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Pedro Albert a Fidel Mojena, preso en Guanajay: «Cuba te espera fuera de esas rejas»

Foto: Redes sociales / ICLEP

«Un gemido del pecho de la patria en su condición de mortalmente herida». Así se presenta la conversación telefónica entre el profesor Pedro Albert Sánchez y el preso político Fidel Mojena Rivero: dos cubanos separados por las rejas, pero unidos por una misma preocupación por Cuba.

Albert habla desde su casa, donde, en el texto que acompaña la llamada, describe su situación como prisión domiciliaria por una licencia extrapenal debido a sus enfermedades crónicas. Mojena lo escucha desde la prisión de Guanajay, en Artemisa. La conversación no es una proclama de hombres excepcionales, sino un intercambio de aliento, memoria y reflexión entre dos personas que conocen la represión del régimen.

«Puedes hacer de esa prisión un templo de meditación y de fortaleza espiritual, porque yo lo hice», le dice Albert. No le habla desde una experiencia ajena. Recuerda las ocho huelgas de hambre que asegura haber realizado y lo anima a conservar la serenidad: «Si estás conforme con tu conciencia, los problemas son de los demás, no son tuyos».

Abrir campos de entendimiento

El profesor no limita sus palabras a resistir el encierro. Plantea también cómo salir de la confrontación que atraviesa la vida de los cubanos. «Esto, además de un campo de combate, es también un campo de cultivo», afirma.

Para Albert, cerrar los campos de combate exige abrir otros de entendimiento. Cuestiona que se reclame no hablar con la dictadura mientras los propios cubanos tienen dificultades para escucharse entre sí. Se detiene en las ofensas que circulan por las redes sociales y pregunta: «¿Y dónde están las palabras, los renglones, los párrafos, los escritos que hablan de la necesidad de reunirnos?».

No propone dejar de señalar a los responsables de la represión. «Estamos criticando a los victimarios y hay que seguirlos criticando», dice. Su preocupación es que esa crítica termine reproduciendo el ambiente de enfrentamiento que rechaza. «Yo estoy ubicado como pacificador, como educador, como cristiano», explica a Mojena.

Los informes inflados y el miedo a decir la verdad

Albert relaciona ese ambiente con experiencias que vivió mucho antes de convertirse en preso político. Recuerda que, recién graduado y con 22 años, fue nombrado subdirector de una escuela. En los informes al Consejo Técnico Municipal anotaba las visitas que realmente hacía: unas veces doce, otras quince. La exigencia era llegar a treinta y dos.

Cuando le señalaron que no alcanzaba la cifra, respondió que no podía hacer más y anunció que entregaría la llave al director para que buscaran otro subdirector. Según cuenta, después de que saliera del consejo, sus compañeros reconocieron que posiblemente era quien más visitas realizaba de verdad. Otros hacían cuatro o cinco, o ninguna, pero informaban treinta y dos.

La anécdota le sirve para hablar del temor a ser sincero y de una sociedad acostumbrada a inflar informes. No presenta a la policía política como un cuerpo ajeno a ese entorno: «Surgieron de las entrañas de esta sociedad de hipocresía, de informes inflados», sostiene.

Dos trayectorias marcadas por la represión

Albert, profesor y defensor de los derechos humanos, fue condenado a cinco años por «desacato» y «desórdenes públicos» tras su participación pacífica en las protestas del 11 de julio de 2021. Amnistía Internacional lo declaró preso de conciencia en julio de 2024 y denunció el deterioro de su salud, afectada por el cáncer y otras enfermedades, durante su encarcelamiento.

Mojena Rivero figura en el registro de Prisoners Defenders como preso político detenido el 19 de mayo de 2026, en prisión provisional en Guanajay bajo una acusación de «propaganda contra el orden constitucional». No consta allí una condena firme. La organización también registra que padece una cardiopatía.

En la llamada, Albert expresa su deseo de visitarlo si puede coordinarlo. Antes de despedirse, le pide paciencia y que cuide su salud. «Cuba te espera fuera de esas rejas y vas a salir», le dice.

El profesor ya le había advertido de que estaba grabando la conversación y de que contemplaba publicarla. El audio termina con una petición y una pregunta dirigidas a Mojena: «Hermano, ¿me das el permiso de compartir esta llamada con algunas personas? ¿Crees que eso te pueda traer consecuencias?».

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