
CRÓNICA DESDE LA HABANA
El «giro capitalista» de Díaz-Canel: un paquete de 20 medidas desesperadas ante el colapso total de la Isla
Por: Ahriman Thoth en Cuba
La Habana, 12 de junio de 2026 —En medio de una de las crisis energéticas y de desabastecimiento más agudas de la historia reciente de Cuba —donde el propio mandatario admitió que en los últimos cinco meses solo ha entrado un barco de petróleo al país—, Miguel Díaz-Canel apareció ante las cámaras de la presidencia para anunciar un paquete de más de 20 reformas económicas y estructurales. El discurso, revestido con la acostumbrada retórica de la «resistencia heroica contra el imperio», esconde detrás un reconocimiento implícito del fracaso del modelo centralizado de planificación socialista.
Para quienes reportamos la realidad desde las calles cubanas, sin el filtro de los medios oficiales, el anuncio se lee como un manotazo de ahogado. El gobierno se ve forzado a abrirle las puertas a dinámicas de mercado que durante décadas satanizó, intentando desesperadamente esquivar la etiqueta de «Estado fallido» que la realidad le impone a diario.
Descentralización a la fuerza y autonomía empresarial: ¿El fin del monopolio absoluto?
El núcleo de lo anunciado por Díaz-Canel se basa en romper «viejas contradicciones» entre la planificación central y los incentivos de mercado. El mandatario delineó reformas que, de cumplirse, transformarían el control económico estatal en tres niveles:
Autonomía total a la Empresa Estatal Socialista: Se promete que operarán «sin intermediarios» y «sin manos metidas en su gestión». Las empresas estatales podrán diseñar sus propios sistemas de salarios (sin límites máximos), usar sus utilidades de forma autónoma, elegir clientes y proveedores y participar directamente en el mercado cambiario de divisas.
Poder absoluto a los Municipios: Bajo el concepto de «gobierno cercano al ciudadano», los municipios tendrán la facultad de gestionar inversión extranjera directa, aprobar proyectos de cubanos residentes en el exterior o dentro de la isla, e importar y exportar de forma directa sin depender del plan central de La Habana.
Adiós a las listas de prohibiciones para las MiPyMEs: Para las formas de gestión no estatal (privados), se anunció que se «limitarán las actividades prohibidas» para que su objeto social sea lo más amplio posible. Además, se prometió agilizar la aprobación masiva de licencias pendientes de forma descentralizada a nivel municipal.
La mirada desde la calle: Este «destrabe» no nace de una convicción ideológica de modernización, sino de la incapacidad del aparato central para poner comida en la mesa de los cubanos. Al pasar la responsabilidad a los municipios y a los empresarios, el régimen también descentraliza la culpa del descalabro.
Ajuste fiscal: Recorte de ministerios y subsidios dirigidos
Con las arcas públicas en cero, el régimen aplicará una cirugía drástica al propio aparato del Estado. Díaz-Canel confirmó una reducción importante de ministerios, cargos y personal tanto en el gobierno como en el Partido Comunista y organizaciones de masas, buscando un ahorro presupuestario para financiar una prometida (y urgente) reforma salarial en el sector público.
Asimismo, se ratificó el fin del igualitarismo en la libreta de abastecimiento: el país avanzará gradualmente en eliminar los subsidios a los productos e implementar el subsidio directo a las personas vulnerables. Es decir, se acabó el precio subsidiado para todos; el Estado ya no puede costearlo.
La utopía de la soberanía alimentaria y la «fiebre» de los carros eléctricos
El discurso también abordó la catástrofe agraria. Las nuevas directrices prometen entregar tierras ociosas de manera ágil «a los que de verdad puedan producirla» y permitir a los campesinos abrir cuentas reales en divisas en los bancos.
Por otro lado, ante el colapso del sistema eléctrico y la falta de combustible, el gobierno apuesta todas sus fichas a la energía renovable y la movilidad eléctrica. Díaz-Canel anunció facilidades arancelarias para la importación y ensamblaje de vehículos eléctricos y la creación de una red de «solineras» (estaciones de carga solar) en todo el territorio nacional. Una propuesta que suena a ciencia ficción para el cubano de a pie, que hoy lidia con apagones de más de doce horas diarias.
Entre la apertura económica y el miedo al «enemigo»
Hacia el final de su intervención, el gobernante dejó clara la habitual advertencia de control: «No todo lo podemos decir tan claramente porque el enemigo está acechando». Esta falta de transparencia es el recordatorio de que, aunque las medidas económicas emulen las reformas de China o Vietnam, el control político del Partido Único sigue siendo innegociable.
El paquete de medidas deberá ser aprobado de forma express por el Buró Político y la Asamblea Nacional en los próximos días. Mientras el Palacio de la Revolución diseña plataformas de Inteligencia Artificial para comparar modelos económicos, el pueblo cubano sigue esperando en las colas, sobreviviendo al día a día, escéptico ante un nuevo grupo de «lineamientos» que promete riqueza, pero que arranca desde la más absoluta miseria material.






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