Foto: Presidencia Cuba / Cubadebate
Por Librado Linares
La inauguración del programa «Criterio Compartido» en Radio Rebelde, con la presencia de Miguel Díaz-Canel, Manuel Marrero Cruz y representantes del ámbito jurídico, fue presentada como un espacio para explicar las 176 medidas económicas que buscan “sacar adelante al país”. Sin embargo, más allá de la retórica oficial, el debate revela un trasfondo político e histórico que no puede ignorarse.
El fracaso político del modelo castrista
El modelo impulsado por Fidel Castro fracasó no solo en lo económico, sino también en lo político. La ruptura con los valores occidentales y con Estados Unidos derivó en un aislamiento que tuvo consecuencias funestas para el nivel de vida de la población. Las políticas económicas fueron el instrumento, pero las consecuencias políticas —falta de libertades, concentración del poder, ausencia de instituciones sólidas— rebasaron con creces el marco económico.
Capitalismo de Estado y sus contradicciones
El doctor Ayuban Gutiérrez Quintanilla, Vicepresidente primero de la Asociación Nacional de Economistas y Contadores de Cuba, advirtió que «la apertura al mercado y el impulso al sector privado, en un contexto de escasez casi absoluta, alimentan las desigualdades». Esto sugiere que Cuba avanza hacia un «capitalismo de Estado», donde la élite mantiene privilegios mientras la mayoría enfrenta inflación y carencias. La insistencia en que las reformas son una “actualización del socialismo” parece más un intento de preservar el poder político que de transformar la realidad.
Reformas sin legitimidad
La cadena de proyectos anteriores (los «Lineamientos de 2011», la «Actualización del Modelo» y el «Plan de Desarrollo Económico y Social hasta 2030») terminaron en fracaso. Todos se presentaron como grandes transformaciones, pero fueron simulacros. Las 176 medidas, de mayor calado, ni siquiera pasaron por las tradicionales consultas populares espurias, lo que las convierte en reformas sin transparencia ni participación ciudadana.
El contraste con Europa del Este
Las reformas en Europa del Este tras la caída del socialismo ofrecen un contraste revelador:
- Polonia: aplicó un programa de “terapia de choque” con privatización masiva, creación de una bolsa de valores y apertura a la inversión extranjera. La transparencia institucional y la rendición de cuentas fueron claves para estabilizar la economía.
- Hungría: combinó privatización gradual con licitaciones públicas y participación de trabajadores en la propiedad. La calidad institucional permitió que las reformas fueran sostenibles.
- Checoslovaquia: implementó un sistema de “cupones de propiedad” distribuidos entre los ciudadanos, lo que democratizó el acceso a la riqueza y evitó la concentración en pocas manos.
A diferencia, en Cuba, las medidas carecen de mecanismos de control ciudadano, de transparencia institucional y de garantías jurídicas. No hay bolsa de valores, ni licitaciones abiertas, ni distribución de la propiedad. El resultado es un proceso que perpetúa la concentración de poder y la falta de libertades.
Conclusión
El programa inaugural de «Criterio Compartido» mostró un discurso oficial que intenta vender esperanza, pero la crítica conceptual revela otra realidad: las 176 medidas no son un salto hacia un socialismo renovado, sino un reconocimiento implícito del fracaso del modelo castrista. Las consecuencias políticas del aislamiento y la ruptura con los valores e instituciones occidentales (democráticas) han sido más devastadoras que las económicas, y hoy el país enfrenta un dilema: cambiar todo, menos la permanencia en el poder. Sin instituciones sólidas, sin transparencia y sin participación, las reformas corren el riesgo de convertirse en otro capítulo de promesas incumplidas, mientras la élite asegura su continuidad.







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