El otro efecto de los apagones: sin internet, sin llamadas y sin poder pagar

Los prolongados apagones que afectan a Cuba no solo dejan a millones de personas sin electricidad. También provocan la caída de la telefonía móvil, el acceso a internet y los pagos electrónicos, agravando el impacto de una crisis que alcanza prácticamente todos los aspectos de la vida cotidiana.

Cuando el suministro eléctrico se interrumpe durante horas, muchas radiobases de ETECSA dejan de funcionar al agotarse sus sistemas de respaldo. Como consecuencia, numerosas localidades quedan sin cobertura telefónica y sin conexión a internet, lo que dificulta tanto la comunicación entre familias como la actividad económica.

La bancarización choca con la realidad

El problema adquiere una dimensión mayor debido a la política de bancarización impulsada por el régimen en los últimos años, que promovió el uso de transferencias bancarias, tarjetas y plataformas como Transfermóvil y EnZona para realizar pagos y operaciones comerciales.

En la práctica, cuando desaparece la electricidad y fallan las telecomunicaciones, muchos de esos servicios dejan de funcionar. Comercios privados, trabajadores por cuenta propia y mipymes se encuentran con dificultades para cobrar, mientras los clientes no pueden realizar transferencias ni utilizar aplicaciones de pago electrónico.

Aunque algunos negocios siguen aceptando efectivo, otros priorizan o dependen de los medios digitales, por lo que las interrupciones de internet terminan paralizando operaciones comerciales y retrasando pagos a proveedores.

Familias que pasan horas sin poder comunicarse

La caída de las comunicaciones también afecta a millones de cubanos que mantienen contacto diario con familiares en el exterior.

Cada apagón prolongado puede significar horas, e incluso días, sin posibilidad de realizar llamadas, enviar mensajes o confirmar que sus seres queridos se encuentran bien. Para quienes viven fuera de la isla, la incertidumbre se ha convertido en una consecuencia más de la crisis energética.

Una infraestructura cada vez más vulnerable

El deterioro del sistema eléctrico ha puesto de manifiesto la fragilidad de la infraestructura de telecomunicaciones. Aunque algunas radiobases cuentan con baterías o grupos electrógenos, estos sistemas solo permiten mantener el servicio durante un tiempo limitado y resultan insuficientes cuando los cortes de electricidad se prolongan.

La situación también repercute en pequeños negocios, centros de trabajo y servicios que dependen de una conexión estable para operar con normalidad.

Mucho más que un apagón

Los cortes eléctricos ya no solo significan oscuridad en los hogares. También implican dificultades para comunicarse, trabajar, estudiar, cobrar o realizar una simple transferencia bancaria.

Mientras el régimen continúa apostando por la digitalización de las operaciones económicas, la crisis del sistema eléctrico y las constantes interrupciones de las telecomunicaciones dificultan precisamente el funcionamiento de las herramientas que esa política pretende fomentar.

Para millones de cubanos, el apagón no termina cuando se va la luz. Continúa cuando el teléfono pierde la señal, internet deja de funcionar y una compra cotidiana no puede pagarse porque la red también ha colapsado.

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