
Cuba vive entre apagones: la crisis eléctrica deja al país con cortes de hasta 20 horas y nuevas fallas del SEN
Los apagones han dejado de ser una situación excepcional en Cuba para convertirse en parte de la vida cotidiana. Cortes que se prolongan durante gran parte del día, averías en las termoeléctricas y sucesivas desconexiones del Sistema Electroenergético Nacional mantienen a millones de personas sometidas a una crisis eléctrica que no encuentra solución.
El episodio más reciente ocurrió este jueves, cuando una oscilación en las líneas de transmisión provocó una desconexión desde Holguín hasta Guantánamo, una región en la que viven unos 3,4 millones de personas.
El incidente provocó además la salida de varias unidades termoeléctricas. La Unión Eléctrica informó posteriormente que logró restablecer la conexión de las provincias orientales con el SEN, pero recuperar la conexión del sistema no significa terminar con los apagones: el déficit de generación continúa obligando a cortar el servicio.
La situación se extiende por prácticamente todo el país.
El miércoles 26 de agosto, la máxima afectación nacional alcanzó los 1.965 megavatios por déficit de capacidad de generación. En Holguín se registraron ese mismo día interrupciones superiores a las 19 horas.
Días antes la situación había sido todavía peor. El 18 de agosto, la Unión Eléctrica llegó a pronosticar una afectación de 2.369 MW para el horario de máxima demanda, mientras que a comienzos de mes el déficit provocó afectaciones superiores a los 2.400 MW.
Los apagones tampoco se limitan a las provincias. En La Habana, donde durante años los cortes fueron menos prolongados que en el resto del país, numerosos circuitos sufren actualmente interrupciones diarias, a las que se suman transformadores averiados y otros problemas en una red eléctrica deteriorada.
Un sistema que falla una y otra vez
La desconexión del oriente de este jueves tampoco constituye un hecho excepcional.
Cuba ha sufrido durante los últimos años sucesivos colapsos totales y parciales del SEN. Solo en agosto se han producido apagones generales y desconexiones parciales que han dejado simultáneamente a millones de personas sin electricidad.
El problema de fondo continúa siendo la incapacidad del sistema para generar la electricidad que demanda el país.
Buena parte de las termoeléctricas cubanas acumula décadas de explotación y sufre constantes averías y mantenimientos. A ello se suman las limitaciones de generación térmica, la falta de combustible para numerosas plantas y grupos electrógenos y una infraestructura que necesita inversiones que durante años no se realizaron en la magnitud necesaria.
La instalación de parques solares ha incrementado la generación durante las horas de sol, pero hasta ahora no ha conseguido resolver el enorme déficit que aparece cuando cae la producción fotovoltaica y aumenta la demanda durante la noche.
Mucho más que quedarse sin luz
Las consecuencias alcanzan prácticamente todos los ámbitos de la vida cotidiana.
Cuando falta electricidad también se dificulta el bombeo de agua, se deterioran los alimentos que necesitan refrigeración, se interrumpen servicios y comunicaciones y se vuelve más difícil cocinar en hogares que dependen de equipos eléctricos.
Los apagones también afectan centros de trabajo, escuelas y pequeñas actividades privadas, mientras las familias tienen que organizar sus horarios alrededor de unas pocas horas de electricidad.
La situación se ha prolongado tanto que en algunas provincias pasar gran parte del día sin corriente ha dejado de ser una emergencia para convertirse en rutina.
La desconexión entre Holguín y Guantánamo fue solucionada técnicamente, pero el problema que la rodea permanece intacto: Cuba continúa produciendo mucha menos electricidad de la que necesita y millones de personas siguen viviendo pendientes de cuándo llega y cuándo vuelve a irse la corriente.







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