La retirada de Meliá de Cuba es una victoria histórica para el pueblo cubano y una derrota para quienes financiaron a la dictadura.

La salida de Meliá Hotels International de Cuba marca un antes y un después en la lucha contra el sostenimiento económico de la dictadura castrista.

Durante décadas, Meliá fue uno de los principales socios internacionales de un sistema turístico controlado por GAESA, el conglomerado empresarial de las Fuerzas Armadas cubanas, estructura que concentra una parte fundamental de la economía nacional y que ha sido señalada por Estados Unidos como uno de los pilares financieros del régimen.

Durante años, los defensores de la libertad de Cuba hemos denunciado que mientras el pueblo cubano sufría hambre, apagones, miseria, falta de medicamentos y represión política, importantes empresas extranjeras como Meliá, Iberostar y otras; en el caso de Europa más de 300 empresas españolas y de otros países, seguían haciendo negocios con las estructuras económicas que sostienen al poder.

Hoy queda demostrado que la presión funciona y tengo que señalar que esto es un logro histórico para nosotros y un motivo para celebrar, en nuestro caso nos toca muy de cerca, el activismo cubano en España ha organizado por años protestas de visibilidad sobre esta situación.

La noticia publicada este 3 de junio confirma que Meliá abandona la gestión de 15 hoteles vinculados a GAESA, convirtiéndose en la última gran cadena hotelera española en dar marcha atrás ante el endurecimiento de las sanciones estadounidenses.

Pero como les comentaba, esta retirada no es fruto de la casualidad.

Es el resultado de años de denuncias, campañas públicas, protestas, presión política y trabajo constante de activistas cubanos dentro y fuera de la isla que nunca hemos aceptado normalizar la colaboración empresarial con la dictadura, y menos dejar de denunciar la práctica de esclavitud moderna sin consecuencias.

Durante demasiado tiempo, una parte importante del mundo político europeo decidió mirar hacia otro lado mientras miles de trabajadores cubanos sobrevivían con salarios miserables, mientras la élite gobernante acumulaba privilegios y mientras el turismo generaba ingresos que terminaban bajo el control de las estructuras militares del régimen.

Mientras los hoteles mantenían estándares internacionales para el visitante extranjero, millones de cubanos sufrían una crisis permanente de alimentación, transporte, vivienda y servicios básicos. En los momentos más difíciles, incluyendo etapas críticas de la pandemia y la crisis energética nacional, el contraste entre los recursos destinados al sector turístico y las necesidades reales de la población fue obsceno.

La salida de Meliá constituye además una demostración inequívoca del impacto que ha tenido la nueva política de presión impulsada por la Administración Trump contra las empresas que continúan haciendo negocios con estructuras controladas por GAESA. Las sanciones anunciadas por Washington han provocado una retirada en cadena de operadores internacionales que ya no están dispuestos a asumir los riesgos legales, financieros y reputacionales de mantener esas relaciones.

Los cubanos libres también debemos reconocer el papel desempeñado por el embajador de Estados Unidos en España, Benjamín León Jr., quien ha mantenido una posición firme y coherente frente a quienes pretendían seguir legitimando negocios con las estructuras económicas de la dictadura.

Asimismo, merecen reconocimiento todas aquellas personas que durante años fueron ridiculizadas por denunciar esta realidad. Activistas, periodistas independientes, organizaciones democráticas y figuras políticas comprometidas con la causa de la libertad de Cuba, entre ellas Rocío Monasterio, que nunca dejaron de señalar una verdad incómoda que muchos preferían ignorar.

La retirada de Meliá no representa todavía la caída del sistema, pero sí supone un golpe directo a uno de los mecanismos económicos que durante décadas proporcionó oxígeno financiero a la dictadura.

El mensaje para las más de 300 empresas extranjeras que aún mantienen relaciones con estructuras vinculadas al régimen es claro: los tiempos están cambiando.
Los cubanos hemos hablado.
Los cubanos hemos denunciado.
Los cubanos hemos pedido ayuda.
Y finalmente el mundo democrático está empezando a escuchar.

Hoy celebramos que por primera vez en muchos años quienes sostuvieron económicamente a la dictadura comienzan a comprender que sus decisiones tienen consecuencias.

La libertad de Cuba está más cerca cuando el dinero deja de alimentar a quienes la mantienen secuestrada.

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