Reinaldo Cosano, una vida dedicada a la libertad y una vejez marcada por el abandono en Cuba

A sus 83 años, el profesor y periodista independiente cubano Reinaldo Emilio Cosano Alén pasa gran parte del tiempo postrado en una cama, con un estado de salud muy deteriorado y dependiendo de la solidaridad de otras personas para cubrir necesidades tan básicas como pañales y sábanas.

Este jueves recibió la visita del activista Yenier Toledano Torres, quien llevó artículos de primera necesidad donados a través de un proyecto de ayuda y compartió imágenes que muestran las condiciones en las que vive el veterano periodista.

Hay un detalle en las fotografías que resume buena parte de su historia: debilitado y desde la cama, Cosano levantó su mano para hacer el gesto de la “L” de libertad.

“Me entristece mucho ver cómo nuestro hermano termina en el olvido total”, expresó Toledano a ClickCuba tras visitarlo. Contó que no pudo contener las lágrimas al verlo hacer aquel gesto pese a su delicada condición.

Profesor expulsado por sus ideas

Cosano nació en La Habana en mayo de 1943 y es licenciado en Filología por la Universidad de La Habana. Durante aproximadamente dos décadas ejerció como profesor.

Su carrera docente terminó después de que fuera apartado del sistema educativo. Según consta en su biografía publicada por CubaNet, las autoridades alegaron falta de “idoneidad política”

El Observatorio de Libertad Académica ha documentado su caso y sostiene que fue expulsado definitivamente del magisterio en 1991 después de redactar una carta crítica sobre la enseñanza y por sus vínculos con organizaciones defensoras de derechos humanos. La sanción se mantuvo pese a que recurrió la decisión. 

Cosano formó parte del Comité Cubano Pro Derechos Humanos y participó en la Coalición Democrática Cubana. Después encontró en el periodismo independiente otra manera de continuar expresándose desde la isla.

Una de las voces del periodismo independiente

Durante años escribió para CubaNet, dirigió la agencia Sindical Press y colaboró con Martí Noticias, que todavía conserva en sus archivos numerosos trabajos firmados por él sobre la realidad cubana. 

Su trabajo tuvo consecuencias. Existen registros de detenciones y actos de hostigamiento relacionados con su actividad periodística y cívica. En 2014, por ejemplo, fue detenido durante varias horas para impedir que asistiera a la entrega de unos premios de periodismo independiente de los que era jurado. 

Cosano permaneció en Cuba.

Continuó escribiendo, denunciando y defendiendo los derechos humanos mientras su edad y posteriormente su salud se lo permitieron.

Ya se había pedido ayuda para él

La situación que muestran ahora las fotografías no comenzó esta semana.

En octubre de 2025 activistas lanzaron un llamado humanitario para ayudar a Cosano, entonces de 82 años, debido a su delicado estado de salud y a las condiciones precarias en las que vivía en Guanabo, al este de La Habana.

Ya entonces se solicitaban pañales desechables, sábanas y otros productos básicos

Casi un año después, esos mismos artículos vuelven a llegar gracias a la solidaridad ciudadana.

En la visita de este jueves, Toledano agradeció al equipo de Bertha y Maysu por hacer posible la entrega y explicó que pudieron conocer de primera mano el estado actual del profesor.

Las fotografías muestran a Cosano extremadamente delgado, acostado en una cama y rodeado por el deterioro de la vivienda.

La “L” que todavía levanta

La historia de Reinaldo Cosano no es únicamente la de un anciano enfermo que necesita ayuda.

Es también la de un profesor apartado de las aulas por motivos políticos, un periodista que decidió continuar informando desde Cuba y un defensor de los derechos humanos que ha llegado a los 83 años dependiendo de la solidaridad para satisfacer necesidades elementales.

Y quizá por eso la imagen tomada durante la visita resulta especialmente simbólica.

Su cuerpo está debilitado. Su vida transcurre ahora mayoritariamente desde una cama.

Pero cuando llegó la cámara, Reinaldo Emilio Cosano Alén volvió a levantar la mano y marcó con sus dedos una “L”.

La misma palabra que defendió durante décadas: libertad.

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