decidió mantener un trato pacífico con ellos para poder despedirse de su familia. Aseguró que lo hizo porque sabía que, de lo contrario, plantaría otra huelga de hambre, y que los agentes lo sabían. «Ellos no son mis amigos», dijo que le explicó a la hija de su pareja. Afirmó que los agentes hicieron esas concesiones para evitar un conflicto antes de su salida.
Críticas y exilio
Preguntado por qué se fue después de rechazar el exilio durante un año y cinco meses, explicó que sintió que su trabajo tendría más impacto desde fuera. Reconoció que a veces le deprime ver desde lejos a las madres que cierran calles en Cuba. Habló también de la crítica que recibió por la conversación con el expreso político Ángel de Fana, y dijo que entiende que algunas personas mayores se hayan decepcionado.
Sobre el futuro de Cuba, dijo que cree que la dictadura caerá por «el trabajo de todos» y que los cubanos están «conectados por Cuba». Anunció un concurso de literatura, todavía sin fechas, para que escritores cuenten en una cuartilla y media la caída de la dictadura. Hace menos de un mes, dijo, estuvo en Washington con Rosa María Payá.
Otero Alcántara salió de Cuba el 18 de julio y llegó a Miami con un permiso humanitario de Estados Unidos, tras cumplir cinco años de prisión (AP, EFE, El País).
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