Amanda Toirac, locutora, actriz, pianista y cantante cubana hoy radicada en Miami, rompe el silencio sobre su paso por los medios del régimen. Lo hizo en una entrevista de una hora y media con Darwin, en el canal El mundo de Darwin, donde habló del adoctrinamiento desde la infancia, de cómo se manipulan las noticias en el ICRT, de lo que vivió el 11 de julio de 2021, de las represalias que sufrió por negarse a gritar contra los manifestantes y de su travesía hasta Estados Unidos.
Una niñez entre la televisión y el piano
Toirac cuenta que empezó en la televisión con seis años, en el Canal Educativo, y que a los siete entró a estudiar piano. Considera que el sistema de escuelas de arte es «muy cruel para los niños». Para ella, «el primer sistema corrupto que hay en Cuba son las escuelas de arte», donde «se viven las clases sociales»: los alumnos cuyas familias podían pagar regalos a los maestros o clases particulares tenían ventaja. Recuerda cómo su madre, arquitecta, vendía ropa de noche, a escondidas, de restaurante en restaurante para pagarle las clases, y cómo su padre, pediatra del Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología, ganaba lo que llama una miseria. «En Cuba la pirámide está invertida desde siempre», resume. Sus padres y su hermana viven en Colombia desde hace 11 años.
El adoctrinamiento
«En Cuba todo es política», sostiene. Dice que los niños son «un punto débil, un punto de manipulación para los medios», y que desde pequeños repiten «pioneros por el comunismo, seremos como el Che». Recuerda que en las escuelas de arte había que cantar en los matutinos y dedicarle la actuación al comandante: «Está diseñado para que tú estés ciego todo el tiempo desde que eres un niño.» Calcula que en Cuba hay «de siete a ocho noticieros en directo» que repiten lo mismo, «una forma de manipulación extrema», y cree que de ese sistema la gente «sale hecha un soldado». Añade que, con lo que sabe hoy, no permitiría que su hijo repitiera esa consigna.
Dentro del ICRT
En su opinión, los medios oficiales son una maquinaria donde la noticia se fabrica arriba y el locutor solo la lee. En Radio Reloj, emisora en vivo, las noticias llegaban minuto a minuto a un sistema automático alimentado por los periodistas, que «te montan lo que ellos quieren que tú digas». «Desinformando, desinformando, desinformando totalmente», resume. Asegura que en el ICRT «todo el mundo sabe que estamos viviendo en una dictadura». Recuerda además la televisión cubana como un ambiente de equipos enormes, con 14 o 15 personas por programa. En Tropicana, cuenta, trabajó en el segundo show, el interactivo con público, y llegó a contagiarse de sarna con un traje compartido.
El 11J
El 11 de julio de 2021 conducía Radio Reloj, de 11 de la mañana a 1 de la tarde, y el noticiero. «El mismo día 11 de julio se estaba acabando el mundo abajo y yo estaba hablando de los pajaritos de colores», relata. Sintió un murmullo y bajó. La directora de la emisora les había dado instrucciones para tapar el micrófono si alguien intentaba hablar por ellos, porque el régimen temía que los manifestantes tomaran Radio Reloj.
Abajo, la puerta del ICRT estaba cerrada con unos palos de lado a lado. «Estaban las personas protestando pacíficamente. No vi a nadie empujar.» Le dijeron que venían «los boinas negras». Después la mandaron llamar: «Como tú eres la locutora más joven que tenemos aquí», necesitaban su presencia frente a los manifestantes. Bajó con un pulóver amarillo mostaza y le pidieron que gritara más alto. Entre los sentados en el suelo vio a Yunior García Aguilera, dramaturgo y profesor de su escuela. «¿Cómo yo le voy a gritar a esta persona que además conozco, que admiro su trabajo?», se preguntó. Se negó, subió y siguió trabajando.
Según cuenta, vio llegar un camión. Policías de uniforme y de civil lanzaron a los detenidos dentro; a un acompañante de García lo tiraron «como si fuera un saco de papa». Más tarde vio en un televisor de la emisora la comparecencia de Miguel Díaz-Canel en la televisión, con la frase «La orden de combate está dada, a la calle los revolucionarios». Su valoración: «Eso es ejecución masiva. Es una salvajada de las más grandes que he visto en mi vida.»
Las represalias
Le abrieron un expediente que decía que «presenta lagunas culturales y da las noticias políticas con desdén». Le negaron la nota de su curso de locución, que tuvo que repetir durante cuatro años, y para volver a trabajar en Radio Reloj hizo falta una carta al presidente del ICRT. Fue perdiendo también Tropicana, el Gato Tuerto y su programa en Metropolitana. «La causa era no haberle gritado gusano a Yunior», afirma. Una compañera le avisó de que ya no la llamarían más: «Cuando una persona está marcada, está marcada para todo.»
Su despertar
Cuenta que antes creía que los opositores eran «gente de baja clase», y que el movimiento San Isidro le parecía de gente sin preparación. Su cambio llegó a través del poeta y opositor Ariel Maceo, a quien la policía hostigaba y a quien encontró en la oficina de Migración con una restricción de salida: «Fue parte imprescindible de mi despertar.» Al irse de Cuba escribió en Facebook «Viva Cuba libre», un mensaje que se viralizó y le trajo ataques tanto de dentro de Cuba como del exilio.
Yunior García y la oposición
Cuando Yunior García salió hacia España en noviembre de 2021, dice que sintió «una gran decepción» por parte de quienes lo veían como líder, aunque reflexiona: «¿Para qué idealizo a las personas?» En su opinión, hoy no hay en Cuba «una oposición fuerte» ni un líder, y la oposición tiene que estar organizada para que el pueblo, «que está desarmado», pueda respaldarla. Cree que la oposición está dividida y que esa división la alimenta la dictadura: «Separa los tuyos, enfrenta a los otros y siempre gobernarás sin oposición». Y concluye: «No podemos rendirnos.»
Luis Manuel Otero Alcántara
Toirac dice que no se ve reflejada en Luis Manuel Otero Alcántara: «A mí me parece que lo que está haciendo ahora es una falta de respeto total.» En su opinión, se está burlando de las personas que lo defendieron: «¿Cómo tú vas a jugar con la gente que prácticamente por esa gente tú estás aquí?» Dice que le parece «como si fuera un juego todo lo que está haciendo». Aclara que no lo conoce personalmente.
Los músicos
En su opinión, la música en Cuba está controlada. Toirac participó en 2016 en el concurso Sonando en Cuba, con Hayla Mompié, Maguito Rivera y Pablo FG como jurados. Sobre Hayla Mompié, de quien dice tener una «historia personal» que no cuenta por involucrar a otras personas, opina que es «una persona aprovechada, vividora», «prepotente» y «descarada», y que «no es la persona que ves en las redes sociales». Dice que la entrevistó después en el Canal Educativo y asegura, según ella, que trataba mal a su vestuarista delante de todos.
De Pablo FG habla con afecto: «Le agradezco mucho a Pablo», dice, y lo describe como una persona que ayudaba a la gente y que trabajó para que las nuevas generaciones conocieran «la música real». Reconoce que duele lo que se dice de él en las redes. Sobre si era comunista, responde: «No lo sé. Me imagino que sí. No tengo las pruebas, no me consta, no lo vi.» Su teoría: quien alcanza cierto lugar en la música «tiene que transar de alguna manera» porque «eso es controlado, todo eso es controlado» por la Casa de la Música y por personas encargadas de vigilar. Y sostiene que, mientras el pueblo pasa hambre, algunos artistas viven muy por encima de la media: casas, viajes, carteras, ropa.
La salida
Tras perder todo, decidió irse. Sacó un pasaje a Nicaragua en 2022 con entre 8.000 y 9.000 dólares prestados por familiares en Estados Unidos. Cree que el régimen abrió esa vía a propósito: «Lo que ellos querían era que la gente se fuera. Si tú abres una vía de escape… todo el mundo se va a ir.» Y advierte de las consecuencias: «En Cuba se han quedado sin locutores, sin actores. Hay una población envejecida extrema porque todos los jóvenes nos fuimos.»
El viaje por México duró tres meses. Se le acabó el dinero y tuvo que decir que estaba embarazada para que no la dejaran atrás. Sobre los retenes dice que «te piden el cuerpo» y que ella vio a gente pasar por eso, aunque a ella «me ocurrió de todo menos eso».
Empezar de cero en Miami
Al llegar a Estados Unidos pasó necesidades. Empezó a trabajar en una joyería de Miami y a vender en directo a través de las redes sociales, donde descubrió que tiene una comunidad que confía en ella. Hace poco dejó ese empleo para lanzar su propia marca, Amanda Golden Girl, de ropa italiana de lino, con su pareja. «En Cuba vivimos aplastados toda la vida», dice, y a quienes la critican desde el exilio por dedicarse a la venta les responde: «Si tú emigras a un país y tienes que limpiar pisos, limpia pisos.»
Imagen de portada: captura de la entrevista.








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