El periodista oficialista Pedro Jorge Velázquez, conocido como El Necio, defendió la acampada por una vivienda digna en la Puerta del Sol de Madrid, pero utilizó esa protesta para presentar a Cuba como uno de los países con mayor acceso a la vivienda y para descalificar a un cubano que gritó «abajo el comunismo». Su intervención recibió respuestas que le recordaron dos realidades que dejó fuera de la comparación: las familias que comparten una misma casa durante generaciones y la represión contra quienes protestan dentro de la Isla.
El derecho de los españoles a salir a pedir una vivienda digna no se discute. Lo que se discute es el argumento de El Necio: que en Cuba muchos sean dueños de su casa no significa que la vivienda sea digna, y ningún cubano podría acampar en una plaza a exigirla sin arriesgarse a la cárcel.
Lo que dijo El Necio
Velázquez comenzó diciendo: «Perdón, España, todos los cubanos no somos así, no nos responsabilizamos por este tipo de especímenes». A continuación mostró a un joven con una gorra con la bandera cubana que gritaba «abajo el comunismo» y cuestionaba a quienes apoyan un sistema que no han vivido.
El comunicador lo acusó de ir a Sol a «provocar» a los jóvenes que reclaman vivienda. «Te sobra atrevimiento y te sobra estupidez», le dijo, antes de asegurar que le faltaban «cubanía» y «empatía». También utilizó su acento para poner en duda su vínculo con Cuba: «Se nota con ese acento que usted hace rato no pisa una de estas calles donde yo estoy».
Su argumento central fue este: «Cuba es uno de los países del mundo donde más acceso a la vivienda hay. O sea, uno de los países del mundo donde más la gente es dueño de su propia casa».
Velázquez sostuvo que los acampados no protestan únicamente contra la derecha, sino contra un sistema que no les garantiza un techo digno y también contra el PSOE por no impulsar con suficiente rapidez las medidas de vivienda. Cerró con un desafío dirigido al cubano: «Llégate aquí, a las calles de La Habana y demuestra que de verdad tienes todo el valor de hacer tu lucha por tu país».
Las respuestas: «Tres generaciones» bajo el mismo techo
Entre las respuestas a su publicación abundaron las críticas a la comparación. «Tremendo acceso a la vivienda. Tres generaciones en un departamento de 2 dormitorios», escribió el perfil José Ramon Gonzalez Garcia. Otro perfil, Federico Llanes, preguntó: «¿Qué derecho a vivienda hay en Cuba?! ¿Cuántas generaciones viven en un cuarto con barbacoa o en un albergue?!».
Andro Llabona llevó la discusión al derecho a expresarse: «¿Qué hacemos los cubanos que vivimos dentro de la isla y no nos dejan expresarnos libremente?». Otras respuestas cuestionaron que Velázquez apoye las protestas en España mientras defiende al régimen cubano.
También hubo comentarios que respaldaron su posición o descalificaron a los jóvenes. Las respuestas reflejan una discusión entre usuarios, no una encuesta sobre lo que piensa toda Cuba. La contradicción que plantean las críticas, sin embargo, puede examinarse con datos y con el historial de represión de la dictadura.
Ser propietario no equivale a tener una vivienda digna
Velázquez pasa de hablar de «acceso a la vivienda» a hablar de propietarios como si fueran el mismo indicador. No lo son. Una familia puede ser dueña de una casa y carecer de espacio suficiente para que sus hijos se independicen. También puede poseer una vivienda que necesita reparaciones que no puede pagar o ejecutar por falta de materiales.
En Cuba también hay familias que viven de alquiler, especialmente en La Habana. Y tener una casa en propiedad no elimina el peligro de derrumbe: en La Habana Vieja, Centro Habana y también en Alamar hay viviendas deterioradas cuyos residentes viven con ese riesgo. La comparación no puede reducirse a cuántas personas son propietarias, sin mirar las condiciones del lugar donde viven.
El propio artículo 71 de la Constitución cubana reconoce el derecho a «una vivienda adecuada y a un hábitat seguro y saludable». No se limita a la titularidad de una propiedad.
Los datos de la Oficina Nacional de Estadística e Información muestran el retroceso de la construcción: Cuba terminó 5.493 viviendas en 2025, frente a 7.427 en 2024 y 32.874 en 2021. De las concluidas en 2025, solo 1.791 correspondieron al sector estatal; las otras 3.702 se levantaron por esfuerzo propio, el 67,4 % del total.
La misma publicación registró 40.191 viviendas paralizadas por esfuerzo propio. Son cifras del sistema estadístico del régimen, no una opinión de quienes lo critican. Describen una capacidad de construcción cada vez menor y miles de obras detenidas, un panorama que el elogio de El Necio no explica.
España tiene una crisis de vivienda, no una razón para callar
La acampada de Sol expresa un problema real. El Banco de España documentó que la demanda de alquiler ha crecido más que la oferta y que el aumento de precios ha sido especialmente intenso en las grandes áreas urbanas. Su análisis identifica un esfuerzo económico elevado entre los hogares de menores ingresos, en particular los jóvenes.
Reconocer esa crisis no convierte a Cuba en un modelo de vivienda. Las dificultades para pagar un alquiler en Madrid y las dificultades para disponer de una casa habitable e independiente en Cuba no se resuelven cambiando una realidad por la otra.
El artículo 47 de la Constitución española reconoce el derecho a una vivienda digna y adecuada. Que exista ese reconocimiento no significa que el derecho esté satisfecho: precisamente por eso la ciudadanía puede exigir medidas y responsabilidades a quienes gobiernan.
¿Pueden los cubanos hacer lo mismo que los acampados en Sol?
No con las mismas garantías. El artículo 21 de la Constitución española reconoce la reunión pacífica sin autorización previa, aunque exige comunicación para las manifestaciones y reuniones en lugares de tránsito público y permite prohibirlas por razones fundadas de alteración del orden público con peligro para personas o bienes. Eso no convierte cualquier acampada en un derecho ilimitado, pero sí ofrece un marco para reclamar y discutir las restricciones.
En Cuba, el artículo 56 también reconoce los derechos de reunión, manifestación y asociación pacíficas, sujetos al orden público y a la ley. La diferencia está en cómo actúa el poder ante quienes salen a reclamar sin someterse al oficialismo.
La Comisión Interamericana de Derechos Humanos, en su informe anual de 2025, documentó represión sistemática contra reuniones pacíficas y protestas independientes: detenciones arbitrarias, criminalización, arrestos domiciliarios, vigilancia, interrogatorios, amenazas, multas y cortes de internet.
Los cubanos han protestado pese a ese riesgo. La falta de garantías no significa falta de valor. Significa que exigir derechos puede traer consecuencias que El Necio omite cuando reta a un compatriota a ir a La Habana.
Defender el derecho de los españoles a exigir vivienda y negar en la práctica ese mismo espacio a los cubanos es una doble vara. Una vivienda digna exige más que un papel de propiedad. Y un derecho no está garantizado si reclamarlo puede terminar en una detención.







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