Departamento de Estado de EE.UU. señala a Cuba como “la capital del comunismo del siglo XXI” y documenta décadas de espionaje, subversión e influencia internacional

Un extenso informe de 100 páginas preparado por el Departamento de Estado de Estados Unidos presenta al régimen cubano como el centro de una red internacional de espionaje, influencia política y expansión revolucionaria construida durante casi siete décadas. El documento sostiene que La Habana ha combinado operaciones de inteligencia, infiltración institucional, apoyo a movimientos radicales y alianzas con adversarios de Washington para proyectar una influencia muy superior al peso económico y militar de la isla.

El Departamento de Estado de Estados Unidos ha elaborado un amplio informe titulado Cuba: The Capital of 21st Century CommunismCuba: la capital del comunismo del siglo XXI—, en el que acusa al régimen cubano de haber desarrollado durante casi siete décadas una estrategia sostenida contra los intereses estadounidenses basada no en una confrontación militar convencional, sino en el espionaje, la infiltración, la influencia ideológica, las redes de organizaciones afines y el apoyo a movimientos revolucionarios.

El documento, de 100 páginas, está estructurado en nueve capítulos: “El Estado revolucionario”, “El nacimiento de una nueva izquierda”, “Exportando la revolución”, “Un imperio de espionaje”, “Turismo revolucionario”, “Revolución racial”, “Grupos fachada y compañeros de viaje”, “Internacional antiamericana” y una conclusión.

La tesis central del informe es contundente: pese al deterioro económico de Cuba y a la profunda crisis que afecta a su población, el aparato político y de inteligencia construido por el castrismo habría demostrado una extraordinaria capacidad para sobrevivir, adaptarse y proyectar influencia fuera de sus fronteras.

Según el Departamento de Estado, el régimen cubano desarrolló un modelo de confrontación asimétrica con Estados Unidos basado en una “guerra de desgaste” mediante espionaje, infiltración, sabotaje, redes de aliados y una infraestructura revolucionaria internacional. El informe sostiene que agentes vinculados a Cuba consiguieron penetrar durante décadas instituciones estadounidenses, incluidos el Departamento de Estado, el Consejo de Seguridad Nacional y el Pentágono. 

De La Habana a la construcción de una red revolucionaria internacional

El informe sitúa los orígenes de esta estrategia prácticamente en el triunfo revolucionario de 1959 y sostiene que Fidel Castro convirtió rápidamente a Cuba en un centro de articulación de movimientos revolucionarios internacionales.

Uno de los momentos fundamentales señalados es la Conferencia Tricontinental celebrada en La Habana en 1966, que reunió a más de 500 delegados de movimientos de 82 países de África, Asia, América Latina y Oriente Medio.

Para el Departamento de Estado, aquel encuentro ayudó a consolidar una corriente ideológica diferente del comunismo soviético tradicional. Mientras el marxismo clásico situaba el conflicto de clases en el centro de la revolución, el modelo impulsado desde La Habana habría incorporado las luchas anticoloniales, raciales y de liberación del llamado Tercer Mundo como elementos fundamentales de una nueva estrategia revolucionaria.

El informe argumenta que esa visión ejerció una influencia considerable sobre sectores de la llamada Nueva Izquierda estadounidense y menciona las conexiones históricas de Cuba con movimientos como los Black Panthers y Weather Underground, además de establecer vínculos ideológicos posteriores con movimientos radicales contemporáneos.

El Departamento de Estado sostiene que la influencia cubana no se limitó a la propaganda. Afirma que delegaciones de activistas estadounidenses viajaron a Cuba, que determinados grupos mantuvieron contacto con funcionarios cubanos y que organizaciones radicales recibieron apoyo, entrenamiento o asistencia vinculada al aparato de inteligencia de La Habana.

El documento recuerda que, entre 1971 y 1972, el FBI contabilizó alrededor de 2.500 atentados con bombas en territorio estadounidense durante un periodo de 18 meses, y sostiene que algunos de los movimientos involucrados en aquella ola de violencia mantuvieron conexiones con Cuba. 

La exportación de la revolución a América Latina

Una parte considerable del informe está dedicada a reconstruir la intervención cubana en movimientos guerrilleros de América Latina.

Según el documento, desde los primeros meses posteriores a 1959, La Habana impulsó o respaldó expediciones y movimientos revolucionarios en diferentes países del continente.

El informe menciona operaciones o apoyo a organizaciones en Venezuela, Colombia, Perú, Brasil, Paraguay, Argentina, Uruguay, Nicaragua y otros países del Caribe y Centroamérica.

También recuerda la creación de la Organización Latinoamericana de Solidaridad (OLAS), con sede en La Habana, que buscaba coordinar movimientos revolucionarios del continente.

Entre los grupos citados aparecen los Tupamaros de Uruguay, los Montoneros argentinos, el Ejército de Liberación Nacional (ELN) y el M-19 de Colombia, así como el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) de Nicaragua.

El documento sostiene que Cuba no solo proporcionó respaldo político, sino que en diferentes momentos ofreció entrenamiento guerrillero, armas, infraestructura, refugio y conexiones internacionales.

En el caso de Nicaragua, el informe describe el triunfo sandinista de 1979 como una de las mayores victorias de la estrategia regional de La Habana. Cuba habría contribuido al fortalecimiento del FSLN mediante suministro de armas, entrenamiento, apoyo propagandístico y coordinación con otros movimientos revolucionarios.

La victoria sandinista, argumenta el Departamento de Estado, demostró la capacidad cubana para convertir movimientos insurgentes locales en parte de una red revolucionaria transnacional.

Puerto Rico y las organizaciones armadas

El informe dedica especial atención a los movimientos independentistas radicales de Puerto Rico.

Señala al militante Filiberto Ojeda Ríos y afirma que fue reclutado por la inteligencia cubana y entrenado en explosivos y tácticas de guerrilla urbana mientras residía en Cuba.

El documento relaciona posteriormente ese conocimiento con organizaciones como las Fuerzas Armadas de Liberación Nacional Puertorriqueña (FALN) y los Macheteros, responsables de atentados, robos y acciones armadas.

Según el informe, para 1973 el FBI estimaba que alrededor de 135 militantes puertorriqueños habían recibido en Cuba entrenamiento en tácticas guerrilleras, fabricación de explosivos y métodos de sabotaje.

El documento también sostiene que Cuba ofreció refugio durante décadas a personas buscadas por la justicia estadounidense por delitos vinculados con organizaciones radicales y acciones violentas.

Venezuela: del foco guerrillero a la conquista institucional

El informe identifica a Venezuela como uno de los ejemplos más importantes de la evolución de la estrategia cubana.

Durante la década de 1960, La Habana habría intentado impulsar la revolución mediante guerrillas y operaciones armadas. El documento recuerda el desembarco de Machurucuto en 1967, en el que participaron combatientes entrenados en Cuba y personal cubano.

Aquellas operaciones fracasaron, pero el informe sostiene que el objetivo cubano terminó materializándose décadas después con la llegada de Hugo Chávez al poder en 1999.

Según el Departamento de Estado, el chavismo ofreció a La Habana una vía mucho más efectiva que la insurgencia tradicional: acceder progresivamente a las estructuras de un Estado rico en petróleo mediante alianzas políticas, acuerdos institucionales y cooperación en sectores estratégicos.

El informe destaca la llegada de decenas de miles de médicos, técnicos, profesores, asesores y otros profesionales cubanos a Venezuela y sostiene que esta presencia permitió a La Habana desarrollar una profunda infraestructura de influencia dentro del país.

A cambio, Cuba recibió durante años grandes cantidades de petróleo venezolano, que se convirtieron en una fuente fundamental de supervivencia económica después de la desaparición de la Unión Soviética. 

El “imperio de espionaje” cubano

Uno de los capítulos centrales del documento está dedicado a la Dirección de Inteligencia (DI), anteriormente conocida como Dirección General de Inteligencia (DGI).

El informe la presenta como uno de los servicios de inteligencia humana más eficaces del mundo y recuerda el testimonio de Florentino Aspillaga Lombard, un alto oficial de inteligencia cubano que desertó en 1987.

Aspillaga reveló que prácticamente todos los agentes que la CIA creía haber reclutado dentro de Cuba durante más de dos décadas eran, en realidad, dobles agentes controlados por La Habana. De acuerdo con el documento, Estados Unidos habría recibido durante años información cuidadosamente manipulada por los servicios cubanos. 

El informe sostiene además que el espionaje cubano continúa representando una amenaza para Estados Unidos y cita estimaciones de antiguos funcionarios de contrainteligencia que consideran posible la existencia de agentes todavía no identificados dentro de instituciones estadounidenses.

Una característica que el documento atribuye al modelo cubano es la búsqueda de “verdaderos creyentes”: personas reclutadas principalmente por afinidad ideológica y no por dinero.

Esta estrategia, según el informe, dificultaría su detección porque los agentes no presentan necesariamente los patrones financieros habituales de los espías remunerados.

El Departamento de Estado también señala a las universidades estadounidenses como espacios prioritarios de identificación y captación de potenciales colaboradores, especialmente jóvenes con perspectivas de alcanzar posteriormente posiciones relevantes en instituciones públicas o privadas.

El documento afirma que la Universidad de La Habana mantenía, hasta 2023, acuerdos de intercambio con cerca de 80 universidades estadounidenses y describe la utilización de relaciones académicas, culturales y educativas dentro de una estrategia más amplia de influencia. 

Ana Belén Montes y Manuel Rocha

Entre los casos más destacados aparece el de Ana Belén Montes, quien llegó a convertirse en analista principal sobre Cuba de la Agencia de Inteligencia de Defensa de Estados Unidos.

Según el informe, Montes fue reclutada por la inteligencia cubana en 1984, cuando estudiaba en la Escuela de Estudios Internacionales Avanzados de Johns Hopkins.

Posteriormente ingresó en la DIA y ascendió hasta ocupar una posición que le permitía informar a los más altos niveles del aparato de seguridad estadounidense.

El documento recuerda que Montes admitió haber revelado las identidades de al menos cuatro oficiales encubiertos estadounidenses y señala que tuvo acceso a información altamente sensible. Fue arrestada en septiembre de 2001, pocos días después de los atentados del 11 de septiembre.

El informe destaca que sus motivaciones habrían sido esencialmente ideológicas y no económicas. 

También aborda el caso del exdiplomático estadounidense Manuel Rocha, quien admitió haber trabajado clandestinamente para Cuba durante décadas.

El documento señala que Rocha fue reclutado en 1973 y construyó deliberadamente una imagen política conservadora para ocultar su verdadera lealtad. Según el informe, su actividad de espionaje se extendió aproximadamente durante medio siglo y el alcance total del daño causado podría tardar años en determinarse o incluso no llegar a conocerse completamente. 

ICAP y la red internacional de “solidaridad”

Otro de los ejes fundamentales del informe es el papel del Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos (ICAP).

Creado en 1960, el ICAP afirma contar con más de 2.000 organizaciones de solidaridad distribuidas en más de 150 países.

El Departamento de Estado sostiene que, detrás de su actividad oficial de intercambios culturales, académicos y políticos, el organismo constituye un punto central de coordinación de la red internacional de influencia cubana.

El informe describe su participación en la organización de viajes de activistas, estudiantes, intelectuales y dirigentes políticos a Cuba y sostiene, basándose en evaluaciones de inteligencia y testimonios de desertores, que sus actividades han mantenido estrecha relación con los servicios de inteligencia cubanos. 

El documento recuerda que en junio de 2026 el Departamento de Estado sancionó al ICAP bajo la Orden Ejecutiva 14404, al considerarlo una entidad del régimen que apoya actividades de inteligencia y contrainteligencia cubanas.

También fue sancionada Amistur Cuba S.A., agencia dedicada al llamado “turismo sociopolítico” y vinculada a la organización de visitas internacionales.

Una red de organizaciones en Estados Unidos

El informe identifica además a la National Network on Cuba (NNOC) como uno de los principales interlocutores estadounidenses del ICAP.

Según el documento, esta coalición agrupa a más de 60 organizaciones estadounidenses y participa en campañas contra el embargo y otras políticas de Washington hacia Cuba.

El Departamento de Estado afirma que estas estructuras permiten conectar al régimen cubano con movimientos políticos y activistas estadounidenses.

El informe concede especial importancia a un supuesto “Plan Nacional de Respuesta Rápida” distribuido en junio de 2026, que, según el documento, planteaba movilizaciones coordinadas en Estados Unidos en caso de una acción militar estadounidense o amenaza de acción contra Cuba.

El plan contemplaría acciones relacionadas con edificios federales, instalaciones militares y centros de detención y oficinas del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE), intentando conectar la solidaridad con Cuba con movimientos contra las políticas migratorias estadounidenses. 

Rusia, China y una nueva arquitectura internacional

El último tramo del informe analiza la transformación de las alianzas cubanas después de la desaparición de la Unión Soviética.

El Departamento de Estado sostiene que el colapso soviético redujo la capacidad de Cuba para financiar operaciones militares y guerrilleras internacionales, pero no eliminó su aparato de inteligencia.

Por el contrario, según el documento, La Habana conservó sus técnicas, archivos, agentes y redes y adaptó esa infraestructura al nuevo escenario internacional.

El informe afirma que Cuba mantiene actualmente relaciones estratégicas con Rusia, China, Irán y Corea del Norte, y sostiene que información obtenida por agentes cubanos podría ser compartida con países adversarios de Estados Unidos. 

En el caso de Rusia, el documento describe una relación de cooperación en la que Moscú aporta recursos, energía, tecnología y capacidades militares, mientras Cuba ofrece su posición geográfica, experiencia regional y estructura de inteligencia.

El informe asegura que existen 18 instalaciones conocidas de inteligencia de señales en Cuba, dos de ellas pertenecientes a Rusia, y señala una creciente presencia de especialistas y capacidades tecnológicas rusas en la isla.

También sostiene que Rusia y China habrían triplicado el número de agentes de inteligencia presentes en Cuba durante los últimos tres años, presentando a la isla como una plataforma estratégica situada a apenas 90 millas de Florida. 

La conclusión del Departamento de Estado

El informe termina planteando una de sus acusaciones más severas.

Para el Departamento de Estado, Cuba no debe ser analizada únicamente como un pequeño Estado comunista económicamente debilitado, sino como el centro de una infraestructura de inteligencia e influencia que ha conseguido sobrevivir a la Guerra Fría y adaptarse al siglo XXI.

El documento sostiene que agentes y operadores vinculados a Cuba mantienen presencia o relaciones con cientos de organizaciones, centros de solidaridad, grupos activistas y redes ideológicas, y llega a vincular la influencia cubana, directa o indirectamente, con algunos de los movimientos radicales y episodios de agitación política más recientes en Estados Unidos.

La conclusión describe a Cuba como un potencial “multiplicador de fuerza” para adversarios internacionales de Washington: un país capaz de ofrecer su territorio, sus servicios de inteligencia, su experiencia en América Latina y sus conexiones políticas internacionales a Rusia, China, Irán y otros actores.

Al mismo tiempo, el Departamento de Estado contrapone esa enorme inversión de recursos políticos y de inteligencia con las condiciones en las que vive la población cubana. Mientras el régimen mantiene y financia su aparato internacional, señala el documento, millones de cubanos enfrentan escasez de alimentos, medicamentos, energía y otros bienes esenciales.

La tesis final del informe es que la estrategia exterior desarrollada desde 1959 no constituye una serie de episodios aislados, sino un proyecto continuado que ha cambiado sus métodos según las circunstancias históricas: de las guerrillas y las operaciones armadas a las redes de inteligencia; de la exportación directa de la revolución a la influencia política e ideológica; y de la dependencia soviética a nuevas alianzas estratégicas con los principales adversarios internacionales de Estados Unidos.

En palabras del propio documento, sin una transformación fundamental del sistema cubano, Washington considera que el régimen seguirá funcionando como una extensa estructura de inteligencia y subversión orientada contra Estados Unidos. El informe concluye con una imagen radicalmente opuesta entre la capacidad exterior del aparato estatal y la realidad interna de la isla: mientras La Habana habría construido durante décadas una sofisticada red internacional para preservar y extender su proyecto político, el pueblo cubano continúa pagando el precio de un sistema que lo mantiene, según la descripción del Departamento de Estado, “en hambre y oscuridad”

El informe completo, Cuba: The Capital of 21st Century Communism, fue preparado por el Departamento de Estado de Estados Unidos y consta de 100 páginas. 

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