
"Cuba ya ha caído": el fracaso de la dictadura no es todavía la libertad
Una dictadura puede fracasar como sistema y seguir dominando a un país. Esa es la diferencia que conviene tener presente al leer la frase de Marco Rubio: "Cuba ya ha caído". Confundir el hundimiento de un modelo con el fin de quienes lo imponen convierte un diagnóstico en una promesa que nadie ha hecho.
El secretario de Estado estadounidense pronunció esas palabras en una entrevista con Sean Hannity, en Fox News, el lunes 28 de septiembre. No son una declaración nueva. ClickCuba ya informó sobre aquella entrevista y su advertencia al régimen. Lo que merece una reflexión ahora es la distancia entre un sistema fracasado y una Cuba libre.
Fracasar no significa soltar el poder
Hannity le preguntó si Cuba estaba "a punto de caer". Rubio contestó que ya había caído y explicó su respuesta: describió una economía que no funciona y un régimen que conserva capacidad para encarcelar y matar. Su propia explicación impide interpretar la frase como el anuncio de que la dictadura haya terminado.
Ahí está el problema. Para una familia cubana, que el sistema haya perdido toda capacidad de ofrecer un futuro no significa que haya perdido el control sobre su presente. La incapacidad de producir bienestar y la capacidad de reprimir pueden convivir. Una no cancela la otra.
Por eso, llamar a Cuba "Estado fallido" puede describir el desastre, pero no resuelve la pregunta decisiva: ¿cómo se devuelve a los cubanos la posibilidad de decidir sobre su país?
Cambiar la economía sin cambiar el poder
En la misma respuesta, Rubio sostuvo que las libertades económicas y políticas deben avanzar juntas y que ese cambio exigiría una transición. Es la parte de sus palabras que debería pesar más que cualquier amenaza.
Nuestra posición es clara: una apertura que permita hacer negocios sin reconocer el derecho a disentir no sería la libertad de Cuba. Sería una nueva forma de administrar su falta de libertad. No basta con cambiar a quien ocupa un despacho, ni con conceder permisos que el mismo poder pueda retirar mañana.
Una transición debe medirse por derechos y garantías: libertad para los presos políticos, fin de la persecución, derecho a organizarse, prensa libre y elecciones en las que los ciudadanos puedan escoger y sustituir a sus dirigentes. Sin eso, la palabra "cambio" puede acabar protegiendo la continuidad.
Ni resignación en la isla ni triunfalismo en el exilio
Para el exilio, las palabras de Rubio pueden alimentar una esperanza comprensible. Pero la esperanza merece algo mejor que un calendario imaginario. La entrevista no fijó una fecha para el final del régimen ni anunció una operación que lo hiciera inevitable.
Tampoco corresponde pedir a quienes viven bajo la dictadura que arriesguen su vida para demostrar que quieren ser libres. La solidaridad del exilio debe acompañar, ayudar y defender a quienes sufren la represión, no convertirlos en espectadores de una salvación prometida desde fuera ni en responsables de que esa promesa tarde en cumplirse.
El fracaso del régimen no obliga a los cubanos a resignarse. Pero reconocer ese fracaso tampoco autoriza a dar por ganada la libertad.
"Cuba ya ha caído" puede ser una sentencia sobre el modelo. La dictadura, sin embargo, no habrá terminado mientras conserve el poder de decidir quién habla, quién participa y quién va a prisión. El día decisivo no será aquel en que alguien declare que Cuba cayó, sino aquel en que los cubanos puedan levantarla sin pedir permiso.
Fuente de las declaraciones: entrevista de Marco Rubio con Sean Hannity, Fox News, 28 de septiembre de 2026. Publicación del propio programa, del 29 de septiembre.








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