El congresista republicano Mario Díaz-Balart calificó de «inaceptable» la detención de personas que avanzan en procesos migratorios legales y reconoció que las gestiones que realiza junto a María Elvira Salazar y Carlos Giménez todavía no han cambiado la actuación de la administración de Donald Trump. «No lo hemos logrado hasta ahora», afirmó en una entrevista con Martí Noticias sobre los cubanos con documentos I-220A y las deportaciones.
El legislador respaldó las medidas de control fronterizo del presidente, pero criticó la forma en que se aplica parte de la política migratoria, que describió como una «sobrerreacción innecesaria y negativa». Sostuvo que detener a quienes siguen los trámites legales contradice el propósito de incentivar que la gente cumpla el proceso. Aseguró haber trasladado su preocupación a altos funcionarios de la Casa Blanca y del Departamento de Seguridad Nacional, y que los tres congresistas han presentado alternativas a la administración, que sigue recibiéndolos.
Díaz-Balart propuso un programa temporal para personas procedentes de Cuba, Venezuela y Nicaragua que permita revisar sus antecedentes y atender a quienes tengan casos legítimos de asilo. Insistió en que el cambio depende del Ejecutivo: «La única persona que puede cambiar esto es el presidente de los Estados Unidos». Al preguntársele si habían respaldado su desacuerdo con acciones concretas, como condicionar votos, volvió a citar sus contactos con altos funcionarios y no señaló ninguna votación usada como presión por este asunto.
Sobre la situación de quienes tienen I-220A, ClickCuba ha publicado las advertencias de una abogada sobre viajar dentro de Estados Unidos y la demanda de 992 cubanos con I-220A en Miami.
Contactos con el entorno de Raúl Castro
El congresista afirmó que la administración Trump mantiene contactos con personas cercanas a Raúl Castro, aunque distinguió esas conversaciones de una negociación con el régimen. Preguntado por el nieto del dictador, Raúl Guillermo Rodríguez Castro, respondió: «Entre otros». «No son negociaciones», dijo: según explicó, La Habana busca ofrecer cambios limitados, mientras Washington exige una transformación política y económica de fondo.
Aseguró que la presión estadounidense alcanza también a países y entidades privadas que, según afirmó, han contribuido a financiar y sostener al régimen, y anticipó nuevas medidas sin precisar cuáles. Se declaró convencido de que el régimen «no va a sobrevivir estos dos años y un poquitico más» que le quedan a la administración Trump. Entre los escenarios de una transición mencionó una movilización popular a la que se sumen militares de bajo rango, o que personas del entorno del poder decidan facilitar una salida ante la presión. Añadió que el régimen intenta ganar tiempo hasta el final del mandato, y que la presión continuará y aumentará.
Venezuela
Sobre Venezuela, defendió la estrategia de Washington: dijo que una salida simultánea de toda la estructura de poder podría provocar enfrentamientos entre grupos armados, y atribuyó la cooperación de Delcy Rodríguez a la presión de EE. UU., «no porque Delcy ha cambiado». Describió tres etapas: estimular la economía, transformar las instituciones y celebrar elecciones libres, sin dar fecha para los comicios. Calificó a María Corina Machado como «la líder indiscutible del pueblo de Venezuela» y dijo esperar que llegue a la presidencia en elecciones libres; no precisó cuándo regresaría al país.







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