Cuba inicia el curso escolar con solo el 73% de los maestros, escasez de uniformes y escuelas con comida para 15 días

Una familia se levantó antes del amanecer en Las Minas, provincia de La Habana, para preparar a sus hijas para el primer día de clases. No había electricidad y los niños tuvieron que asearse alumbrándose con teléfonos móviles y lámparas recargables.

Después llegó el problema de cómo llegar a la escuela.

La familia Barroso tuvo que enganchar un carro a un caballo prestado para llevar a sus hijas porque el transporte escolar no está funcionando. Su propio caballo había sido robado recientemente y sacrificado para utilizar su carne como alimento.

La escena, documentada por Associated Press este 1 de septiembre, resume buena parte de las condiciones en las que comenzó el curso escolar 2026-2027 en Cuba: apagones, falta de transporte, escasez de alimentos, pocos uniformes y un déficit de maestros que obliga a improvisar para mantener abiertas las aulas.

Más de 10.000 escuelas debían recibir a alrededor de 1,4 millones de estudiantes y unos 135.000 docentes.

La propia ministra de Educación, Naima Trujillo Barreto, calificó la apertura de las escuelas como un “acto heroico”.

Solo el 73% de los maestros necesarios

Uno de los mayores problemas es la falta de profesores.

El Ministerio de Educación reconoce una cobertura de apenas el 73% con personal docente formado. La situación es especialmente grave en La Habana, donde han tenido que trasladar alrededor de 3.000 profesores procedentes de provincias orientales para intentar cubrir las plazas vacantes.

El régimen también está recurriendo a estudiantes universitarios, profesionales de otros sectores y maestros jubilados.

La escasez de docentes tiene varias causas. Muchos profesores han abandonado el sector en busca de empleos mejor remunerados y otros han emigrado.

El problema obligará además a reorganizar horarios, claustros y centros educativos. Un mismo profesor podrá asumir cargas adicionales y, dependiendo de las condiciones de cada territorio, habrá escuelas que funcionen con doble sesión, otras que lo harán determinados días y centros donde se modificará la frecuencia de asistencia presencial.

La propia ministra reconoció que las condiciones tendrán efectos sobre la calidad de la educación.

Uniformes para apenas el 12% de la demanda

La escasez alcanza incluso al tradicional uniforme escolar.

La producción industrial consiguió cubrir apenas el 12% de las necesidades de primaria y la disponibilidad tampoco alcanza para cubrir la demanda en secundaria.

La ministra explicó que los apagones han impedido trabajar normalmente en los talleres y que la falta de combustible dificulta transportar los tejidos.

Ante la imposibilidad de garantizar uniformes para todos, las escuelas tendrán que permitir que los estudiantes acudan con ropa cómoda. En primaria podrán utilizar la pañoleta aunque no dispongan del uniforme completo.

La falta de uniformes no es el único gasto que está cayendo sobre las familias.

Yurima Izaguirre, madre de tres niños entrevistada por AP, contó que este año, por primera vez, tuvo que comprar los materiales escolares de sus hijos porque no se los proporcionaron.

Tampoco pudo comprarles zapatos nuevos.

A su hija de siete años tuvo que ponerle la falda del curso anterior, que ya le quedaba pequeña.

Ventiladores recargables para soportar las aulas

Los apagones forman parte también de la preparación para ir a la escuela.

Izaguirre pidió a sus hijos que llevaran pequeños ventiladores recargables identificados con sus nombres para intentar soportar temperaturas superiores a los 32 grados.

El problema es que tampoco pueden cargarlos regularmente en casa debido a los prolongados cortes eléctricos. La familia depende de un vecino que dispone de electricidad para recargar los aparatos.

La noche anterior al comienzo de las clases, las hijas de la familia Barroso tuvieron que dormir fuera de su pequeña vivienda de madera y techo de zinc porque el ventilador recargable se quedó sin batería y el calor dentro de la casa era insoportable.

El curso comenzó precisamente en una jornada en la que los apagones afectaron a gran parte del país.

Escuelas con alimentos para apenas 15 días

La alimentación es otro de los grandes desafíos.

Aunque las autoridades aseguran que intentarán garantizarla, la situación varía enormemente entre territorios.

El propio Ministerio de Educación ha reconocido que existen centros con alimentos disponibles para apenas 15 días, otros para 20 y escuelas donde todavía se estaban trasladando suministros cuando comenzaba el curso.

Para sostener la alimentación escolar se está recurriendo también al apoyo de empresas estatales, negocios privados, gobiernos locales y las propias familias.

En algunos centros, la disponibilidad de comida determinará incluso cuánto tiempo pueden permanecer los estudiantes en la escuela.

Para Yurima Izaguirre alimentar diariamente a sus tres hijos durante el horario escolar se ha convertido en otra preocupación.

Su familia intentará preparar lo que pueda pagar: pasta, atún y mayonesa.

“Esto tiene que durar”, explicó.

Sin transporte para llegar a las aulas

El transporte puede convertirse nuevamente en una de las principales causas de absentismo.

Durante el curso anterior, cerca de 25.000 estudiantes dejaron de asistir en algún momento a las aulas ante la imposibilidad de llegar a los centros debido a la suspensión del transporte por falta de combustible, según datos recogidos por la Cadena SER.

La situación no parece haber mejorado.

En Las Minas, la familia Barroso depende ahora de un caballo prestado para llevar a sus hijas.

La mayor, Sheila Ramírez Barroso, de 15 años, pidió a sus padres que la dejaran antes de llegar a la escuela para que sus compañeros no la vieran llegar en el carro tirado por el caballo.

Familias cargando con el peso de la educación

Para muchas familias, mandar a un niño a la escuela implica ahora conseguir por su cuenta zapatos, materiales, comida, transporte y hasta alternativas para soportar los apagones.

Meilyn Tejeda, madre de un niño que comenzó primer grado en La Habana, describió a EFE la preparación para este curso como un “sobresfuerzo enorme”.

La situación llegó incluso a provocar protestas antes del primer día de clases.

En Arroyo Naranjo, La Habana, un grupo de madres salió con sus hijos a bloquear una calle después de permanecer más de 48 horas sin electricidad y más de tres días sin agua. Algunas aseguraron que no enviarían a sus hijos a la escuela en esas condiciones.

Sin electricidad, denunciaban, no podían conservar la merienda de los niños y los menores tampoco podían descansar adecuadamente durante la noche.

El curso anterior ni siquiera pudo terminar normalmente

El nuevo período escolar comienza después de que el anterior tuviera que ser recortado en junio.

La crisis energética, la falta de transporte, los problemas de agua y las dificultades para mantener funcionando los centros llevaron a adelantar aproximadamente un mes el final de las clases.

Tres meses después, los problemas fundamentales siguen presentes.

El Ministerio de Educación reconoce que el curso 2026-2027 tendrá que adaptarse a la situación particular de cada territorio. El transporte, la disponibilidad de alimentos, la electricidad y el número de maestros determinarán cuánto tiempo permanecerán los estudiantes en las escuelas y con qué frecuencia podrán asistir.

Mientras tanto, el régimen presentó el regreso a las aulas como una victoria política.

Miguel Díaz-Canel aseguró que Estados Unidos había intentado impedir el comienzo del curso con su política de presión económica.

Pero lejos de los actos oficiales, el primer día de clases dejó otra imagen: niños levantándose a oscuras, familias buscando cómo conseguir la merienda, uniformes del año anterior que ya no sirven, pequeños ventiladores recargables dentro de las mochilas y padres recurriendo incluso a un caballo prestado para conseguir que sus hijos lleguen a la escuela.

El curso escolar comenzó. La gran incógnita es en qué condiciones podrá mantenerse durante los próximos meses.

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