
Miguel Díaz Bauzá, 83 años y 32 en prisión: una vida consumida entre rejas por enfrentarse al régimen cubano
Miguel Díaz Bauzá tenía 51 años cuando fue detenido en Cuba en octubre de 1994. Hoy tiene 83 y continúa bajo custodia del régimen. Han transcurrido casi 32 años desde entonces y, si cumple íntegramente la sanción que pesa sobre él, no terminará hasta octubre de 2030, cuando tendrá 87 años.
Su historia, reconstruida por El Estornudo a través del testimonio de su hija Karen María León Alfonso, muestra no solo una de las condenas políticas más prolongadas de Cuba, sino el costo humano de tres décadas de cárcel: una hija que tuvo que conocer a su padre siendo prisionero, nietos y bisnietos que apenas pueden compartir con él durante sus pases penitenciarios y un anciano enfermo al que todavía le quedan cuatro años de condena.
Regresó a Cuba para intentar un levantamiento
Díaz Bauzá había salido de la isla en 1980, cuando su hija Karen tenía apenas un año y medio.
En 1994 regresó clandestinamente desde Estados Unidos junto a Armando Sosa Fortuny, Jesús Rojas Pineda, José Ramón Falcón Gómez, Pedro Visao Peña y Lázaro González Caraballo.
El propósito del grupo era organizar un levantamiento contra el régimen de Fidel Castro. Llegaron armados y la operación terminó con su captura.
Díaz Bauzá fue detenido el 16 de octubre de 1994 y posteriormente condenado a 25 años de prisión por varios delitos contra la Seguridad del Estado.
Tenía entonces 51 años.
La condena, sin embargo, no explica por sí sola que siga preso casi 32 años después.
Una protesta en prisión terminó alargando su encarcelamiento
En 1999, mientras se encontraba recluido en Camagüey, Díaz Bauzá participó en una protesta por las condiciones penitenciarias y los abusos contra los reclusos.
Las autoridades volvieron a procesarlo.
Esta vez recibió otros 20 años de cárcel por amotinamiento. Las dos causas fueron posteriormente acumuladas y su sanción quedó fijada en 36 años de privación de libertad.
Después de aquel proceso pasó nueve años sin recibir visitas, según el testimonio de su hija recogido por El Estornudo.
La fecha prevista para el cumplimiento definitivo de la condena es el 15 de octubre de 2030.
Una hija que conoció a su padre cuando ya era prisionero
Karen María León Alfonso tenía 16 años la primera vez que recuerda haber visto a su padre.
No fue en su casa.
Fue en la televisión.
Las autoridades mostraban en el noticiero las imágenes de Díaz Bauzá y de los hombres capturados junto a él después de su llegada a Cuba.
Miguel había abandonado la isla cuando Karen era apenas una bebé. Posteriormente, la madre biológica de la niña fue encarcelada y Karen fue adoptada por otra familia, que le dio sus apellidos y, según cuenta, nunca le ocultó quiénes eran sus padres biológicos.
Un mes después de verlo en televisión, un hermano de Miguel acudió a la casa para pedir permiso a sus padres adoptivos y llevarla a conocerlo.
El encuentro ocurrió en Santa Clara, dentro de una pequeña sala de la Seguridad del Estado.
Karen recuerda a un hombre grande y fuerte que, al verla, corrió a abrazarla y besarla.
Para ella fue diferente. Aquel hombre era biológicamente su padre, pero también era un desconocido.
Después del juicio, Díaz Bauzá fue trasladado a Camagüey y durante años la relación tuvo que construirse fundamentalmente mediante cartas.
En 2001 fue enviado nuevamente a Villa Clara. Desde entonces, Karen se ha ocupado de sus necesidades.
Un preso incómodo para las autoridades
Su hija describe a Díaz Bauzá como un hombre extremadamente disciplinado, educado y aferrado a sus principios.
También como un recluso particularmente incómodo para las autoridades penitenciarias.
No permanece en silencio, asegura Karen, cuando considera que se está cometiendo un abuso contra él o contra cualquier otro preso.
Incluso dentro de prisión intenta aconsejar a los reclusos más jóvenes para evitar que vuelvan a delinquir.
Esa actitud ha provocado numerosos enfrentamientos con los funcionarios penitenciarios durante sus décadas de encarcelamiento.
Los años también están pasando sobre su cuerpo
Díaz Bauzá ya no es el hombre de 51 años que fue detenido en 1994.
Tiene 83.
Padece hipertensión, diabetes y problemas renales. También ha desarrollado vitíligo, que él mismo ha relacionado con el estrés sufrido durante tantos años.
Su familia asegura además que las condiciones penitenciarias dificultan el cumplimiento adecuado de sus tratamientos médicos.
A pesar de su edad, su deterioro físico y las más de tres décadas transcurridas desde su detención, continúa cumpliendo condena.
Actualmente se encuentra en el centro penitenciario conocido como Campamento La 2, en Remedios, Villa Clara.
Los días en los que vuelve a ser abuelo
Díaz Bauzá tiene dos hijos, cinco nietos y tres bisnietos.
Durante los pases penitenciarios puede abandonar temporalmente el centro y regresar junto a su familia.
Son pequeños intervalos dentro de una condena de 36 años.
Karen cuenta que entonces su padre cambia completamente de rutina. Juega con sus nietos y bisnietos y dedica buena parte del tiempo a cocinar, una de sus grandes aficiones.
También habla de los años que vivió en Estados Unidos, de la familia y de una vida anterior a la prisión.
Después debe regresar al penal.
El regreso a Caibarién
Uno de esos permisos le permitió volver a Caibarién, el pueblo que había dejado en 1980.
Su reacción quedó grabada en la memoria de su hija.
Al llegar se detuvo y comenzó a llorar.
Karen pensó inicialmente que se trataba de nostalgia. Su padre le explicó después que lloraba por el deterioro del lugar que recordaba como la Villa Blanca.
Había conservado durante décadas la imagen del pueblo que dejó atrás. Cuando finalmente pudo recorrerlo nuevamente, encontró una realidad que describió como comparable a una ciudad después de un bombardeo.
Habían pasado décadas desde su partida y buena parte de ese tiempo él las había vivido detrás de unas rejas.
Solo pide terminar su vida en libertad
Después de 32 años, Miguel Díaz Bauzá no habla de recuperar el tiempo perdido. Eso ya es imposible.
Quiere pasar junto a su familia el tiempo que todavía tiene.
A los 83 años, su aspiración es vivir con sus nietos y bisnietos y permanecer en la isla en libertad.
Su condena, sin embargo, todavía tiene por delante cuatro años.
Cuando fue encarcelado tenía 51.
Cuando termine oficialmente su sanción tendrá 87.
Entre ambas edades quedan una hija que creció sin él, cinco nietos, tres bisnietos, enfermedades acumuladas y prácticamente un tercio de siglo pasado dentro del sistema penitenciario cubano.
Cada vez que recibe un pase, Miguel Díaz Bauzá cruza temporalmente las puertas de la prisión y vuelve con su familia.
Después de cocinar, jugar con los niños y recuperar durante unas horas una vida normal, tiene que regresar.
A sus 83 años y después de casi 32 encarcelado, el preso político cubano todavía espera el día en que pueda cruzar esa puerta y no tenga que volver.







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