Masones cubanos expulsan a ocho miembros acusados de traicionar a la fraternidad

La Corte Suprema de Justicia Masónica expulsó de la Orden a ocho miembros de la masonería cubana tras hallarlos responsables de diversos delitos que incluyen fraude, malversación, abuso de autoridad y violaciones a los principios de la fraternidad, según informó la periodista Camila Acosta en un reportaje publicado por CubaNet.

Entre los sancionados figuran Mario Alberto Urquía Carreño, ex Gran Maestro de la Gran Logia de Cuba, y Airam Cervera Reigosa, ex Gran Tesorero. Ambos fueron encontrados culpables de irregularidades relacionadas con la administración de recursos de la institución, lo que derivó en su expulsión definitiva.

De acuerdo con la información publicada por CubaNet, Urquía Carreño abandonó el cargo en agosto de 2024 tras verse envuelto en un escándalo de corrupción que provocó fuertes cuestionamientos dentro de la masonería cubana. Posteriormente, una auditoría interna concluyó que él y Cervera Reigosa habrían participado en una presunta estafa que ocasionó importantes pérdidas económicas a la Gran Logia de Cuba.

La relación de expulsados incluye además a Rancell Montero Romero, expresidente de la Corte Suprema de Justicia Masónica. Según la investigación de Camila Acosta, Montero fue acusado de perjurio, desaparición de documentos, abuso de funciones y otras faltas consideradas graves por las autoridades masónicas.

Su gestión estuvo marcada por una fuerte polémica debido a la suspensión de más de un centenar de logias y decenas de masones que se opusieron a la dirección encabezada por Mayker Filema Duarte. Asimismo, fue señalado por promover procesos disciplinarios contra reconocidas figuras de la institución, entre ellas José Ramón Viñas Alonso y el escritor Ángel Santiesteban Prats.

La sentencia ratificó todas las sanciones impuestas y rechazó los recursos de apelación presentados por los acusados. Según fuentes masónicas citadas por CubaNet, la decisión busca recuperar la credibilidad de una organización afectada durante años por disputas internas, denuncias de corrupción y cuestionamientos sobre posibles intentos de control externo.

La medida se produce en medio de una crisis que ha dividido profundamente a la masonería cubana. Durante los últimos años, numerosos miembros han denunciado presuntas maniobras dirigidas a influir en una de las pocas organizaciones de la sociedad civil que históricamente había mantenido cierto grado de autonomía frente al poder político.

Para muchos masones, las expulsiones representan un intento de restaurar los principios de fraternidad, transparencia e independencia que han caracterizado tradicionalmente a la institución y de cerrar uno de los capítulos más conflictivos de su historia reciente.

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