
“Tengo miedo de que mi padre muera en prisión”: el clamor de Esther, una niña de 13 años con sus padres encarcelados en Cuba
La adolescente Esther Arzuaga García teme que el deterioro de la salud de su padre, Ariel Eugenio Arzuaga, termine en una tragedia. Su madre, Yaquelín García Jaén, también permanece encarcelada y lleva 19 meses sin ser llevada a juicio, de acuerdo con la denuncia recibida.
A sus 13 años, Esther Arzuaga García carga con una preocupación que ningún niño debería enfrentar: el temor de perder a sus padres mientras ambos permanecen en cárceles cubanas.
“Tengo miedo de que mi padre muera en prisión”, clama la menor al referirse a la situación de Ariel Eugenio Arzuaga, de 63 años, encarcelado por su activismo en defensa de los derechos humanos.
Denuncias de golpizas, hambre y falta de atención médica
Según la denuncia, la situación de Ariel Eugenio Arzuaga dentro de prisión se ha vuelto especialmente preocupante debido a su edad y a las condiciones de encarcelamiento que asegura estar padeciendo.
El activista ha denunciado golpizas, hambre y falta de atención médica, circunstancias que, según sus familiares, están poniendo seriamente en peligro su integridad física y su vida.
El temor de Esther no nace, por tanto, únicamente de la separación familiar. La adolescente vive pendiente de las noticias que llegan desde prisión y de la posibilidad de que el deterioro de su padre alcance un punto irreversible.
Su madre lleva 19 meses encarcelada sin juicio
La situación familiar se agrava porque Esther tampoco tiene junto a ella a su madre.
Yaquelín García Jaén permanece encarcelada desde hace 19 meses sin haber sido sometida a juicio, de acuerdo con la denuncia. Durante su encarcelamiento realizó una huelga de hambre y su estado de salud se habría deteriorado.
De esta manera, una niña de apenas 13 años se encuentra privada simultáneamente de la presencia de ambos progenitores mientras crece la preocupación por las condiciones físicas en las que estos permanecen recluidos.
Una niña atrapada entre dos prisiones
Detrás de las cifras de presos y de las denuncias de represión existe también un impacto que alcanza directamente a las familias. En este caso, tiene el rostro y la voz de Esther.
La adolescente no está reclamando privilegios. Su petición es mucho más elemental: quiere que sus padres regresen con vida.
El caso de Esther Arzuaga García vuelve a poner sobre la mesa las consecuencias que el encarcelamiento de activistas y defensores de derechos humanos tiene sobre sus hijos y familiares, especialmente cuando se denuncian prolongados períodos sin juicio, falta de asistencia médica y malos tratos dentro de las prisiones.
A sus 13 años, Esther debería estar ocupándose de sus estudios, sus amigos y los proyectos propios de su edad. En cambio, vive con el miedo de recibir una noticia irreparable desde una cárcel cubana.
Su frase resume la dimensión humana de esta denuncia:
“Tengo miedo de que mi padre muera en prisión”.






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