¿Hasta cuándo un país va a sobrevivir de donaciones?

El gobernante designado cubano Miguel Díaz-Canel volvió a presentar como un triunfo político lo que en realidad es una de las imágenes más dolorosas del fracaso económico del sistema cubano: la llegada de 15 mil toneladas de arroz donadas por China.

Según publicó en sus redes sociales, el cargamento forma parte de un envío total de 60 mil toneladas que serán entregadas gradualmente al régimen cubano. Díaz-Canel agradeció “la solidaridad” del Gobierno chino y aseguró que el arroz beneficiará a millones de consumidores, hospitales y escuelas.

Pero la pregunta que muchos cubanos se hacen no aparece en el discurso oficial: ¿hasta cuándo Cuba va a vivir de limosnas internacionales para poder alimentar a su población?

Resulta imposible ignorar la contradicción. Un país que durante décadas aseguró tener uno de los modelos políticos “más justos y eficientes del mundo” hoy depende de donaciones extranjeras para garantizar algo tan básico como el arroz de la libreta. No se trata de un envío puntual por una catástrofe natural ni de ayuda humanitaria tras una guerra. Se trata de comida para sostener el funcionamiento cotidiano de un país que produce cada vez menos y donde la agricultura ha sido destruida por el control estatal, la falta de libertades económicas y la ineficiencia estructural.

Mientras Díaz-Canel habla de “comunidad de futuro compartido”, la realidad dentro de la isla es otra. Los cubanos enfrentan apagones de más de 20 horas, inflación descontrolada, escasez de alimentos y salarios incapaces de cubrir siquiera lo básico. En muchas provincias, una libra de arroz en el mercado informal alcanza precios imposibles para una familia trabajadora.

El problema no es que China done arroz. El verdadero problema es que, después de más de seis décadas de revolución, el régimen cubano todavía no ha sido capaz de garantizar la alimentación de su pueblo sin depender de gobiernos extranjeros.

La publicación de Díaz-Canel también deja en evidencia otro detalle importante: el régimen intenta vender la dependencia como un acto de orgullo político. Presentan las donaciones como “solidaridad entre pueblos”, cuando en realidad reflejan el colapso productivo de un modelo que convirtió a Cuba, una nación con tierras fértiles y tradición agrícola, en un país incapaz de abastecer sus propios mercados.

Cada saco de arroz que llega donado es también un recordatorio de lo que destruyeron.

Porque ningún país puede aspirar a la dignidad mientras dependa permanentemente de la caridad internacional para alimentar a su gente.

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