Profesora de San Alejandro denuncia represalias y precariedad laboral en carta al ministro de Cultura

La profesora Natacha de la Torre Fariñas denunció públicamente las condiciones laborales que enfrentan los trabajadores de la Academia Nacional de Bellas Artes San Alejandro y aseguró que está siendo apartada de sus funciones por mantener una posición crítica frente a la realidad cubana.

En una extensa carta fechada en La Habana el 9 de septiembre y dirigida al ministro de Cultura, Alpidio Alonso Grau, De la Torre afirma que le han retirado la asignatura que impartió durante años y considera que la decisión busca empujarla a abandonar por iniciativa propia la institución.

“Me quitan del medio porque no quieren ver y se niegan a oír. Me convertí en la nota discordante. Soy alguien ‘políticamente inadecuado’”, escribió.

La docente sostiene que no pretende abandonar San Alejandro, sino exigir condiciones mínimas para desempeñar su trabajo. Su denuncia va más allá de su situación personal y describe un sistema en el que los salarios han perdido prácticamente toda capacidad para cubrir las necesidades básicas.

“No quiero propinas; no quiero compras de trapos generosos gestionados para atenuar penurias de los que no tienen nada. Quiero mi salario; la retribución digna por trabajar”, señaló.

Trabajar dependiendo de las remesas

Uno de los principales cuestionamientos de De la Torre es la contradicción entre los salarios estatales y los gastos que debe asumir un trabajador para mantenerse empleado.

Según explica, el sueldo no alcanza para transporte, ropa, calzado, teléfono, conexión a Internet ni otros recursos necesarios para realizar adecuadamente determinadas funciones profesionales. En esas circunstancias, denuncia que muchos trabajadores terminan dependiendo de familiares residentes fuera de Cuba.

La profesora ironiza sobre quienes durante décadas fueron calificados de “gusanos” por el régimen y que ahora, mediante las remesas, terminan sosteniendo económicamente a quienes permanecen en la Isla.

“En Cuba se trabaja con el impulso y la buena voluntad de aquellos a los que un día se llamó gusanos y hoy se han convertido en espléndidas mariposas”, escribió.

De la Torre plantea además una pregunta que resume buena parte de su crítica: si el mérito profesional está dejando de depender de la capacidad y experiencia del trabajador para depender de que tenga familiares emigrados capaces de financiar su supervivencia.

Sin agua, electricidad ni descanso

La carta también describe cómo los apagones y la falta de agua repercuten directamente en la vida laboral.

La profesora asegura que se niega a acudir a trabajar cuando no ha podido dormir debido a las condiciones existentes o cuando debe elegir entre permanecer en casa para abastecerse de agua o presentarse en la academia.

“Pero no veo razón alguna para abandonar la docencia. Sí la veo para afirmar que Cuba necesita un cambio radical”, sostiene.

De la Torre rechaza que los trabajadores deban ocultar esas razones y utilizar enfermedades u otras excusas para justificar una ausencia. Según denuncia, lo que se espera de ellos es que eviten señalar directamente la responsabilidad del Estado en las condiciones que les impiden trabajar.

“Quieren, sobre todas las cosas, que sea parte de la mentira”, afirmó.

Años trabajando en condiciones precarias

La profesora relata que sus problemas en San Alejandro no comenzaron ahora.

Explica que, después de que Psicología fuera eliminada del currículo, comenzó a impartir Didáctica y continuó asesorando a estudiantes que necesitaban conocimientos de psicología para tesis y otros trabajos.

También asegura que durante años solicitó un espacio adecuado para desempeñar sus funciones como psicopedagoga, pero terminó trabajando en pasillos mientras un local era asignado a otra persona recién llegada a la institución.

“No fue el embargo el que causó semejantes circunstancias”, subrayó, responsabilizando directamente de esas situaciones a quienes administraban la institución.

De la Torre asegura que durante años continuó trabajando sin presentar quejas, pero sostiene que ya no está dispuesta a aceptar que corresponda al trabajador conseguir por su cuenta las condiciones materiales necesarias para desempeñar correctamente su labor.

“Vete”

La profesora relata además una conversación especialmente reveladora con su jefa de departamento.

“Vete”, asegura que le dijo hace algún tiempo.

Ahora considera que la retirada de la asignatura que impartía forma parte de un nuevo intento de apartarla sin asumir directamente la responsabilidad de expulsarla.

También reproduce una conversación que atribuye al director de la escuela: “Sabes que si esto cambia no nos toca nada”.

Según De la Torre, respondió: “No trabajo para mí; trabajo por un futuro, trabajo para que a mi hijo no se le escurran los años como se nos fue la vida a tantos cubanos”.

Una acusación directa al sistema

La carta comienza cuestionando la concepción patrimonialista del poder en Cuba.

“No son los dueños del país quienes gobiernan. No es dueño del país Raúl Castro. No lo es Díaz-Canel. Usted, señor Alpidio, no es el dueño de un ministerio”, escribió al titular de Cultura.

Para la profesora, considerar instituciones y centros laborales como espacios controlados por dirigentes y personas afines ha contribuido a extender “la impunidad”, “la ausencia de ética” y la mediocridad.

Su crítica alcanza también al propio sector artístico. De la Torre reprocha a quienes observan el deterioro de instituciones como San Alejandro sin involucrarse y advierte que aceptar continuamente las imposiciones terminará debilitando la capacidad crítica de los artistas.

Pese a todo, asegura que quiere continuar enseñando.

“A San Alejandro voy porque me gusta enseñar, me gustan los adolescentes y jóvenes, y miro con cariño cada pared o pedazo de techo que me trae recuerdos”, explica.

La profesora termina su carta sin pedir una intervención del ministro ni expresar confianza en una respuesta institucional. Por el contrario, establece claramente dónde considera que se encuentra cada parte del conflicto:

“Yo estoy del lado de la razón. Usted, ministro Alpidio, está del lado de la fuerza”.

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