Luis Manuel Otero Alcántara revela las secuelas de sus huelgas de hambre en prisión: «Me sacaron en camilla, desmayado»

Cinco años después de haber sido encarcelado en Cuba, el artista y opositor Luis Manuel Otero Alcántara ha comenzado a relatar con mayor detalle algunos de los episodios más duros que asegura haber vivido dentro de prisión. Entre ellos sobresale un dato que ayuda a dimensionar el costo físico de su encarcelamiento: realizó más de seis huelgas de hambre y una de ellas se prolongó durante más de 40 días.

En una entrevista publicada por el diario español ABC, Otero Alcántara recordó las consecuencias de aquella protesta extrema y describió el momento en que su cuerpo llegó al límite:

«Hubo una de más de 40 días en la que me sacaron en camilla, desmayado, se me paralizó la mitad del cuerpo; también tengo problemas de la vista y estomacales».

El testimonio adquiere especial relevancia después de la controversia surgida tras su llegada a Estados Unidos y de las críticas recibidas por algunas de sus primeras declaraciones públicas. La entrevista permite colocar nuevamente en primer plano lo ocurrido durante los años que pasó encarcelado y las secuelas que, según afirma, todavía arrastra.

Más de seis huelgas de hambre

Otero Alcántara no habla de un episodio aislado. El artista asegura haber protagonizado más de seis huelgas de hambre durante su encarcelamiento, además de haber pasado en repetidas ocasiones por celdas de castigo.

La existencia de múltiples huelgas de hambre durante su trayectoria de protesta había sido denunciada públicamente mientras permanecía encarcelado. Sin embargo, es ahora, fuera de Cuba, cuando Otero Alcántara puede describir personalmente hasta dónde llegó una de aquellas protestas.

Más de 40 días sin alimentarse, un desmayo que obligó a sacarlo en camilla y la parálisis de una parte de su cuerpo forman parte de su relato sobre lo vivido en prisión.

El artista también afirma que conserva problemas de visión y trastornos estomacales como consecuencia de aquellos años. Estas secuelas corresponden a su testimonio y no se dispone públicamente de un historial médico completo e independiente que permita determinar su alcance actual.

«Yo sí sufrí, de verdad»

Otero Alcántara también ha respondido a quienes cuestionaron la manera en que describió inicialmente sus años de cárcel tras llegar a Estados Unidos.

Reconoció que había cometido un error al asumir que todo el mundo conocía lo sucedido durante sus cinco años de prisión.

En sus explicaciones posteriores volvió a mencionar las más de seis huelgas de hambre, las ocasiones en que fue enviado a celdas de castigo y aquella protesta que superó los 40 días. También aseguró haber sufrido agresiones dentro de prisión y reiteró las consecuencias físicas que arrastra.

Su respuesta a quienes interpretaron sus primeras palabras como una minimización de la represión fue contundente:

«Yo sí tengo la suficiente catadura moral para decir que sí estuve donde estuve, en las mazmorras de la dictadura. Y sí sufrí, de verdad».

Otero Alcántara también rechazó las acusaciones de que pudiera estar intentando suavizar la imagen del régimen cubano.

Cinco años detrás de las rejas

Luis Manuel Otero Alcántara fue detenido el 11 de julio de 2021 cuando intentaba salir de su vivienda para incorporarse a las protestas antigubernamentales que se extendían por numerosas ciudades cubanas.

Posteriormente fue condenado a cinco años de prisión por delitos que incluyeron desacato, desórdenes públicos y ultraje a los símbolos patrios. Organizaciones internacionales de derechos humanos reclamaron durante años su liberación y Amnistía Internacional lo reconoció como preso de conciencia.

Su utilización de las huelgas de hambre como mecanismo de protesta tampoco comenzó con aquella condena. Antes del 11J ya había recurrido a ellas para denunciar la persecución estatal y reclamar derechos.

En abril de 2021 protagonizó una huelga de hambre y sed en su vivienda de La Habana, que terminó cuando agentes entraron en el inmueble y lo trasladaron al hospital Calixto García.

Durante los siguientes cinco años, ya dentro del sistema penitenciario, volvió a utilizar su propio cuerpo como instrumento de protesta.

La polémica tras su llegada a Miami

La salida de prisión de Otero Alcántara y su llegada a Miami estuvieron acompañadas de una fuerte polémica dentro de sectores del exilio cubano.

Sus primeras entrevistas provocaron cuestionamientos sobre la forma en que describía su encarcelamiento. También circularon comentarios sobre su apariencia física e incluso sobre objetos personales que llevaba consigo.

El artista sostiene ahora que parte de aquella reacción se produjo porque en sus primeras intervenciones habló principalmente de los últimos meses de prisión y dio por sentado que el público conocía todo lo sucedido anteriormente.

La revelación sobre las huelgas de hambre introduce un elemento fundamental en esa discusión: detrás de las fotografías de su llegada a Miami existe una historia de cinco años de cárcel y episodios en los que, según su testimonio, su salud llegó a deteriorarse hasta perder el conocimiento y sufrir una parálisis parcial.

Una experiencia que no puede reducirse a una polémica

Otero Alcántara ha insistido además en que no desea que la controversia alrededor de su figura desplace la atención de quienes continúan encarcelados en Cuba.

Desde Miami ha pedido mantener el foco sobre los presos políticos y ha mencionado especialmente a quienes realizan huelgas de hambre o permanecen prácticamente desconocidos para la opinión pública.

Su propio caso permite entender la dimensión que pueden alcanzar esas protestas dentro de las cárceles cubanas.

Más allá de las discusiones surgidas después de su llegada al exilio, hay un hecho que el propio artista considera necesario recordar: durante sus años en prisión recurrió repetidamente a dejar de comer como forma de resistencia.

Una de aquellas huelgas superó los 40 días.

Y cuando finalmente lo sacaron de la celda, según acaba de recordar, iba desmayado sobre una camilla, con la mitad de su cuerpo paralizada.

Es uno de los testimonios más duros que Otero Alcántara ha ofrecido desde que recuperó la libertad y una pieza esencial para comprender lo que ocurrió detrás de los muros de la prisión durante los cinco años en que su voz apenas podía llegar al exterior.

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