El Comité Central se reúne a aplaudir lo que ya estaba decidido

Por Ahriman Thoth

El Buró Político convoca a un Pleno Extraordinario para “evaluar” propuestas que el propio gobernante designado, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, ya había anunciado días antes en declaraciones a la prensa oficialista. El orden de los hechos no es casual y dice más que el comunicado mismo: primero el anuncio desde el poder, después la convocatoria a un órgano partidista para que ratifique lo que ya fue decidido. A esto, quienes llevamos años escribiendo desde dentro de la Isla, sin redacción, sin oficina y muchas veces sin electricidad para terminar una nota a tiempo, ya no le llamamos deliberación institucional. Le llamamos liturgia.

Conviene preguntarse qué hay detrás de ese paquete de más de veinte medidas que se presenta como “transformación”. Se habla de eliminar la obligatoriedad de pasar las importaciones y exportaciones por empresas estatales, de dar a los gobiernos municipales facultad para gestionar sus propias empresas y divisas, y de atraer inversión de cubanos en el exterior. Son ajustes administrativos dentro de un mismo modelo centralizado, no una apertura real de la economía ni una devolución de derechos económicos a la ciudadanía que los reclama desde hace décadas.

El opositor Manuel Cuesta Morúa las calificó de “reformas chinas tardías” hechas “bajo improvisación” , y advirtió que de nada sirven sin ir acompañadas de cambios en el orden constitucional y político que generen confianza real. Coincido con su señalamiento más certero: el propio gobernante designado no ha pensado en darle un lugar a los cubanos en este proceso. Las medidas se diseñan en una oficina con aire acondicionado y se bajan al país que hace cola a las cinco de la mañana para comprar pollo.

El escepticismo no es solo de la oposición. El presidente del Consejo Económico y Comercial Estados Unidos-Cuba, John S. Kavulich, advirtió sobre la distancia que históricamente ha existido entre los anuncios del régimen y su implementación real . Es una distancia que conozco de memoria, como todos los que vivimos aquí: la “actualización del modelo” lleva más de una década de discursos y resoluciones que rara vez se traducen en algo que se sienta en la mesa, en el bolsillo o en el interruptor de la luz.

El contexto en que se anuncian estas medidas tampoco es casual. El pleno llega en medio de apagones prolongados, sanciones internacionales y una presión social creciente , mientras economistas y sectores críticos coinciden en que el problema de fondo no es la falta de ajustes técnicos, sino el propio modelo centralizado, la falta de libertades económicas y la opacidad con que el Estado administra la crisis . Ningún Pleno Extraordinario resuelve eso si no toca la raíz: el monopolio político que sigue decidiendo, sin consultar a nadie fuera de su círculo, qué reforma es “posible” y cuál no.

Así que cuando este miércoles el Comité Central se reúna a “evaluar” lo que el gobernante designado ya anunció, escribo esto sabiendo cómo termina: el resultado ya está redactado de antemano, solo falta el aplauso. La pregunta que el comunicado oficial no hace, y que en Cuba nos hacemos todos los días sin luz y sin respuestas, sigue siendo la misma: ¿transformación para quién, y decidida por quién?

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