Guillermo del Sol supera los 40 días en huelga de hambre mientras se agrava su estado de salud

Guillermo del Sol, activista y opositor cubano, supera los 40 días en huelga de hambre en su vivienda de Santa Clara, una protesta que ha agravado seriamente su estado de salud y que mantiene en alerta a familiares, allegados y organizaciones de derechos humanos. Su caso vuelve a situar en el centro del debate el uso de esta forma extrema de protesta en un contexto donde quienes denuncian violaciones de derechos carecen de recursos efectivos para reclamar ante las instituciones del Estado.

Del Sol inició la huelga en junio, después de ser detenido por agentes de la Seguridad del Estado bajo la acusación de haber robado una motorina cuya propiedad, según ha denunciado, puede acreditar con la documentación correspondiente. Desde entonces exige, entre otras demandas, la liberación de los presos políticos en Cuba.

El detonante inmediato de la protesta fue la revocación de la libertad de Leonel Tristá, manifestante de las protestas del 11 de julio de 2021 que había sido excarcelado en 2025 y posteriormente reingresado en la prisión de Guamajal para cumplir el resto de una condena de ocho años.

Mientras transcurren los días, la condición física del activista continúa deteriorándose. Según las personas que lo acompañan, sufre crisis de diabetes e hipertensión y los médicos han advertido sobre el riesgo de un colapso. A pesar de ello, Del Sol mantiene su decisión de continuar la huelga.

Una medida extrema ante la falta de recursos efectivos

Desde una perspectiva jurídica, la huelga de hambre constituye una forma de protesta pacífica mediante la cual una persona intenta llamar la atención sobre una situación que considera injusta cuando entiende que han fracasado o no existen mecanismos eficaces para obtener una respuesta.

En el caso cubano, juristas y organizaciones de derechos humanos como Cubalex han señalado reiteradamente la ausencia de tribunales independientes y de recursos administrativos efectivos para impugnar actuaciones de las autoridades, especialmente en asuntos relacionados con la actividad política o el ejercicio de derechos fundamentales. En ese contexto, la huelga de hambre termina convirtiéndose en el último recurso al alcance de algunos activistas para visibilizar sus demandas.

Al desarrollarse en su propia vivienda y no dentro de un centro penitenciario, la protesta de Guillermo del Sol no puede ser considerada una infracción disciplinaria carcelaria. Sin embargo, según denuncias de su entorno, las autoridades han respondido con vigilancia permanente alrededor de su domicilio, restricciones al acceso de visitantes, interrupciones del servicio de internet y la apertura de procesos penales contra personas que intentan brindarle apoyo.

Estas medidas, sostienen los denunciantes, buscan aislar al activista y reducir el impacto público de su protesta.

Con más de 40 días de huelga de hambre, la situación de Guillermo del Sol continúa evolucionando mientras persiste la incertidumbre sobre su estado de salud y sobre la posibilidad de que las autoridades respondan a las demandas que motivaron una de las formas de protesta más extremas y de mayor riesgo para la vida.

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