
Cuando la libertad molesta a quienes viven en libertad
La reciente declaración de Podemos, en la que acusan a Donald Trump de cometer “crímenes contra la humanidad” en Cuba y llaman al Gobierno de España a defender la “soberanía” del régimen cubano, vuelve a demostrar una desconexión absoluta con la realidad que viven millones de cubanos dentro de la isla.
Resulta indignante escuchar ese discurso desde España, un país donde ellos pueden hablar libremente, crear partidos políticos, protestar en las calles, criticar al gobierno, presentarse a elecciones y expresarse sin miedo a terminar en prisión. Exactamente esos son los derechos que los cubanos llevan más de seis décadas reclamando y que el régimen cubano les niega sistemáticamente.
Los cubanos no quieren que nadie “invada” Cuba. Los cubanos quieren votar libremente. Quieren pluralidad política. Quieren periódicos independientes. Quieren sindicatos libres. Quieren acceso sin censura a internet. Quieren poder protestar sin recibir golpes, condenas de 20 años o desapariciones forzadas temporales. Quieren que un joven no termine preso por escribir una frase contra el gobierno en Facebook o por salir a la calle el 11 de julio gritando “Libertad”.
Mientras dirigentes de Podemos hacen declaraciones desde estudios de televisión, parlamentos y redes sociales protegidos por las libertades democráticas españolas, en Cuba hay madres que no pueden hablar con periodistas porque la Seguridad del Estado las amenaza. Hay activistas sitiados en sus casas. Hay opositores encarcelados. Hay artistas censurados. Hay estudiantes expulsados por pensar diferente. Hay periodistas independientes perseguidos, interrogados y forzados al exilio.
En Cuba no existe el derecho que tiene Irene Montero, Ione Belarra o cualquier dirigente de Podemos a fundar un partido opositor y aspirar al poder. Si un cubano intentara crear en La Habana una organización política similar a Podemos, terminaría acusado de “mercenarismo”, detenido o condenado por delitos fabricados.
Ese es el verdadero problema moral de una parte de la izquierda europea: defienden para sí mismos derechos que niegan a otros pueblos cuando esos pueblos viven bajo dictaduras ideológicamente afines. Hablan de democracia en Madrid mientras justifican sistemas donde no existen elecciones libres. Hablan de derechos humanos mientras guardan silencio ante los presos políticos cubanos. Hablan de soberanía mientras ignoran el sufrimiento cotidiano de quienes sobreviven entre apagones, hambre, miseria y represión.
Lo más doloroso no es solo la ignorancia, sino la arrogancia de querer hablar en nombre del pueblo cubano sin escuchar a las víctimas del sistema. Porque quienes realmente padecen las consecuencias del régimen no son los dirigentes de Podemos. Son los cubanos que hacen colas interminables para conseguir comida. Son las madres que ven marcharse a sus hijos del país. Son los presos políticos encerrados por pensar distinto. Son los miles de ciudadanos que viven aterrados por expresar una opinión.
Defender la libertad en España mientras se romantiza la represión en Cuba no es solidaridad. Es hipocresía política.
Los cubanos no están pidiendo privilegios. Están reclamando exactamente lo mismo que disfruta cualquier dirigente de Podemos cada mañana al despertar en España: libertad de expresión, libertad política y el derecho a decidir el futuro de su país sin miedo.






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