Unos 11.000 estudiantes cubanos reciben clases virtuales o acuden solo esporádicamente a sus centros por dificultades logísticas, reconoció la ministra de Educación, Naima Trujillo, en una entrevista en la que admitió que sostener la presencialidad educativa en plena crisis energética y de combustible ha exigido «mayores esfuerzos» a alumnos, profesores y familias.
La cifra, sobre un total de 1,5 millones de estudiantes matriculados, es inferior a los 33.000 que no podían mantener una asistencia habitual al cierre del curso anterior, un curso que terminó adelantado en junio por la situación económica y energética. Entonces la Unesco alertó de que la educación en la isla «está en riesgo» y de que la situación «pone en peligro el futuro de toda una generación».
El déficit de profesores sigue siendo uno de los mayores problemas. La cobertura docente, que era del 73% antes de iniciarse el curso, alcanza ahora el 86%, con las peores cifras en La Habana, Matanzas, Sancti Spíritus y Camagüey. Para cubrir las plazas vacantes, el Ministerio ha reincorporado a jubilados con incentivos y paga una «sobrecarga docente remunerada» a quienes asumen grupos adicionales. «No quisiéramos tener que pagar la sobrecarga en un maestro, quisiéramos tener los maestros que corresponden en cada aula», admitió Trujillo. A La Habana tuvieron que trasladarse desde el oriente del país unos 3.000 profesores.
Detrás de la fuga de maestros están los salarios: según los datos oficiales, la educación es uno de los dos sectores peor pagados de la isla, con 5.824 pesos mensuales, unos 49 dólares al cambio oficial y apenas 7 al cambio informal. «Ciertamente los ingresos son temas importantes porque a veces es verdad que tenemos movilidad porque los salarios no logran satisfacer las necesidades que tienen nuestros profesionales», reconoció la ministra.
Tampoco hay uniformes: el curso comenzó con apenas un 12% de cobertura para el grupo prioritario por las limitaciones de la industria textil y, un mes y medio después, ese indicador solo ha alcanzado cerca del 49%. El régimen ha tenido que flexibilizar su uso «para que los estudiantes puedan ir»: «Cuando no sea con el uniforme, a la escuela se va a aprender», señaló Trujillo.
La crisis energética golpea además el transporte escolar y la alimentación: ante la falta de gas licuado, diversas instituciones recurren a la leña y el carbón para cocinar, y el sector privado ha tenido que suplir carencias con donativos de alimentos, calzado y ropa, y con rutas de transporte para estudiantes y profesores. El Ministerio autorizó además en septiembre que maestros en activo den repasos particulares, una labor prohibida desde 2022.
Pese a todo, la ministra aseguró que «la educación en Cuba está dando una respuesta a la mayoría de los niños y adolescentes» y que «sería prácticamente imposible pensar» que no tendrá un lugar «muy protagónico» en la salida de la crisis.








Deja una respuesta