
Luis Manuel Otero Alcántara: «Mi salida de Cuba no fue una decisión de libertad»
El artista y exprisionero político cubano Luis Manuel Otero Alcántara habló con ClickCuba sobre algunos de los episodios más duros de sus cinco años de encarcelamiento, las huelgas de hambre que protagonizó, las condiciones de su salida al exilio y la polémica provocada por algunas de sus primeras declaraciones tras llegar a Miami.
En la entrevista, Otero Alcántara también respondió a las críticas dirigidas contra la curadora de arte y activista Anamely Ramos, defendió su derecho a hablar abiertamente de sexualidad y explicó por qué considera que la privación de la intimidad y el control de la vida sexual de los presos forman parte de los mecanismos de castigo dentro del sistema penitenciario cubano.
El artista insiste en que su llegada al exilio no significa el abandono de la lucha política. Por el contrario, asegura que pretende utilizar la libertad, las redes sociales, sus relaciones y su trabajo artístico para continuar enfrentándose al régimen.
Cinco o seis huelgas de hambre y una experiencia al límite
Otero Alcántara reconoce que ni siquiera recuerda con exactitud cuántas huelgas de hambre realizó durante sus cinco años en prisión. Calcula que fueron “cinco o seis” y asegura que deberá reconstruir el registro con personas que siguieron su encarcelamiento desde el exterior.
Su relato sobre aquellos períodos describe condiciones especialmente severas. Según explicó, cuando las autoridades descubrían que se encontraba en huelga podían trasladarlo a una celda de castigo, sometida a temperaturas extremas y con escasa ventilación. El colchón, afirma, se lo entregaban por la tarde y se lo retiraban por la mañana.
También asegura que durante la madrugada los guardias lo obligaban repetidamente a desnudarse para realizar inspecciones.
“Llegó un momento en que dije: ‘No me voy a parar más de aquí. Vengan, busquen lo que ustedes quieran’”, recordó.
En otra ocasión, según su testimonio, varios presos llegaron a sujetarlo y obligarlo a ingerir alimentos.
La experiencia más grave ocurrió durante una huelga que se prolongó durante más de 40 días. Otero explica que inicialmente intentaba ocultar que había dejado de comer para retrasar su traslado a una celda de castigo. Incluso caminaba y gastaba energía deliberadamente.
Su concepción de una huelga de hambre era extrema: “Yo personalmente empiezo la huelga para morirme”.
Tras varias semanas, perdió el conocimiento.
“Cuando vuelvo a abrir los ojos estoy en una camilla”, relató. Recuerda a una doctora intentando reanimarlo y posteriormente su traslado a la enfermería para administrarle suero.
Según Otero Alcántara, una médica advirtió que estaba deshidratado y en una situación crítica, mientras otro médico insistía en devolverlo a la celda en lugar de trasladarlo a un hospital.
En ese momento, asegura, algo cambió dentro de él.
“Por el camino decía: ‘No te puedes morir, tú tienes que luchar’”.
Poco después decidió abandonar la huelga.
“Nadie logró sacarme de la prisión antes de cumplir los cinco años”
Una de las mayores controversias tras su llegada a Miami surgió cuando Otero Alcántara afirmó que durante determinados momentos de su encarcelamiento había estado “bien”. Parte del exilio interpretó aquellas palabras como una contradicción con las denuncias realizadas durante años sobre las condiciones de su prisión.
En esta entrevista, el artista sitúa aquellas declaraciones dentro de una distinción que considera fundamental: podía beber whisky, recibir determinados alimentos o experimentar momentos relativamente normales y continuar privado de libertad.
Otero pone como ejemplo los arrestos domiciliarios y operativos de la Seguridad del Estado contra activistas dentro de Cuba: disponer de comida o bebida, sostiene, no elimina la condición de estar vigilado, aislado o impedido de salir.
También rechaza la idea de que la campaña internacional consiguiera adelantar su excarcelación.
“Nadie logró que yo saliera a los tres años, ni a los dos años”, afirmó.
Otero Alcántara cumplió prácticamente la totalidad de su condena de cinco años. Sin embargo, sí reconoce como decisiva la presión internacional en otro aspecto: considera que la visibilidad de su caso contribuyó a proteger su vida.
“Lo que logró la gente con su apoyo, y yo sí se lo agradezco, es que dentro de la prisión no me mataran”.
Para él, ambas realidades pueden coexistir: sufrió prisión, castigos y huelgas de hambre, pero también hubo personas concretas que en determinados momentos pudieron tener gestos humanos con él. Reconocer esos episodios, sostiene, no significa absolver al sistema responsable de mantenerlo encarcelado.
La Seguridad del Estado: colaborar, marcharse o permanecer encerrado
Otero Alcántara asegura que los intentos de la Seguridad del Estado por condicionarlo comenzaron mucho antes de su última condena.
“Desde el 2011” sitúa el comienzo de su enfrentamiento público con el poder, aunque su activismo artístico y político adquirió posteriormente mucha mayor visibilidad.
Según su relato, las autoridades intentaron durante años que colaborara con la Seguridad del Estado. Cuando comprendieron que no lo haría, asegura, apareció otra propuesta: abandonar Cuba.
“No te vamos a soltar, te vas a ir del país”, resume sobre el mensaje que afirma haber recibido.
Con el paso del tiempo llegó a la conclusión de que, incluso después de cumplir la condena, no le permitirían regresar a una vida normal en La Habana.
Ese convencimiento terminó influyendo en su decisión de aceptar el exilio.
“Estando en prisión soy el preso político, la víctima de una dictadura que está literalmente trancado. Cuando acepto el exilio es para decir: voy a mover mi cabeza, voy a mover mi cuerpo”.
“Mi salida no fue una decisión de libertad”
Otero Alcántara es categórico al describir las circunstancias de su salida.
“Mi salida no fue una decisión de libertad”.
Según relata, salió físicamente de la prisión aproximadamente dos días antes de completar los cinco años, pero fue trasladado a una vivienda bajo estricta vigilancia.
Cuando llegó la fecha formal del cumplimiento de su condena, las autoridades le comunicaron que estaba supuestamente libre, pero, según su testimonio, no podía regresar a su casa ni desplazarse libremente.
Las visitas también estaban restringidas. Afirma que solo podían acudir determinadas personas de su entorno y que existía la advertencia de que cualquier intento de concentración, contacto con la prensa o actividad pública provocaría nuevas medidas.
Otero sostiene que la alternativa que le planteaban si permanecía en Cuba era continuar prácticamente detenido dentro de una vivienda, sin posibilidad de moverse libremente, utilizar el teléfono o desarrollar su actividad pública.
Ante esa situación decidió marcharse.
“Yo soy mucho más, valgo más moviéndome, usando redes sociales, usando videos, usando mi cabeza, mis conexiones y mis cosas”.
Los últimos días estuvieron condicionados por la obtención de la documentación necesaria para viajar a Estados Unidos. Una vez confirmado el permiso, recuerda que todo ocurrió rápidamente.
Antes de salir, asegura que las autoridades revisaron sus pertenencias y le confiscaron varias obras que consideraba importantes.
El día del viaje fue trasladado en un vehículo hasta el aeropuerto y entró por una zona alejada de la prensa. Allí se encontró con funcionarios estadounidenses, recibió la documentación correspondiente y finalmente abordó el avión rumbo a Miami.
Anamely Ramos: “Lo que yo he dicho, lo he vivido yo”
Otero Alcántara dedica una parte extensa de la entrevista a rechazar que Anamely Ramos tenga responsabilidad sobre sus declaraciones o sobre episodios de prisión que ella no presenció.
“Yo he dicho lo que he dicho y lo he vivido yo. Anamely no sabía nada de eso”.
Explica que durante buena parte de su encarcelamiento la comunicación relacionada con sus huelgas de hambre se realizaba a través de otras personas y que fue fundamentalmente durante el último año cuando comenzó a mantener una comunicación más frecuente con Ramos.
Por ello considera injusto convertirla en responsable de contradicciones, decisiones o declaraciones realizadas por él.
El artista atribuye parte de los ataques contra Ramos a enfrentamientos dentro del exilio y a la dinámica creada por determinados comunicadores e influencers.
Aunque acepta el derecho a cuestionarlo a él, a Ramos o a cualquier figura pública, establece una diferencia entre crítica y campañas de desprestigio.
“La crítica está bien, yo estoy de acuerdo con la crítica, pero una cosa es la crítica y otra cosa es el desprestigio”.
Otero reclama además mayor responsabilidad a quienes poseen grandes audiencias en redes sociales, debido a la influencia que ejercen sobre los cubanos dentro de la isla, donde muchas personas reciben buena parte de la información a través de estos espacios.
Sobre Ramos no deja dudas acerca de su posición personal: la define como su amiga, su hermana y parte de su familia, además de considerarla una de las personas más comprometidas con la realidad cubana.
Sexo, intimidad y prisión: una conversación que Otero Alcántara se niega a esconder
Uno de los asuntos que más controversia provocó después de su llegada a Estados Unidos fue la forma abierta y explícita en que Otero Alcántara habló sobre sexo y sobre su experiencia sexual durante los años de prisión.
En esta entrevista pidió expresamente que el tema no fuera eliminado ni reducido a una anécdota.
Para el artista, la cuestión va mucho más allá de utilizar determinadas palabras o hablar públicamente de su vida íntima. Su argumento es que la sexualidad, el afecto y el placer también forman parte de los derechos y necesidades humanas que el sistema penitenciario controla.
“Que yo tenga que ir una vez al mes a tener sexo con mi novia, que yo tenga que una vez al mes compartir placer con mi pareja porque la dictadura decide que yo tengo que estar preso, eso es parte de la represión”, explicó.
Otero rechaza la imagen del preso político obligado a presentarse permanentemente como un héroe desprovisto de deseos, intimidad o necesidades afectivas.
Una visita conyugal, explica, no significaba únicamente mantener relaciones sexuales. Era también poder abrazar a su pareja, besarla, conversar sobre problemas familiares y recuperar durante unas horas una dimensión de la vida que la prisión le había arrebatado.
Desde esa perspectiva, considera que controlar la sexualidad y limitar la intimidad puede convertirse en otra herramienta de sometimiento.
“La violencia sobre la sexualidad de los presos políticos es una de las herramientas que usa el poder para tenerte machucado”, sostiene.
Su reflexión se extiende además fuera de las prisiones. Otero critica los tabúes existentes en la sociedad cubana sobre el sexo, especialmente respecto a las personas mayores, y cuestiona la idea de que el deseo o el derecho al placer desaparezcan con la edad.
También vincula el silencio alrededor de la sexualidad con problemas mucho más graves: el machismo, las agresiones sexuales y la ausencia de una conversación social clara sobre consentimiento, límites y violencia.
Para Otero Alcántara, hablar de estos asuntos públicamente no disminuye la dimensión política de un exprisionero de conciencia. Forma parte, precisamente, de su manera de entender la libertad individual que dice defender.
“Sigo con más compromiso”
Cinco años después de entrar en prisión, Otero Alcántara asegura que su posición frente al régimen no se ha moderado.
“Sí, sigo con más compromiso”.
La prisión, afirma, aumentó su empatía hacia quienes continúan encarcelados. Habla de cumpleaños celebrados tras las rejas, de depresión, del aislamiento y de personas que llevan años o décadas privadas de libertad.
Su experiencia, asegura, le permite comprender ahora de otra manera lo que significa perder años de vida dentro de una cárcel.
“La Cuba de hoy necesita de mucho trabajo y yo estoy dispuesto a seguir trabajando y seguir empujando”.
Otero Alcántara sabe que su lenguaje, su comportamiento y su manera de presentarse públicamente continuarán provocando controversia. Pero tampoco parece dispuesto a modificar esa personalidad para encajar en la imagen tradicional del opositor o del exprisionero político.
Recuerda que antes de prisión muchas de sus acciones artísticas también fueron cuestionadas y posteriormente terminaron movilizando a otras personas.
Ahora pretende mantener esa misma lógica desde el exilio.
“Salí al exilio para buscar las herramientas letales en contra de la dictadura”, afirmó, utilizando “letales” en sentido político y de impacto contra el sistema.
Y descarta cualquier proyecto basado exclusivamente en su figura.
“No lo voy a lograr yo solo. Lo vamos a lograr un buen piquete”.
Después de cinco años encarcelado, huelgas de hambre, períodos de aislamiento y una salida de Cuba que define como forzada por las circunstancias impuestas por el régimen, Luis Manuel Otero Alcántara asegura que no pretende convertirse en una figura más cómoda para quienes lo apoyaron.
Su apuesta sigue siendo la misma que caracterizó buena parte de su obra y su activismo dentro de Cuba: provocar, desafiar convenciones y utilizar su propia vida —incluidas las dimensiones más íntimas— como parte de un discurso sobre libertad.
“Voy a seguir con mi manera”, sentencia.







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