Foto de archivo de octubre de 2025. Cruz Roja Cubana
Los damnificados por el huracán Melissa en el oriente de Cuba afrontan, un año después, una recuperación lastrada por los apagones, las dificultades para acceder al agua y los problemas de alimentación. La falta de electricidad compromete también servicios médicos esenciales y aumenta los riesgos para embarazadas, niños y enfermos crónicos, según un comunicado publicado este jueves por la Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja (IFRC).
Melissa tocó tierra el 29 de octubre de 2025 como huracán de categoría 3 y afectó a 2,2 millones de personas en Granma, Holguín y Santiago de Cuba. El diario oficial Granma reconoció este jueves que más de 70.000 familias de la provincia de Santiago de Cuba aún no han podido recuperar sus viviendas. Doce meses después, la emergencia no se limita a los daños que dejó el ciclón: la inestabilidad eléctrica dificulta la atención materna y neonatal, los cuidados intensivos, la diálisis y la radioterapia.
La organización advierte de retrasos en cirugías, diagnósticos y vacunación de rutina. Sin corriente, los consultorios tienen dificultades para conservar las vacunas y las bombas de agua dejan de abastecer a los barrios. A las secuelas del huracán se suman los brotes de dengue y chikungunya.
Las pérdidas de cosechas y las dificultades de transporte agravan la inseguridad alimentaria. Al mismo tiempo, las familias recurren al carbón y la leña para cocinar, con riesgos adicionales para su salud. El comunicado señala también el impacto de los cortes eléctricos en niños y jóvenes cuya educación se ha visto afectada.
La crisis eléctrica no comenzó con Melissa. Antes de que el huracán llegara al oriente, Cuba ya había sufrido colapsos de su sistema eléctrico, incluido un apagón nacional en septiembre de 2025. El ciclón golpeó, por tanto, a una población que ya arrastraba las consecuencias del deterioro de los servicios básicos.
La persistencia de esas carencias mantiene a los afectados expuestos a riesgos sanitarios y dificulta su recuperación. Un año después del desastre, disponer de electricidad para recibir tratamiento médico, conservar vacunas o bombear agua continúa siendo un problema cotidiano.








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