Las 176 medidas: lo que el régimen no está contando

Cada cierto tiempo, el régimen cubano anuncia un nuevo paquete de reformas con la promesa de reactivar la economía. Antes fueron los “Lineamientos”, después la “Tarea Ordenamiento”, más tarde la autorización de las mipymes y ahora llegan las 176 medidas económicas y sociales aprobadas por la Asamblea Nacional.

La narrativa oficial vuelve a ser la misma: flexibilizar la economía, impulsar la producción, atraer inversiones y solucionar algunos de los problemas que afectan al país.

Pero la pregunta que muchos cubanos se hacen no es cuántas medidas se aprobaron, sino otra mucho más sencilla: ¿por qué esta vez debería ser diferente?

Algunas medidas van en la dirección correcta

Sería un error afirmar que las 176 medidas no contienen cambios importantes. Algunas eliminan restricciones que durante años frenaron la actividad económica.

Entre ellas destacan una mayor participación del sector privado en determinadas actividades, nuevas posibilidades para atraer inversión, cambios en la agricultura, mayor flexibilidad para algunas importaciones y una apertura limitada en sectores como el turismo.

En cualquier economía, reducir trabas burocráticas suele favorecer la producción y la inversión.

Entonces, ¿por qué existe tanto escepticismo?

Porque las reformas llegan después de años en los que muchas de esas mismas propuestas fueron rechazadas o calificadas de incompatibles con el modelo económico cubano.

Lo que sigue igual

Aunque el régimen ha ampliado el margen de actuación del sector privado, el Estado continúa controlando los principales sectores de la economía.

La banca, el comercio exterior, la energía, las telecomunicaciones, buena parte del turismo, la gran industria y las empresas más rentables permanecen bajo control estatal.

El designado Miguel Díaz-Canel también dejó claro durante la Asamblea Nacional que no existe intención de modificar el modelo político ni el papel del Estado sobre los sectores considerados estratégicos.

Eso significa que muchas de las nuevas oportunidades seguirán dependiendo de autorizaciones administrativas y regulaciones emitidas por las propias instituciones estatales.

El verdadero problema no eran las mipymes

Durante años, numerosos economistas advirtieron que el exceso de controles estaba frenando la producción nacional.

Sin embargo, cuando comenzaron a aparecer las primeras mipymes, parte del discurso oficial terminó señalándolas como responsables del aumento de los precios.

La realidad es más compleja.

Una empresa privada no puede producir si no encuentra materias primas, si no tiene acceso estable a divisas, si depende de autorizaciones constantes o si trabaja en medio de apagones de más de diez horas diarias.

Las reformas pueden reducir algunos obstáculos, pero no eliminan esos problemas estructurales.

La economía necesita algo más que nuevas medidas

Ningún paquete de reformas puede evaluarse únicamente por el número de normas aprobadas.

La verdadera prueba llegará cuando esas medidas empiecen a reflejarse en la vida cotidiana.

¿Habrá más alimentos?

¿Disminuirán los apagones?

¿Se estabilizarán los precios?

¿Aumentará la producción nacional?

¿Llegarán nuevas inversiones?

Esas son las preguntas que determinarán si las 176 medidas representan un punto de inflexión o se convierten en un nuevo anuncio que genera expectativas sin traducirse en mejoras visibles.

La confianza también forma parte de la economía

Las inversiones no dependen únicamente de incentivos fiscales o nuevas regulaciones.

Quienes deciden invertir buscan estabilidad, reglas claras, seguridad jurídica y la posibilidad de desarrollar un proyecto sin cambios constantes en las normas del juego.

Ese es uno de los grandes desafíos que enfrenta el régimen.

Las 176 medidas pueden abrir algunas puertas que permanecieron cerradas durante años, pero difícilmente cambiarán por sí solas el rumbo de la economía si no van acompañadas de un entorno que genere confianza para producir, invertir y crear riqueza.

Al final, los cubanos no medirán el éxito de estas reformas por el número de medidas aprobadas ni por los discursos pronunciados en la Asamblea Nacional.

Lo medirán cuando puedan llenar el refrigerador sin hacer largas colas, cuando la electricidad deje de ser un privilegio de unas pocas horas al día y cuando su salario vuelva a alcanzar para vivir con dignidad.

Sin cambios políticos los cambios económicos no tendrán éxitos.

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