
Madrid se vuelca con Cuba en una noche de lágrimas, memoria y esperanza junto al Padre Alberto Reyes
El histórico Palacio de la Prensa, en plena Gran Vía madrileña, se convirtió este viernes en escenario de uno de los encuentros más emotivos vividos recientemente por el exilio cubano y los amigos de la libertad de Cuba en España. A teatro lleno, cientos de cubanos, españoles y defensores de los derechos humanos recibieron al sacerdote cubano Padre Alberto Reyes en una velada marcada por la reflexión, la memoria y la esperanza.
La jornada comenzó con la proyección del documental La noche eterna, una obra profundamente conmovedora que rinde homenaje al legado de Oswaldo Payá y recorre algunos de los barrios cubanos donde el levantamiento popular del 11 de julio de 2021 tuvo mayor fuerza e impacto. Las imágenes mostraron el dolor, la represión y la dignidad de miles de cubanos que salieron a las calles exigiendo libertad.
El público siguió la proyección en un silencio cargado de emoción. Muchos asistentes no pudieron contener las lágrimas ante escenas que revivieron el sufrimiento de las familias cubanas y la violencia ejercida contra manifestantes y presos políticos. Los aplausos, en distintos momentos de la noche, sirvieron también como gesto de solidaridad y resistencia.
Tras la proyección tuvo lugar un coloquio moderado por el reconocido doctor Antonio Guedes, donde se habló abiertamente sobre el futuro de Cuba, la necesidad de un cambio democrático y el papel de la fe en medio de la desesperanza que vive gran parte de la población dentro de la isla.
Durante la conversación, tanto el Padre Alberto como varios asistentes rompieron en llanto al recordar historias de represión, encarcelamientos y familias separadas por el exilio. El sacerdote hizo además un llamado a la conciencia europea, alertando sobre el riesgo de que determinadas posturas políticas internacionales terminen ignorando el sufrimiento real del pueblo cubano.
“El sufrimiento del pueblo cubano no puede ser relativizado ni utilizado como pieza geopolítica”, expresó el sacerdote ante un auditorio completamente entregado.
El Padre Alberto también recordó que la Iglesia no actúa como una organización partidista, pero sí tiene el deber moral y evangélico de acompañar al pueblo, denunciar la injusticia y defender la verdad frente al sufrimiento humano.
La noche concluyó con una ovación cerrada y una imagen difícil de olvidar: la de un auditorio unido por el dolor, la memoria y la esperanza de ver algún día una Cuba libre y democrática.






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