
El régimen profundiza la dolarización: El análisis de Pedro Monreal sobre las nuevas normas económicas
El economista cubano Pedro Monreal ha hecho un análisis sobre las cuatro normas recién aprobadas por el Gobierno, destinadas a expandir las transacciones en divisas y a reorganizar —aún más— el control estatal sobre la asignación de moneda fuerte. Su conclusión preliminar es contundente: lejos de proteger al peso cubano, el Estado está retrocediendo en su defensa y avanzando hacia una dolarización reforzada que funcionaría como un “esteroide” para una economía colapsada.
Las medidas incluyen tres disposiciones que amplían el uso interno de divisas y una cuarta que hipercentraliza la gestión estatal de la moneda dura. Para Monreal, la señal política y técnica es clara: Cuba da por muerto el intento de unificación monetaria del “ordenamiento” y se prepara para un nuevo mercado cambiario.
Un viraje legal que desmonta el ordenamiento
Monreal subraya que la clave no está solo en lo que dicen las nuevas normas, sino en lo que eliminan. Se derogan seis regulaciones previas: cuatro pertenecientes al paquete fundacional del “ordenamiento monetario” y dos asociadas a su implementación inicial.
Varias de estas reglas cortas —como las resoluciones 114/2020, 181/2020 y 52/2021— fueron absorbidas técnicamente en normativas más amplias. Pero las más significativas, las resoluciones 115 y 153, fueron totalmente reformuladas en la nueva Resolución 140/2025, un texto que redefine por completo las “bases generales para el sistema de gestión, control y asignación de las divisas de la economía nacional”.
El cambio conceptual es notable. Ya no se habla del “sistema de asignación de liquidez del Plan de la Economía Nacional”, eje del ordenamiento. Ahora se sustituye por un “sistema de gestión, control y asignación de las divisas”, un marco que reconoce explícitamente la dolarización parcial, una expresión que jamás apareció en las normativas anteriores.
Nuevos pilares: cuentas en divisas y el ACAD
El rediseño incorpora dos elementos centrales: Cuentas en divisas como instrumentos habituales de operación. El mecanismo ACAD (Asignación de Capacidad de Acceso a la Divisa), una vía que permitiría comprar divisas directamente al Estado usando pesos cubanos.
Este último punto es interpretado como un paso hacia la institucionalización de un mercado cambiario oficial renovado, con tasas potencialmente flotantes y un carácter operativo más alineado con el sector no estatal.
Un objetivo explícito: ordenar la dolarización
La Resolución 140/2025 va más allá de cambios administrativos. Establece como objetivo oficial “definir las fuentes de acceso lícitas a las divisas”, un esfuerzo por regular la circulación de moneda extranjera dentro de una economía marcada por la informalidad y el mercado negro.
Además: La nueva Resolución 125/2025 elimina la palabra “remesas” y la reemplaza por “transferencias del exterior”. Incluye la posibilidad de ingresar divisas mediante la compra en un futuro mercado cambiario, lo que sugiere que ya se diseña un mecanismo formal para ello.
Monreal considera que el Gobierno podría estar apostando a que la mayor circulación de divisas y la dolarización parcial reforzada permita operar una tasa más estable y aumentar la captación estatal de moneda fuerte.
¿Más dolarización como “esteroide” económico?
El diagnóstico de Monreal es severo: la dolarización parcial se convierte en una herramienta de supervivencia para un sistema económico en fase de agotamiento estructural. El Estado, sin capacidad para sostener el peso, habría optado por reducir su papel en la defensa de la moneda nacional y delegar su estabilidad en el flujo de divisas externas.
Pero el economista advierte que este viraje no resuelve las causas del colapso productivo ni la ineficiencia estructural del modelo centralizado. Solo inyecta liquidez temporal, como un esteroide que acelera funciones debilitadas sin curar la enfermedad.
Un modelo cada vez más dependiente del dólar
El marco normativo recién publicado parece confirmar que la dolarización no es un fenómeno espontáneo de mercado, sino una estrategia estatal deliberada. Lo nuevo es que ahora se reconoce y se regula abiertamente.
Para una economía con salarios en pesos, precios crecientemente dolarizados y un mercado informal dominante, este giro podría profundizar las desigualdades sociales y consolidar la fragmentación monetaria que el “ordenamiento” prometió resolver.
Monreal concluye que todavía queda “mucha tela por cortar”, pero la lectura preliminar es inequívoca: el Estado cubano se automutila en su función monetaria y apuesta a un esquema de divisas que podría definir la próxima década económica del país.







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