
La obra de teatro que llaman Revolución: ¿hasta cuándo la burla al pueblo?
Por Ahriman Thoth, para ClickCuba
La Habana, Cuba—El Pleno Extraordinario del Comité Central dejó una frase que resume el verdadero objetivo de las llamadas “transformaciones”. El secretario de Organización del Partido Comunista, Roberto Morales Ojeda, afirmó que los cambios propuestos tienen como propósito “preservar la Revolución y las conquistas del Socialismo”. Antes de que comenzara cualquier discusión, el resultado ya estaba decidido. No se trata de evaluar si el sistema funciona o no, sino de encontrar nuevas fórmulas para mantenerlo en pie. Eso no es un debate. Es una representación.
El primer ministro Manuel Marrero Cruz presentó una extensa lista de medidas relacionadas con la gestión empresarial, la planificación económica, los municipios, la agricultura, la energía, la banca, los impuestos y la inversión extranjera. Sobre el papel parece un programa ambicioso. En la práctica, es el reconocimiento de que esos mismos sectores llevan años acumulando fracasos, deterioro e ineficiencia bajo la dirección de quienes ahora prometen corregirlos.
Sin embargo, el mensaje más importante no estuvo en las medidas, sino en la advertencia que las acompaña. Marrero dejó claro que los cambios “no representan una desviación del proyecto socialista”. Traducido al lenguaje cotidiano, significa que podrán modificarse procedimientos, estructuras o nombres, pero el poder seguirá concentrado en las mismas manos y bajo las mismas reglas.
La escena más reveladora llegó cuando el general José Amado Ricardo Guerra informó que Raúl Castro participó mediante videollamada y respaldó plenamente las propuestas. Como prueba se exhibió su firma en el documento final. La imagen resulta difícil de ignorar: un hombre que ha ejercido el poder durante décadas avalando desde la distancia un paquete de decisiones que los ciudadanos nunca tuvieron oportunidad de debatir ni de aprobar.
En su intervención, Raúl Castro pidió actuar “con los pies y los oídos pegados a la tierra” y escuchar las preocupaciones de la población. Sin embargo, ese llamado a escuchar al pueblo se produjo precisamente dentro de un proceso donde el pueblo no tuvo voz. La paradoja es tan evidente que casi parece una ironía involuntaria.
Ahí aparece la obra completa. Cada actor interpreta su papel sin apartarse del libreto. El dirigente que invoca la unidad cuando faltan explicaciones. El primer ministro que presenta reformas sin cuestionar las causas profundas de la crisis. El general que exhibe una firma como si equivaliera al consenso nacional. Y la figura histórica que bendice desde lejos decisiones ya tomadas.
Mientras tanto, el público sigue siendo el mismo. Los cubanos que enfrentan apagones interminables, escasez de alimentos, deterioro de los servicios básicos y una economía que no deja de empeorar. Son ellos quienes conocen el desenlace antes de que caiga el telón, porque llevan demasiado tiempo viendo repetirse la misma función.
La pregunta sigue siendo la misma: ¿hasta cuándo? Mientras los ciudadanos permanezcan fuera de las decisiones fundamentales y el concepto de consenso continúe reduciéndose a acuerdos internos dentro de la cúpula gobernante, ningún cambio será realmente profundo. El gobernante designado, Miguel Díaz-Canel, puede seguir anunciando transformaciones y actualizaciones del modelo. Pero la isla continúa esperando algo mucho más simple y mucho más difícil de conceder: que la opinión de los cubanos cuente de verdad.
Aun así, hay algo que escapa al control de cualquier comunicado oficial. Una firma puede certificar una decisión. Un documento puede intentar legitimar una política. Pero ninguna estructura de poder puede sustituir la voz de quienes se atreven a cuestionar públicamente aquello que otros pretenden presentar como inevitable.
Quizás por eso la llamada Revolución lleva más de seis décadas intentando protegerse de la opinión libre de sus propios ciudadanos. Y tal vez ese sea el diagnóstico que ningún Pleno, por extraordinario que se proclame, estará dispuesto a reconocer.






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