El régimen busca llevar sus mipymes a mercados latinoamericanos: ¿por qué no lo hizo antes y qué papel juega el embargo?

El régimen cubano ha dado otro paso en la ampliación del espacio concedido a las empresas privadas: ahora pretende facilitar que las mipymes de la Isla puedan insertarse en los mercados de América Latina.

ProCuba y la Secretaría General de la Asociación Latinoamericana de Integración (ALADI) firmaron un memorando de entendimiento para desarrollar estudios, promover el comercio en sectores considerados prioritarios y fortalecer las capacidades de las empresas cubanas.

El acuerdo contempla específicamente impulsar la participación de las micro, pequeñas y medianas empresas y ofrecer capacitación para ampliar sus posibilidades de entrar en los mercados regionales. 

La decisión llega precisamente cuando el régimen está eliminando algunas de las restricciones que durante los últimos años limitaron el crecimiento del sector privado dentro de Cuba.

Pero plantea una pregunta inevitable: si esto puede hacerse ahora, ¿por qué no se hizo antes?

El embargo no impide comerciar con América Latina

La respuesta no puede reducirse al embargo estadounidense.

Estados Unidos mantiene un amplio sistema de sanciones y controles sobre el comercio con Cuba. Las exportaciones y reexportaciones de determinados productos de origen estadounidense están sometidas a licencias o excepciones y existen restricciones financieras que pueden complicar operaciones internacionales. 

Pero esas sanciones no constituyen una prohibición mundial para que las empresas cubanas comercien con otros países.

Cuba es miembro pleno de ALADI desde 1999 y participa desde hace décadas en acuerdos comerciales con países como México, Venezuela, Chile, Colombia, Ecuador y Perú, además de otros mecanismos regionales destinados precisamente a facilitar el intercambio mediante preferencias arancelarias. 

Por tanto, una mipyme cubana que pretenda vender determinados productos en un mercado latinoamericano no está automáticamente impedida de hacerlo por el embargo de Estados Unidos.

Otra cuestión es que una operación concreta utilice el sistema financiero estadounidense, involucre personas o entidades sancionadas, determinados productos de origen estadounidense o transacciones sujetas a las regulaciones de Washington. En esos casos sí pueden aparecer restricciones adicionales.

Estados Unidos incluso contempla excepciones para el sector privado cubano

Hay otro elemento que resulta importante.

Las propias regulaciones estadounidenses contemplan autorizaciones destinadas a apoyar la actividad económica privada independiente en Cuba.

El Departamento de Comercio mantiene la excepción denominada Support for the Cuban People, que permite determinadas exportaciones y reexportaciones destinadas a apoyar la actividad económica independiente, siempre que se cumplan las condiciones establecidas. 

Washington también ha establecido mecanismos que permiten determinadas importaciones de bienes producidos por empresarios privados cubanos independientes, aunque existen categorías excluidas y numerosos requisitos. 

Eso tampoco significa que el embargo sea irrelevante. Continúa creando obstáculos importantes para determinadas transacciones, especialmente cuando intervienen compañías estatales sancionadas, el sistema financiero estadounidense o productos sometidos a controles de exportación.

Pero no explica por sí solo por qué las mipymes cubanas no fueron impulsadas anteriormente hacia los mercados latinoamericanos.

Entonces, ¿por qué ahora?

La explicación está también dentro de Cuba.

Las mipymes privadas apenas fueron autorizadas formalmente en 2021 y desde entonces han funcionado bajo numerosas restricciones sobre las actividades permitidas, el comercio mayorista, el tamaño de las empresas y las posibilidades de expansión.

Ahora el propio régimen está modificando parte de esas reglas.

En julio entró en vigor una normativa que amplió las actividades permitidas y flexibilizó el comercio mayorista para mipymes y cooperativas. Este viernes se publicaron además nuevas disposiciones que permiten una expansión empresarial considerablemente mayor, incluida la creación de cadenas de establecimientos. 

El memorando con ALADI encaja dentro de ese cambio.

Después de décadas de mantener la iniciativa privada bajo fuertes restricciones y apenas cinco años después de reconocer formalmente las mipymes, el régimen intenta ahora que esas mismas empresas no solo crezcan dentro de Cuba, sino que también encuentren mercados en el exterior.

La pregunta, por tanto, no es únicamente cuánto limita el embargo estadounidense.

También es por qué el régimen esperó hasta encontrarse en una de las peores crisis económicas de las últimas décadas para permitir a sus empresarios privados hacer algo que comercialmente era posible desde mucho antes: crecer, exportar y buscar clientes fuera de la Isla. 

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