A seis días de que la Asamblea General de la ONU vote la resolución cubana contra el embargo, el régimen intensificó este miércoles su campaña contra Estados Unidos: el gobernante designado Miguel Díaz-Canel y el canciller Bruno Rodríguez acusaron a Washington de ejercer presiones diplomáticas «extremas e inéditas» y «chantajes» para que los gobiernos cambien su voto, se abstengan o abandonen la sala el próximo 28 de octubre.
Díaz-Canel dedicó la tercera emisión de su videopódcast «Criterio Compartido», transmitido por Radio Rebelde, a denunciar la participación del opositor Orlando Gutiérrez Boronat en el evento organizado por Washington en Naciones Unidas. «Es el colmo de la desfachatez», dijo, antes de repetir la acusación de que Gutiérrez Boronat es «un conocido terrorista y estafador» incluido en la lista nacional de personas vinculadas al terrorismo que compila el régimen. «Cuando un gobierno como el de los Estados Unidos tiene que acudir a estos personajes y a estas prácticas bochornosas, demuestra que no tiene la razón», añadió.
El gobernante designado admitió que las presiones pueden mover algunos votos: «Sabemos que hay gente que va a cambiar el voto porque se acobarda ante las presiones de Estados Unidos», dijo, y aseguró que a otros países «les van a pedir que salgan de la sala». «Y es como votar con Dios y con el diablo», afirmó.
Ese mismo día, en una conferencia de prensa en La Habana, Bruno Rodríguez presentó lo que describió como documentos oficiales del Departamento de Estado que instruyen a las embajadas estadounidenses a presionar a los gobiernos receptores para que no voten a favor de la resolución, se abstengan o abandonen la sala. Según el canciller, las gestiones están dirigidas personalmente por el secretario de Estado y por el representante de Washington ante la ONU, y entre los métodos de «convencimiento» citó la amenaza de aranceles punitivos, la suspensión de programas de cooperación, la negación de visas a funcionarios y sus familiares, el respaldo a fuerzas de oposición en próximas elecciones «e incluso desestabilizar políticamente a los países».
La queja del régimen describe exactamente lo que Washington no oculta: en el evento del pasado domingo en Nueva York, el embajador Mike Waltz pidió públicamente a las delegaciones votar contra la resolución y, si no estaban dispuestas, abstenerse o ausentarse de la votación.
Rodríguez presentó además una infografía interactiva que contabiliza en tiempo real las pérdidas que el régimen atribuye al embargo: más de 178.600 millones de dólares, con un récord de más de 8.000 millones en el último período, y culpó al «cerco energético» de los apagones, el desabastecimiento de agua potable y el deterioro de los servicios de salud. Preguntado por la orden de arresto contra el general Raúl Castro emitida por la justicia de Florida, la calificó de «acto infame, sin ningún valor legal, ético ni práctico».
La Asamblea General debatirá y votará los días 27 y 28 de octubre el proyecto de resolución «Necesidad de poner fin al bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por los Estados Unidos de América contra Cuba», que el régimen presenta por trigésimo cuarto año consecutivo.







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