
Presos denuncian hambre, trabajos forzados y castigos degradantes en cárcel de Contramaestre
Las condiciones dentro del centro penitenciario conocido como “Bungo 11”, en el municipio santiaguero de Contramaestre, reflejan el profundo deterioro del sistema carcelario cubano. Testimonios recientes describen un escenario marcado por hambre extrema, trabajos forzados, violencia penitenciaria y abandono médico, tanto para presos políticos como para reclusos comunes.
El penal, ubicado en instalaciones que anteriormente funcionaron como escuela en el campo, opera actualmente bajo un régimen catalogado oficialmente como de “mínima severidad”. Sin embargo, los relatos provenientes del interior muestran una realidad completamente distinta.
Los internos denuncian jornadas de trabajo obligatorio en labores agrícolas y en la producción de carbón vegetal, muchas veces bajo condiciones físicas precarias y sin garantías mínimas de seguridad. Negarse a trabajar o no cumplir con las exigencias del penal puede derivar en amenazas de traslado hacia regímenes más severos.
La alimentación aparece como uno de los problemas más graves dentro de la prisión. Según las denuncias, la escasez y la mala calidad de los alimentos han llevado a situaciones desesperadas. Algunos reclusos han sido castigados por intentar sacar boniatos, calabazas u otros productos de los campos agrícolas donde trabajan para aliviar el hambre.
Las denuncias también describen castigos físicos y humillantes dentro del penal. Entre las prácticas señaladas se encuentran presos esposados durante horas, hombres amarrados en posiciones forzadas y reclusos expuestos públicamente como medida de escarmiento ante los demás internos.
A esto se suma el deterioro general de las condiciones de vida. Los testimonios hablan de falta de agua potable, sistemas sanitarios destruidos, apagones constantes, escasa atención médica y un ambiente de insalubridad permanente.
Los presos aseguran además que muchos internos presentan pérdida considerable de peso y problemas de salud asociados a la desnutrición, el agotamiento físico y la falta de medicamentos.
La comunicación con las familias también estaría severamente limitada. Las llamadas telefónicas serían escasas y sometidas a fuertes restricciones, aumentando el aislamiento de quienes permanecen encarcelados.
Las condiciones descritas en “Bungo 11” coinciden con múltiples denuncias realizadas en los últimos años sobre cárceles cubanas, donde organizaciones de derechos humanos han alertado sobre hacinamiento, violencia penitenciaria, mala alimentación y tratos crueles contra la población penal.






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