
Una familia de Baracoa atrapada entre la enfermedad, la escasez y la pobreza
En lo profundo de Baracoa, provincia de Guantánamo, vive la familia Coba, cuyo día a día se ha convertido en una lucha constante contra la enfermedad, la escasez de medicamentos y la precariedad económica que asfixia a buena parte de los hogares cubanos.
Elizabeth Coba, madre y pilar de la familia, enfrenta una dura batalla contra múltiples problemas de salud. Padece hipertensión arterial y cáncer de ovarios en grado avanzado. Fue sometida a una histerectomía que se complicó, obligándola a pasar nuevamente por el quirófano apenas dos meses después para operarse de hemorroides. Su situación médica requiere exámenes anuales, como biopsias, y la espera de una cirugía de mama que no ha podido realizarse por la falta de recursos en el sistema de salud.
“Cada año tengo que hacerme pruebas para controlar el cáncer, pero no siempre hay reactivos ni personal. También necesito operarme de un seno, pero no hay recursos, ni materiales, ni medicamentos. Todo se va posponiendo, y mientras tanto mi salud se deteriora”, cuenta Elizabeth con voz quebrada.
Un niño en estado crítico
Su hijo menor, un niño de complexión frágil, sufre una serie de condiciones que han puesto su vida en riesgo: posible parálisis cerebral infantil, litiasis renal, malformación digestiva, asma crónica, epilepsia y problemas cardíacos. Está severamente malnutrido y con bajo peso, lo que impide que los médicos lo lleven a cirugía para tratar su afección renal.
La lista de medicamentos que necesita es extensa: carbamazepina, alprazolam, ketotifeno, prednisona y salbutamol, entre otros. Sin embargo, la mayoría de estos fármacos no se encuentran en las farmacias cubanas.
Cada mes, la familia debe viajar hasta La Habana para que el niño reciba atención especializada. El costo del traslado es un desafío enorme: el pasaje de ida en ocasiones es cubierto por el PAMI (Programa de Atención a la Madre y al Niño), pero el regreso deben costearlo ellos, generalmente alquilando un transporte o tomando una guagua arrendada.
“Es muy duro. Allá nos atienden, pero regresar es un calvario. No tenemos dinero para estos viajes, y mientras tanto él necesita una alimentación especial que tampoco podemos garantizar. Come muy poco, y su estado es crítico”, lamenta Elizabeth.
Una joven sin acceso a tratamiento
La hija mayor, de apenas 17 años, también enfrenta una situación delicada. Padece prolapso de la válvula mitral y epilepsia avanzada. Su medicación —valproato de sodio, clonazepam y propranolol— no se encuentra en las farmacias desde hace meses. La ausencia del tratamiento ha provocado un aumento de las crisis epilépticas y un deterioro de su estado general.
La joven ha tenido que dejar casi por completo la escuela, pues las crisis la incapacitan para asistir con regularidad. “Ver cómo tu hija se deteriora por no tener acceso a medicamentos básicos es algo que no se puede describir. Y lo peor es que no hay una solución a la vista”, dice su madre.
Un padre enfermo y sin medicinas
El padre de la familia, por su parte, enfrenta varios problemas de salud: probable linfoma de Hodgkin, gota, hipertensión y trastornos nerviosos. Su tratamiento incluye alopurinol, clonazepam y suplementos vitamínicos, pero como ocurre con el resto de la familia, la escasez lo deja sin la medicación necesaria durante meses.
La realidad de miles de familias cubanas
La historia de la familia Coba no es aislada. En Cuba, miles de hogares enfrentan situaciones similares: enfermedades graves, falta de medicamentos, largas distancias para acceder a atención médica y una economía que impide costear lo más básico.
La falta de acceso a recursos sanitarios no solo compromete la salud física, sino también el bienestar emocional de quienes, como Elizabeth, deben enfrentar el dolor de ver a sus seres queridos sufrir sin poder ayudarlos.
En este hogar de Baracoa, la esperanza se mantiene gracias a la fe y a pequeños gestos de solidaridad, pero la situación sigue siendo crítica. Mientras tanto, la pregunta que queda en el aire es: ¿cuántas vidas más deben deteriorarse antes de que se garantice el derecho básico a la salud?







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