
Negros, wokismo, comunismo y la manipulación identitaria.
Por Sayde Chaling Chong
La mal llamada «afrodescendencia» es un invento wokista, derivado del «posmarxismo clásico», donde una de las ramas de las nuevas luchas de clases es una cosa que se llama antirracismo. Idea que, básicamente, defiende que el hombre blanco, occidental y heterosexual es el autor de todos los males de la humanidad y, en consecuencia, nuestro mayor depredador.
Además, hay una cuestión fundamental en la esclavitud de los negros, tema que a muchísimas personas de raza negra les cuesta reconocer: la esclavitud fue culpa principalmente de los propios negros, negros que en sus guerras tribales entregaban a los perdedores a redes de trata de origen europeo y árabe. Nunca un blanco o un árabe se introdujo en la selva a buscar negros; estaban preparados en las costas esperando que todo tipo de negreros los fueran a buscar. Esos negros preparados eran entregados por otros negros de otras tribus, así de simple y duro. La esclavitud no es algo que haya sido exclusivamente contra los negros; se esclaviza a los seres humanos desde que el mundo es mundo.
El antirracismo es una ideología donde la dinámica de víctima se enfatiza para crear nuevas dependencias, creando la justificación perfecta para que la supuesta víctima no sea capaz de asumir que una gran parte de sus fracasos podría ser responsabilidad suya, y no del supuesto depredador de la humanidad: el hombre blanco. Incluso, estas ideas se convierten en la coartada que alimenta el supremacismo negro. Porque existe: hay negros que quieren que la raza negra sea la suprema.
Los que queremos una Cuba libre defendemos la igualdad ante la ley sin tener en cuenta raza, sexo, religión o ideología, mientras no sean comunistas. Esa ideología contraria a la vida y a los derechos fundamentales tiene que estar proscrita en la nueva Cuba. Pero ciertamente nos molesta muchísimos este tipo de identitarismo infantilizado. Es cierto que la población negra cubana es una de las más maltratadas y pobres de Cuba, pero eso no hace que los negros sean «víctimas de especial atención».
Es cierto que el comunismo cubano, dirigido en gran parte por blancos, metió a los negros cubanos dentro de su maquinaria de colectivización política y les rompió muchos de los avances sociales y culturales que en 1959 estaban bastante consolidados, convirtiendo su realidad en un tema secuestrado por la propaganda del régimen, para poder venderse a sus amigos comunistas africanos, hispanoamericanos y asiáticos bajo el cuento chino de la igualdad conseguida con la revolución. No contribuyeron a la resolución de problemas, sino que, más bien, los cubrieron de supuestos logros y agravaron dinámicas de marginalidad, dependencia, descomposición social, y la degradación moral y material que han golpeado con especial dureza a la población negra. Hay negros cubanos que tienen el bachillerato y no saben la diferencia entre ay, hay y ahí, e incluso algunos negros fueron adoctrinados hasta tal punto que se convirtieron en sanguinarios mayorales para mantener a raya a los suyos, en nombre de una idea que supuestamente los había hecho superiores, y esa falsa superioridad lograda con la revolución debía ser mantenida a cualquier precio. Pero no te creas que muchos blancos no estuvieron exentos de esto.
Discursos como el que tuvo lugar hace unos días en la ONU, en una comisión donde claramente lo identitario está a la orden del día y, seguramente, muy bien pagado, son un contenido para la gran red de medios necesitados de información para rellenar sus parrillas de contenidos, pero este tipo de discursos, como tantos otros de ese estilo, donde se pone especial hincapié en supuestos «colectivos victimizados», dígase: homosexuales, mujeres o negros, no aportan nada al reconocimiento y resarcimiento de todas las víctimas del comunismo en Cuba, Hispanoamérica y el mundo.
Cierto que rompe la retórica comunista de La Habana, que se está llevando un gran dinero por aplicar la Agenda 2030 en Cuba, y que lleva a sus donantes a un parque temático, donde una pionerita negra, en una escuela engalanada para la ocasión, recita algún poema comunista, y otros negritos hacen danzas folclóricas. Y esto lo digo porque yo lo hacía; yo era uno de los que, cuando venían extranjeros, mostraba los supuestos logros de la revolución, aunque, cuando se acababa todo el show, nos devolvieran a nuestros barrios hechos tierra y sin luz. Me parece injusto que se manipule a ciertas personas para hacer estos discursos identitarios, y es cierto que hay que destacar el sufrimiento del negro cubano, pero como un capítulo más del sufrimiento de los cubanos.
El mestizaje es un hecho biológico presente desde los orígenes de la humanidad. Por eso, como ocurrió en algunas dinastías monárquicas, la unión reiterada entre familiares desembocaba en diversas enfermedades. Además, la propia evolución humana demuestra que no existen razas puras en el sentido estricto que algunos pretenden vender: el Homo sapiens surgió en África y, más tarde se extendió por el mundo, y se mezcló con otros grupos humanos, como los neandertales. De hecho, las poblaciones actuales no africanas conservan una pequeña proporción de ADN neandertal. Con lo cual, el racismo es una estupidez del tamaño de un castillo, porque toda la humanidad comparte un origen común y una mezcla biológica mucho más profunda de lo que los fanáticos raciales quieren admitir.
No hay un especial ensañamiento contra la población negra cubana por parte del comunismo cubano, aunque los negros, por múltiples factores históricos, sociales y culturales, estén sobrerrepresentados en algunas de las peores estadísticas de la isla, donde más se producen fenómenos como la violencia contra la mujer, determinados entornos de criminalidad, abortos y homicidios. Y eso también hay que decirlo sin miedo: existen bolsas de marginalidad, códigos de pura supervivencia, descomposición social y hábitos enquistados durante generaciones que, en ciertos entornos hostiles, permanecen mucho más activos que en otros. No se trata de idealizar a colectivos ni de ocultar la realidad por corrección política, sino de reconocer que hay conductas, inercias y formas de vida degradadas que el comunismo no solo no corrigió, sino que consolidó y agravó. Y eso, por supuesto, no significa que esos mismos males no puedan darse también entre blancos u otros grupos. La misma cuestión que llevó a unos negros a vender a otros son razones que también mueven a los blancos: la envidia, la revancha, el tener más territorios y otros efectos que existen desde que Caín asesinó a Abel.
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