Madre y sus dos hijos quedan sin hogar tras derrumbe en La Habana, mientras a pocos metros avanzan obras vinculadas presuntamente al nieto de Raúl Castro

En la madrugada del 10 de julio, un fuerte aguacero terminó de vencer la deteriorada estructura de un edificio ubicado en O’Reilly número 522, entre Monserrate y Villegas, en La Habana Vieja. En cuestión de segundos, Irina Sánchez Bosque perdió prácticamente todo lo que había conseguido construir para ella y sus dos hijos.

El derrumbe pudo costarle la vida.

Aquella noche no había electricidad y el intenso calor mantenía a Irina despierta en la cocina. Esa circunstancia, asegura, fue lo que la salvó.

“De haber estado durmiendo, probablemente hoy no estaría aquí para contar esta historia”, relató.

Parte de la estructura se desplomó y la mujer quedó atrapada entre los escombros, sin una vía por la que pudiera salir. Los vecinos alertaron a los bomberos, que tuvieron que romper una ventana de hierro para rescatarla. Sus dos hijos, afortunadamente, se encontraban esa noche en casa de su abuela.

Las fotografías del inmueble muestran la magnitud del desastre: techos colapsados, vigas partidas, paredes destruidas y muebles y pertenencias sepultados bajo grandes cantidades de escombros. En algunas zonas, el interior de las viviendas quedó completamente expuesto tras el desplome de la cubierta.

Una publicación realizada el 11 de julio por Lázaro Torres Delgado informó que el desprendimiento de la cubierta del último nivel había afectado a 17 núcleos familiares y que se trabajaba en la reubicación de los damnificados. También señaló que estaba prevista la demolición del inmueble con ayuda de una grúa.

Pero para Irina, madre soltera y con dos hijos a su cargo, la solución habitacional no llegó.

“En pocos segundos perdí prácticamente todo lo que, con mucho esfuerzo, había logrado construir para mí y para mis dos hijos”, lamentó.

Según su testimonio, después de que los bomberos concluyeran el rescate pasó un largo tiempo sin que se presentaran autoridades para atender a los afectados. Solo después de que una vecina comenzara a realizar llamadas acudieron representantes de diferentes organismos.

Cuando Irina preguntó qué solución podían ofrecerle, la respuesta fue que debía esperar.

Horas después le mostraron dos posibles alternativas: un sótano sin ventilación y sin condiciones adecuadas para vivir, y una carpintería. Desesperada ante la posibilidad de quedarse en la calle con sus hijos, aceptó inicialmente el sótano y firmó un documento.

La situación se agravó posteriormente por un conflicto con otra mujer afectada por el derrumbe, quien, según el relato de Irina, comenzó a amenazarla con tres cuchillos. La madre volvió entonces a preguntar dónde podría permanecer junto a sus hijos, pero asegura que nuevamente le dijeron que debía continuar esperando.

Llegó la noche y comenzó a llover otra vez. Las familias seguían sin un lugar seguro donde dormir.

Entre las 12:00 y la 1:00 de la madrugada, según relata, el jefe de sector apareció con la llave de un comedor para ancianos. Los damnificados pudieron refugiarse allí durante unas horas, aunque sin colchones, sábanas ni condiciones para pasar la noche. Alrededor de las seis de la mañana tuvieron que abandonar el lugar para que los trabajadores pudieran comenzar su jornada.

Sin recibir una alternativa, Irina tomó una decisión desesperada: entró junto a sus dos hijos en un local situado en O’Reilly y Aguacate. Con ella se encontraba otra familia damnificada, con dos niñas menores de cinco años.

Trabajadores de Vivienda acudieron posteriormente y le advirtieron que el local pertenecía a una entidad estatal y que podía ser acusada por haber entrado. Más tarde, según su testimonio, un oficial reiteró la advertencia.

Irina respondió que no pretendía apropiarse del inmueble, pero que tampoco estaba dispuesta a regresar a la calle con sus hijos.

“Después de perder prácticamente todo, lo único que estoy solicitando es un lugar seguro y digno para mí y para mis dos hijos. No estoy pidiendo lujos. Estoy pidiendo una solución humana después de haber sobrevivido a una tragedia”, expresó.

A pocos metros, maquinaria pesada y otro edificio en demolición

Mientras las familias afectadas por el derrumbe de O’Reilly 522 buscan dónde vivir, información proporcionada a ClickCuba apunta a una realidad muy diferente a pocos metros del lugar de la tragedia.

Fuentes de esta redacción aseguran que en las inmediaciones se realizan trabajos de demolición y construcción en un inmueble presuntamente destinado a convertirse en un restaurante vinculado a Raúl Guillermo Rodríguez Castro, conocido como “El Cangrejo”, nieto de Raúl Castro.

Las fotografías obtenidas por ClickCuba muestran una retroexcavadora trabajando entre los restos de una edificación, un camión para la retirada de materiales y el perímetro de las obras protegido por vallas metálicas.

La información recibida por esta redacción señala que el inmueble habría sido adquirido para desarrollar el mencionado proyecto gastronómico. ClickCuba continúa indagando sobre la titularidad de la propiedad y el alcance de la presunta vinculación de Rodríguez Castro con el futuro negocio.

El escenario expone un contraste difícil de ignorar en el corazón de La Habana Vieja: por un lado, maquinaria pesada y recursos movilizados para demoler y transformar un inmueble presuntamente destinado a un nuevo negocio; por otro, una madre que sobrevivió al desplome de su vivienda y que, junto a sus dos hijos, asegura no haber recibido todavía una alternativa digna donde rehacer su vida.

Irina insiste en que no reclama privilegios ni lujos. Pide un techo seguro para sus hijos después de haber escapado con vida de un edificio que, de acuerdo con su testimonio, llevaba más de tres décadas en malas condiciones conocidas por las autoridades de Vivienda.

Su llamado ahora es a compartir su historia para que la situación de las familias afectadas no quede sepultada, como sus hogares y pertenencias, bajo los escombros de otro derrumbe en La Habana.

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