
Luis Manuel Otero Alcántara explica su salida de Cuba, responde a las críticas y reafirma su compromiso con la libertad
El artista y opositor cubano Luis Manuel Otero Alcántara afirmó que su salida al exilio representa una nueva etapa de su lucha contra el régimen y aseguró que utilizará el arte, la visibilidad internacional y las herramientas disponibles fuera de la isla para mantener la atención sobre los presos políticos.
Durante una entrevista concedida a la periodista Ninoska Pérez Castellón, en La Poderosa, el exintegrante del Movimiento San Isidro habló sobre sus cinco años en prisión, las circunstancias que rodearon su salida de Cuba, las críticas recibidas tras su llegada a Miami y sus proyectos culturales y políticos en el exilio.
Uno de los asuntos centrales de la conversación fue su estancia durante varios días en una vivienda bajo control de la Seguridad del Estado antes de abandonar la isla. Otero Alcántara explicó que durante ese periodo estuvo bajo vigilancia y con restricciones impuestas por las autoridades, en un contexto que formaba parte del proceso de su salida del país. En la entrevista, el artista también se refirió a las críticas surgidas en torno a posibles imágenes de esos días junto a su hijo, señalando que cualquier material de ese tipo debe entenderse dentro de las condiciones controladas en las que se encontraba y del aislamiento al que fue sometido antes de su exilio.
El artista explicó que no se encontraba en libertad y que las autoridades le impusieron condiciones estrictas mientras se organizaba su salida definitiva del país.
Según relató, la Seguridad del Estado le planteó permanecer aislado en una habitación o aceptar pasar un tiempo con su hijo y otros familiares bajo vigilancia. También le advirtieron que no podía revelar dónde se encontraba y que cualquier incumplimiento podía impedirle volver a ver al adolescente.
Otero Alcántara sostuvo que decidió aceptar esas condiciones para despedirse de su hijo después de cinco años de separación.
“Yo necesitaba despedirme de mi hijo, pasarlo con mi hijo”, explicó. Añadió que intentó crear un ambiente de tranquilidad para el menor, aunque le dejó claro que los agentes presentes no eran sus amigos y que aquella aparente normalidad formaba parte de una situación controlada por el aparato represivo.
“El exilio o seguir preso”
El artista afirmó que, después de cumplir su condena, el régimen no estaba dispuesto a permitir que regresara a las calles de La Habana, al barrio del Cerro o a la sede del Movimiento San Isidro.
Aseguró que las opciones reales eran permanecer encarcelado, morir en prisión o salir al exilio.
“Definí que el exilio era la nueva etapa como mejor opción para luchar por Cuba”, declaró.
Otero Alcántara defendió que su comportamiento durante esos días no puede analizarse al margen de los cinco años de encarcelamiento ni de la presión acumulada durante más de una década de activismo, arrestos, vigilancia y enfrentamientos con las autoridades.
También sostuvo que el régimen cubano ha sofisticado sus métodos represivos y que no todas las formas de castigo son visibles. A su juicio, el acceso a internet y la posibilidad de denunciar abusos obligaron a la Seguridad del Estado a adaptar sus mecanismos de control, aislamiento y presión psicológica.
El opositor insistió en que haber podido pintar en prisión o aparecer en determinadas condiciones antes de abandonar Cuba no significa que estuviera libre ni que no hubiera sufrido las consecuencias del encarcelamiento.
Respuesta a las críticas
Otero Alcántara reconoció que algunas de sus declaraciones y acciones artísticas pueden resultar difíciles de comprender para parte del exilio, pero defendió la honestidad como uno de los pilares de su trabajo.
“Yo no le quiero lavar la cara a ninguna dictadura. Simplemente quiero ser honesto, y la honestidad es un mecanismo también de lucha”, expresó.
También aseguró que las críticas recibidas desde su llegada a Miami no modifican su compromiso. Señaló que le preocupa especialmente que personas interesadas en la libertad de Cuba puedan interpretar de manera equivocada sus palabras, aunque consideró positivo vivir en un lugar donde cualquiera puede cuestionarlo sin temor a ser detenido.
“Llegué a la libertad”, afirmó. “La democracia se aprende en el día a día”.
El artista recordó que su lenguaje y sus métodos de protesta han estado vinculados a su origen popular y a su intención de comunicarse con sectores de la sociedad cubana que no necesariamente se identifican con los discursos tradicionales de la oposición.
Al referirse a sus performances, explicó que utilizó el cuerpo y la provocación artística para reclamar derechos como el acceso a internet y denunciar la invasión de la intimidad por parte del Estado.
Otero Alcántara defendió la convivencia entre diferentes tendencias políticas y sociales. Puso como ejemplo al Movimiento San Isidro, donde coincidieron artistas, creyentes, activistas y personas con posiciones ideológicas diversas, unidas por la exigencia de libertades.
El arte como testimonio de la prisión
Durante la entrevista, anunció que próximamente comenzará una residencia artística de dos meses en Miami y que pretende retomar su obra de manera más sistemática.
Entre sus proyectos se encuentra la realización de un mural dedicado a los presos políticos cubanos. Mencionó su intención de incluir retratos de figuras como Maykel Osorbo y Lizandra Góngora, así como de otras personas encarceladas por motivos políticos.
Otero Alcántara explicó que las obras realizadas durante sus cinco años en prisión contienen testimonios sobre la ansiedad, la separación familiar, la muerte y las condiciones del encierro.
Relató que una de esas pinturas representa a un preso que recibe autorización para asistir al funeral de su madre o de su padre, esposado, vestido con el uniforme penitenciario y vigilado por un agente durante el breve momento de despedida.
“Hay cosas que no se pueden decir con palabras”, señaló al explicar que recurrió a rasgar, romper y alterar las pinturas para representar el daño psicológico sufrido dentro de la cárcel.
El artista afirmó que pretende mostrar esas obras en exposiciones y museos para que funcionen como registro de la represión y de las experiencias de quienes continúan encarcelados.
También anunció que busca entregar o depositar en un lugar simbólico la bandera utilizada durante su obra Drapeau, en la que llevó la enseña nacional sobre el cuerpo durante un mes.
Una Cuba “rota”
Otro de los temas abordados fue la imagen de la Virgen de la Caridad del Cobre que Otero Alcántara presentó tras su llegada a Miami y que intentó reconstruir con ayuda de otras personas.
El artista definió la pieza como una representación de una Cuba fragmentada, herida y necesitada de reparación.
“Yo estoy roto. Cuba es un país roto”, afirmó.
A su juicio, la Virgen de la Caridad constituye uno de los símbolos con mayor capacidad para reunir a cubanos de diferentes creencias, posiciones políticas y procedencias.
Explicó que las grietas visibles en la imagen forman parte del sentido de la obra: aunque se intente reconstruir el país, permanecerán marcas del daño causado durante décadas.
Justicia y transición democrática
Otero Alcántara rechazó la posibilidad de que los responsables del régimen conduzcan por sí mismos una verdadera transición democrática.
Consideró “absurdo” pensar que quienes se han beneficiado de la corrupción y de la represión prepararán voluntariamente su propia salida del poder o aceptarán responder ante la justicia.
Defendió la necesidad de establecer responsabilidades por los crímenes, las desapariciones, los encarcelamientos y el exilio provocado por el sistema cubano.
En uno de los momentos más polémicos de la entrevista, dijo que apoyaría una intervención internacional de carácter “quirúrgico” si esta permitiera poner fin a la dictadura e iniciar un proceso democrático con respaldo de Estados Unidos, Europa y otros países.
Otero Alcántara diferenció ese escenario de una invasión indiscriminada contra la población civil y sostuvo que el propio régimen utiliza el miedo a los bombardeos como herramienta propagandística.
También advirtió que un estallido social dentro de Cuba podría provocar nuevas víctimas, debido a la disposición de las autoridades a utilizar las fuerzas militares y policiales contra los manifestantes, como ocurrió durante las protestas del 11 de julio de 2021.
El artista pidió a los cubanos que no se dejen utilizar para defender a la cúpula gobernante en una eventual crisis política.
Una nueva etapa desde el exilio
Otero Alcántara reconoció que necesita adaptarse a la vida fuera de Cuba, comprender las dinámicas del exilio y organizar su situación personal después de haber pasado prácticamente toda su vida bajo el sistema cubano.
Sin embargo, afirmó que no piensa apartarse de la causa de los presos políticos ni abandonar su activismo.
Explicó que desde su llegada ha concedido numerosas entrevistas, dormido pocas horas y utilizado cada espacio público para hablar de Maykel Osorbo y de quienes permanecen en las cárceles del régimen.
Su propósito, dijo, es crear una estructura cultural y política que utilice el arte como herramienta para contribuir a la libertad de Cuba.
También aseguró que mantiene contacto con personas dentro de la isla, incluidos presos que desean hacer públicas sus cartas, y que percibe apoyo entre cubanos que conocen su trayectoria anterior al encarcelamiento.
Al finalizar la entrevista, Otero Alcántara insistió en que su prioridad continúa siendo la misma que marcó sus años de activismo en La Habana y su paso por la prisión de máxima seguridad de Guanajay.
“Todo lo que yo he hecho y voy a seguir haciendo es por la libertad de Cuba”, afirmó.







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