EE. UU. exportó casi 157 millones de dólares en combustible a Cuba en siete meses pese al discurso del régimen sobre las sanciones

Estados Unidos exportó a Cuba cerca de 157 millones de dólares en combustibles y derivados del petróleo entre enero y julio de 2026, un dato que adquiere especial relevancia en momentos en que el régimen de La Habana continúa atribuyendo a las sanciones estadounidenses buena parte de la escasez de combustible y la crisis energética que golpea al país.

Los datos recopilados a partir de los registros comerciales estadounidenses por el U.S.-Cuba Trade and Economic Council sitúan las exportaciones de combustibles, gasolina, queroseno y aceites en 156.881.177 dólares durante los primeros siete meses del año.

Solo durante julio fueron enviados productos por 61.140.685 dólares, una cifra extraordinariamente superior a los niveles registrados en años anteriores.

La comparación resulta significativa: durante todo 2025, las exportaciones estadounidenses de combustibles y aceites hacia Cuba alcanzaron apenas 311.558 dólares, mientras que en 2024 fueron 938.894 dólares.

El aumento producido en 2026 es, por tanto, considerable.

Los registros generales del U.S. Census Bureau confirman además que las exportaciones totales de bienes estadounidenses hacia Cuba alcanzaron 148,9 millones de dólares en julio, elevando a aproximadamente 674 millones de dólares el comercio exportador acumulado entre enero y julio.

Estados Unidos sí permite enviar combustible a Cuba

Las cifras desmontan una interpretación frecuente del embargo: que Estados Unidos mantiene una prohibición absoluta que impide la entrada de combustible estadounidense a la Isla.

No es así.

El Bureau of Industry and Security (BIS), perteneciente al Departamento de Comercio de Estados Unidos, establece expresamente que determinados productos de gas y petróleo de origen estadounidense pueden exportarse o reexportarse a Cuba mediante la excepción denominada Support for the Cuban People (SCP).

La autorización contempla combustible destinado a entidades del sector privado cubano para actividades económicas privadas y también ventas directamente destinadas a ciudadanos para uso personal o familiar.

Las normas, sin embargo, establecen límites claros: esas operaciones no pueden utilizarse principalmente para generar ingresos para el Estado cubano ni contribuir al funcionamiento de sus estructuras.

En marzo de 2026, Washington endureció además las condiciones relacionadas con los pagos a través de bancos propiedad del régimen, al considerar que esas operaciones podían terminar beneficiando a estructuras estatales, militares o de inteligencia.

Pero el propio Departamento de Comercio aclaró que esa restricción no impide operaciones realizadas mediante instituciones financieras de terceros países que cumplan las condiciones establecidas.

De casi un millón a 157 millones en dos años

La evolución de las cifras muestra la magnitud del cambio.

En 2024 llegaron desde Estados Unidos combustibles y aceites valorados en menos de un millón de dólares. En 2025 la cantidad descendió incluso a poco más de 311.000 dólares.

Durante los primeros siete meses de 2026, sin embargo, el valor se disparó hasta casi 157 millones.

Gasolina sin plomo, aceites combustibles, queroseno, lubricantes, aceites minerales y propano licuado aparecen entre los productos exportados.

Los envíos de julio salieron principalmente de puertos estadounidenses vinculados a Miami y Houston, además de operaciones desde Nueva Orleans y Tampa.

Las sanciones existen, pero no son un bloqueo absoluto al combustible

El dato no significa que las sanciones estadounidenses carezcan de efectos sobre la capacidad de Cuba para adquirir petróleo.

Las restricciones pueden dificultar operaciones financieras, limitar transacciones con determinadas entidades estatales y militares, aumentar los costes comerciales y reducir el número de empresas dispuestas a negociar con estructuras controladas por el régimen.

Pero los propios registros estadounidenses demuestran que no existe una prohibición absoluta para que combustible llegue desde Estados Unidos a Cuba.

De hecho, el Departamento de Comercio dispone de mecanismos expresamente diseñados para permitir esas operaciones cuando el beneficiario sea el sector privado o directamente la población cubana.

La distinción resulta especialmente importante mientras el país atraviesa una de las peores crisis energéticas de las últimas décadas, con déficits de generación superiores a los 2.000 MW y apagones que en determinadas zonas pueden superar ampliamente las diez horas diarias.

Una pregunta que permanece abierta

El aumento de las exportaciones estadounidenses introduce una cuestión que merece especial atención: si desde el propio territorio estadounidense pueden llegar legalmente millones de dólares en combustibles, ¿hasta qué punto puede explicarse la escasez energética únicamente mediante las sanciones?

El deterioro de las termoeléctricas, décadas de insuficiente inversión, falta de divisas, deudas con proveedores y las prioridades en la utilización de los recursos disponibles forman también parte de una crisis que precede al actual endurecimiento de las sanciones.

Los casi 157 millones de dólares en combustibles exportados desde Estados Unidos en apenas siete meses no significan que las sanciones hayan desaparecido.

Pero sí demuestran algo mucho más concreto: el embargo estadounidense no equivale a una prohibición absoluta para que combustible salga de Estados Unidos y llegue a Cuba.

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