Luis Manuel Otero Alcántara revela detalles de su salida de prisión: “Me dijeron que no iba a caminar más por las calles de Cuba”

El artista y ex preso político cubano Luis Manuel Otero Alcántara ofreció a Martí Noticias uno de los testimonios más detallados hasta ahora sobre los últimos días de su encarcelamiento, las condiciones impuestas por el régimen para permitirle abandonar la prisión y las horas de incertidumbre que precedieron a su salida definitiva de Cuba.

En una extensa entrevista concedida al periodista Mario J. Penton menos de 48 horas después de su llegada a Estados Unidos, Otero Alcántara relató que su salida de prisión no respondió, a su juicio, a ningún procedimiento jurídico normal, sino a una decisión política de las autoridades cubanas que desde hacía años le planteaban el exilio como única alternativa para recuperar la libertad.

“Primero, no se puede hablar de ninguna estructura legal”, afirmó el artista al referirse a su condena y posterior excarcelación.

Otero Alcántara insistió en que ni su encarcelamiento ni la manera en que terminó saliendo de prisión pueden analizarse dentro de una lógica jurídica convencional, porque considera que las condenas contra los presos políticos cubanos responden fundamentalmente a decisiones arbitrarias del régimen.

“Tú no vas a caminar más nunca por las calles de Cuba”

Uno de los momentos más contundentes de la conversación ocurrió cuando el artista explicó que la posibilidad del exilio estuvo presente prácticamente desde el comienzo de su encarcelamiento.

Según relató, durante años los agentes de la Seguridad del Estado insistieron en que esa sería la única manera de salir de prisión.

“Tú no vas a caminar más nunca por las calles de Cuba”, recordó que le dejaron claro las autoridades.

Para Otero Alcántara, detrás de aquella posición estaba el temor del régimen a que regresara a las calles después de años de prisión y retomara su activismo dentro de la Isla, especialmente en un contexto marcado por una crisis económica, social y política mucho más profunda.

El artista considera que su trabajo y la experiencia del Movimiento San Isidro demostraron que era posible movilizar a sectores de la sociedad y generar espacios de resistencia frente al poder.

La decisión definitiva sobre su salida comenzó a materializarse varias semanas antes de abandonar Guanajay. De acuerdo con su testimonio, agentes de la Seguridad del Estado llegaron a comunicarle que “la opción que hay es irse”.

En algún momento se manejó España como posible destino, pero Otero Alcántara rechazó esa alternativa y manifestó su preferencia por Estados Unidos.

“España no”, recordó haber respondido.

Explicó que sus hermanos se encontraban en Estados Unidos y que, además, para él resultaba importante permanecer geográficamente cerca de Cuba.

Un pasaporte preparado dentro de la prisión

El relato ofrece también detalles desconocidos sobre la rapidez con la que las propias autoridades cubanas gestionaron los preparativos necesarios para sacarlo del país.

Otero Alcántara aseguró que su pasaporte fue confeccionado en apenas cuatro o cinco días.

Incluso la fotografía necesaria para el documento fue tomada dentro de la propia prisión.

Mientras avanzaban esos trámites, comenzó a comunicarse con la activista Anamely Ramos mediante un teléfono móvil que le facilitaban agentes de la Seguridad del Estado, debido a que los teléfonos disponibles para los presos no permitían realizar llamadas internacionales.

A través de esas conversaciones podía conocer cómo avanzaban desde Estados Unidos las gestiones necesarias para conseguir el parole humanitario que finalmente permitiría su entrada al país.

Miles de obras creadas durante cinco años de prisión

Cuando llegó finalmente el momento de abandonar Guanajay, había otra preocupación fundamental para Otero Alcántara: sacar consigo la obra artística creada durante sus años de encierro.

El artista habló durante la entrevista de miles de pinturas realizadas en prisión y dejó claro a las autoridades que no estaba dispuesto a marcharse sin ellas.

Aquellas piezas representaban, explicó, cinco años de experiencias, pensamientos y emociones que muchas veces no podían expresarse simplemente mediante palabras.

“Esa es mi vida de cinco años, mi legado”, recordó haber dicho cuando surgieron dudas sobre si las autoridades permitirían sacar todo aquel material.

Para Otero Alcántara, pintar se convirtió durante su encarcelamiento en una forma de supervivencia.

También se impuso como objetivo conservar, en la medida de lo posible, su salud física y mental. Hacía ejercicios prácticamente todos los días y continuaba creando.

El apoyo de sus amigos resultó fundamental. Gracias a ellos pudo recibir alimentos, vitaminas y otros productos que le permitieron complementar la deteriorada alimentación de la prisión.

El artista respondió así también a la propaganda difundida por el régimen cubano sobre su apariencia física tras salir de prisión, utilizada para intentar desacreditar las denuncias sobre las condiciones de su encarcelamiento.

Otero explicó que mantenerse físicamente fuerte fue precisamente una decisión personal frente al intento de destrucción que significaba la cárcel.

Esposado y trasladado a una casa cerca de Guanabo

Su salida de Guanajay tampoco significó que estuviera inmediatamente en libertad.

Otero Alcántara contó que fue trasladado esposado en un vehículo hasta una casa situada en una zona apartada próxima a Guanabo.

Durante ese período continuó bajo custodia.

Según su relato, se trataba de una vivienda de playa con piscina, donde permanecían agentes vigilándolo constantemente.

El contraste de aquella casa con la realidad que atravesaban millones de cubanos le resultó particularmente impactante.

Cuando llegó, estaban llenando la piscina con pipas de agua mientras numerosas comunidades del país sufrían graves problemas de abastecimiento.

El artista llegó incluso a cuestionar aquella situación ante quienes lo custodiaban.

Pero dejó claro durante la entrevista que las aparentes comodidades no podían confundirse con libertad.

Era, en sus palabras, una especie de “jaula de oro”.

Durante aquellos días pudo recibir a algunas personas cercanas y despedirse de familiares y amigos, aunque estos no podían conocer previamente el lugar exacto donde se encontraba. Eran recogidos en un punto determinado y posteriormente trasladados hasta la vivienda.

Mientras tanto, la Seguridad del Estado mantenía el control del lugar.

“Me van a ver tomando cerveza, ron, whisky…”

Otero Alcántara dijo estar consciente de que probablemente fue grabado durante aquellos días y anticipó que el régimen podría utilizar esas imágenes con fines propagandísticos.

“Me van a ver tomando cerveza, me van a ver tomando ron, whisky”, expresó.

Explicó que simplemente intentaba conseguir que su despedida de Cuba fuera lo menos traumática posible después de cinco años de encarcelamiento.

El artista recordó que continuaba preso y vigilado, independientemente de encontrarse en una vivienda con piscina en lugar de una celda.

Su preocupación era evitar cualquier situación que pudiera frustrar su salida del país cuando ya estaba tan cerca de recuperar la libertad.

El impacto de llegar a Estados Unidos

La entrevista también dejó al descubierto las consecuencias psicológicas que cinco años de prisión y la realidad cubana dejaron en el artista.

Otero Alcántara contó que, ya en Miami, entró aproximadamente a las tres de la madrugada en una tienda y quedó profundamente impactado al encontrarla completamente iluminada y abastecida.

La experiencia llegó a provocarle una reacción emocional.

Tuvo que sentarse y respirar.

Después de años viviendo dentro de la precariedad extrema de Cuba y posteriormente dentro de una prisión, enfrentarse repentinamente a una realidad completamente diferente produjo un fuerte choque.

El artista reconoció que todavía tendrá que descubrir las posibles secuelas dejadas por el encarcelamiento y adaptarse a una vida que cambió radicalmente en cuestión de horas.

Sin embargo, aseguró que no pretende permitir que la frustración o el odio determinen esta nueva etapa.

“Lo que hicimos hasta ahora sí es un símbolo y nadie lo va a poder borrar”

Mario J. Penton preguntó también al artista por la narrativa del régimen cubano que intenta presentar su salida de Cuba como el comienzo de una etapa en la que dejará de ser un símbolo para convertirse simplemente en otro exiliado obligado a reconstruir su vida.

Otero Alcántara respondió recordando sus orígenes humildes en El Cerro y una trayectoria artística desarrollada fundamentalmente en las calles, fuera de las instituciones oficiales.

“No estudié arte en la academia”, recordó.

Su formación política y social, explicó, surgió de observar directamente la realidad cubana: jubilados obligados a buscar dinero para sobrevivir, desigualdad, abusos y situaciones cotidianas que fueron moldeando su pensamiento.

El artista reconoció que nadie puede predecir lo que ocurrirá en el futuro, pero aseguró que existe algo que el régimen ya no puede eliminar.

“Lo que hicimos hasta ahora mismo sí es un símbolo y nadie lo va a poder borrar”, afirmó.

Recordó también que su generación recibió el legado de opositores y activistas anteriores, mencionando referentes como Oswaldo Payá y los presos políticos históricos conocidos como “los plantados”.

Para Otero Alcántara, su trabajo forma parte de esa continuidad histórica.

También recordó las imágenes del Movimiento San Isidro y el impacto que tuvo su obra entre nuevas generaciones de cubanos, incluidos jóvenes universitarios que años después utilizaron trabajos suyos como referencia para cuestionar el sistema.

“Vamos a seguir trabajando”, aseguró.

La Virgen rota y una Cuba que necesita reconstruirse

Uno de los momentos más simbólicos de la entrevista estuvo relacionado con la Virgen de la Caridad que Otero Alcántara llevó consigo desde Cuba y posteriormente presentó en la Ermita de la Caridad, en Miami.

La imagen está rota.

Para el artista, esa fractura representa directamente la situación actual del país.

“Es la Cuba que necesitamos restaurar”, explicó.

Otero Alcántara describió una sociedad profundamente dañada, donde la crisis ha alcanzado no solamente la economía, sino también estructuras esenciales como la familia y la educación.

Alertó especialmente sobre la situación de los jóvenes, el crecimiento del consumo de drogas y la respuesta fundamentalmente represiva que ofrece el régimen frente a fenómenos sociales cada vez más complejos.

También habló del deterioro del sistema educativo, de escuelas afectadas por los apagones y la falta de agua y de familias completamente absorbidas por la lucha cotidiana para conseguir comida, cocinar o resolver las necesidades más elementales.

Para el artista, responder a esa fractura únicamente mediante más policía, encarcelamientos y largas condenas no solucionará el problema.

La Virgen rota que llevó desde la Isla se convierte así en una metáfora de la Cuba que dejó atrás físicamente, pero de la que asegura no haberse desvinculado.

Después de cinco años encarcelado y obligado finalmente a abandonar su país para recuperar la libertad, Luis Manuel Otero Alcántara comienza ahora una nueva etapa desde Estados Unidos.

Pero su mensaje durante la conversación con Mario J. Penton fue claro: el destierro no significa abandonar su compromiso con Cuba.

Apenas habían transcurrido 48 horas desde su llegada cuando se sentó ante las cámaras de Martí Noticias.

“Estamos aquí, andamos 48 horas y ya estamos trabajando”, afirmó. “Y vamos a seguir trabajando”.

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