
Cuba entra en una nueva ola de protestas: apagones, falta de agua y hartazgo llevan nuevamente a los ciudadanos a las calles
Las protestas y cacerolazos vuelven a multiplicarse en Cuba en medio de una crisis eléctrica que mantiene a millones de personas sometidas a extensos apagones. En los últimos días se han registrado manifestaciones en diferentes puntos de La Habana, Santiago de Cuba y Cienfuegos, mientras las autoridades responden con despliegues policiales.
El malestar social vuelve a ganar las calles cubanas. Durante las últimas jornadas, vecinos de diferentes localidades han salido de sus viviendas, golpeado cazuelas y expresado públicamente su inconformidad ante los prolongados cortes de electricidad, la falta de agua y el deterioro general de las condiciones de vida.
Los reportes más recientes sitúan protestas en varios puntos de La Habana, Santiago de Cuba y Cienfuegos, donde las demandas por servicios básicos han comenzado también a mezclarse con consignas directamente dirigidas contra el régimen cubano.
En algunas de las manifestaciones se ha escuchado “Basta ya de dictadura”, una señal de que el descontento provocado inicialmente por los apagones está trascendiendo las reclamaciones estrictamente económicas.
La Habana, epicentro de las protestas
La capital continúa siendo uno de los principales escenarios de movilización.
En San Miguel del Padrón, vecinos de El Diezmero salieron a las calles mientras se reportaba un amplio despliegue de fuerzas policiales en la zona.
También se registró una concentración en la intersección de Calzada de Diez de Octubre, donde ciudadanos reclamaron soluciones ante los problemas con el suministro de agua y electricidad.
Las protestas llegan después de días de cacerolazos y manifestaciones en diferentes barrios habaneros, entre ellos Santiago de las Vegas, donde residentes también habían salido a reclamar por la falta de servicios básicos.
La respuesta de las autoridades ha incluido presencia policial en las zonas donde se producen las concentraciones. Un recorrido realizado recientemente por un equipo de NBC News constató protestas con cacerolas y presencia de efectivos conocidos popularmente como boinas negras.
Una crisis eléctrica sin precedentes
El detonante inmediato del descontento continúa siendo la situación energética.
Este sábado 25 de julio, las previsiones oficiales indicaban que en el momento de mayor demanda podía quedar simultáneamente sin electricidad alrededor del 67 % del país.
La Unión Eléctrica estimaba una capacidad de generación de apenas 1.070 megavatios frente a una demanda máxima de unos 3.200 MW, una diferencia que explica la magnitud de los cortes.
En numerosas provincias los apagones pueden extenderse durante jornadas completas. A la falta de electricidad se suman averías locales que agravan todavía más la situación. En La Cumbre, Versalles, Matanzas, por ejemplo, residentes denunciaron haber permanecido más de 104 horas sin electricidad ni agua debido a un cable averiado.
Las protestas dejaron de ser hechos aislados
Lo que ocurre ahora no comenzó esta semana.
Los datos recopilados por la organización de asesoría legal Cubalex muestran un crecimiento sostenido de las protestas ciudadanas durante 2026.
Solo en junio fueron documentadas 253 protestas, un promedio superior a ocho diarias. El 19 de junio se registraron 31 eventos de protesta en espacios públicos en una sola jornada, el número más elevado documentado por la organización desde que comenzó este seguimiento en 2022.
La Habana concentró 176 de aquellas protestas, seguida por Santiago de Cuba con 35 y Villa Clara con 17.
Otro elemento significativo es que las manifestaciones han comenzado a desplazarse desde zonas periféricas hacia áreas más céntricas de la capital.
Cinco años después del 11J, el miedo no logra silenciar las calles
La nueva ola de manifestaciones ocurre apenas semanas después del quinto aniversario de las históricas protestas del 11 de julio de 2021, cuando miles de cubanos salieron a las calles en decenas de localidades del país.
La posterior represión, las detenciones y las severas condenas contra participantes del 11J no han conseguido impedir que las protestas reaparezcan.
A diferencia de una gran movilización nacional concentrada en una jornada, el escenario actual presenta protestas pequeñas, espontáneas y dispersas que aparecen constantemente en diferentes barrios y provincias.
Son ciudadanos comunes, muchos sin trayectoria conocida dentro de grupos opositores, quienes salen de sus casas cuando las horas sin electricidad, agua o alimentos hacen insoportable la situación.
El contraste del 26 de Julio
Las protestas coinciden además con las celebraciones oficiales por el 26 de Julio, una de las principales fechas políticas utilizadas por el régimen cubano.
Mientras Miguel Díaz-Canel y la cúpula gubernamental participan en actos oficiales por el aniversario 73 de los asaltos a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes, una parte creciente de la población enfrenta apagones que pueden superar las 20 horas, escasez de agua y alimentos y un deterioro acelerado de los servicios públicos.
Ese contraste se ha convertido en otra fotografía de la Cuba actual: mientras el discurso oficial insiste en celebraciones y actos políticos, en numerosos barrios las cacerolas vuelven a sonar.
La sucesión de protestas de las últimas semanas demuestra que el descontento ciudadano permanece activo y que los apagones están funcionando nuevamente como detonante de reclamaciones que rápidamente pasan de exigir electricidad y agua a cuestionar directamente al sistema político.
Cinco años después del 11J, Cuba no ha vuelto al silencio.






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