Amelia Calzadilla, presidenta del Partido Liberal Clásico Cubano, responsabilizó al modelo comunista del desplome del poder adquisitivo de los profesionales cubanos y advirtió de sus consecuencias para la emigración y los servicios esenciales. En un texto dirigido a amigos españoles que le preguntan por la realidad de la Isla, sostiene que los salarios han dejado de ofrecer una recompensa suficiente al estudio y al trabajo.
La dirigente parte de una referencia de cambio de 1.000 pesos cubanos por euro para comparar los ingresos de un médico especialista de segundo grado y un profesor especialista. Con los salarios mensuales de 8.800 y 7.700 pesos que cita, calcula ingresos equivalentes a 8,80 y 7,70 euros, respectivamente. Es la comparación con la que ilustra la pérdida de valor del salario frente a los bienes que necesitan las familias.
Calzadilla contrapone esos ingresos a los precios de alimentos y medicamentos que expone en su publicación. Entre sus ejemplos figuran un cartón de huevos por unos cuatro euros y un paquete de diez kilos de pollo por diez. Estima en unos 300 euros al mes el costo de bienes de consumo básicos, sin incluir alquiler, transporte, medios para cocinar ni telecomunicaciones.
Su crítica apunta al control de la economía y a las restricciones a la propiedad privada. Sostiene que la promesa de igualdad ha terminado sustituyendo la posibilidad de negociar y prosperar por la dependencia de un poder que invoca servicios gratuitos mientras mantiene a los trabajadores en la pobreza.
La presidenta del Partido Liberal Clásico Cubano señala también la dependencia de las familias respecto a quienes viven fuera del país. Denuncia que la supervivencia de muchos cubanos queda condicionada a tener un familiar capaz de pagar alimentos y otros productos mediante las plataformas de venta desde el extranjero, un mecanismo que describe como una forma de extorsión.
«Los comunistas se han encargado de dejarnos sin el capital más importante que necesita una nación para poder desarrollarse: el capital humano», afirma. Su argumento no se limita a la salida de profesionales: advierte de que quienes permanecen en Cuba también pierden incentivos para sostener con su trabajo la atención médica y la educación.
«Nos han quitado el incentivo natural de estudiar y trabajar», escribe. Para Calzadilla, cuando el esfuerzo no permite cubrir las necesidades de una persona y su familia, la respuesta termina siendo dejar de esforzarse, con consecuencias para toda la sociedad. Su conclusión es que el colectivismo que promete protección ha alimentado, en cambio, un instinto de supervivencia condicionado a la ayuda exterior.








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