
Cuba: la libreta de racionamiento ya no alcanza para sobrevivir
La crisis alimentaria en Cuba ha alcanzado un punto crítico que ya no puede ocultarse ni siquiera en el discurso oficial. Un reportaje reciente del medio estadounidense Politico documenta cómo el sistema de racionamiento —durante décadas presentado como garantía de acceso mínimo a alimentos— hoy es incapaz de cubrir las necesidades básicas de la población.
Según la investigación, los productos distribuidos a través de la conocida “libreta” son cada vez más escasos, llegan con retrasos constantes o simplemente desaparecen durante meses.
Un sistema colapsado
El modelo estatal de distribución, creado para asegurar el abastecimiento en tiempos de crisis, se ha convertido en un mecanismo ineficiente que apenas ofrece cantidades simbólicas de alimentos. Familias cubanas dependen de una cuota mensual que, en muchos casos, no alcanza ni para una semana.
El reportaje señala que productos esenciales como arroz, azúcar, aceite o proteínas llegan de forma irregular, obligando a los ciudadanos a recurrir al mercado informal o a tiendas en divisas, donde los precios resultan inalcanzables para la mayoría.
Entre la escasez y la inflación
La falta de alimentos no es el único problema. La inflación ha disparado los precios en el mercado paralelo, generando un escenario donde incluso quienes tienen ingresos no pueden cubrir sus necesidades básicas.
El resultado es una combinación de escasez estructural y pérdida del poder adquisitivo que ha deteriorado de forma acelerada la calidad de vida. La dieta de millones de cubanos se ha reducido a lo mínimo, con graves consecuencias nutricionales, especialmente en niños y ancianos.
Dependencia y control
El sistema de racionamiento no solo evidencia la crisis económica, sino también el control estatal sobre la población. La libreta sigue siendo el principal mecanismo de distribución, lo que convierte el acceso a alimentos en un proceso centralizado y dependiente de decisiones gubernamentales.
En este contexto, la escasez no es solo un problema económico, sino también social y político. La incapacidad del sistema para garantizar alimentos básicos refleja el agotamiento de un modelo que durante años fue presentado como uno de sus pilares.
Éxodo como respuesta
El deterioro de las condiciones de vida ha impulsado una ola migratoria sin precedentes. La falta de alimentos, sumada a la ausencia de oportunidades, ha llevado a cientos de miles de cubanos a abandonar el país en busca de mejores condiciones.
El propio reportaje recoge que esta crisis alimentaria forma parte de un escenario más amplio de colapso económico que está empujando a la población a tomar decisiones extremas.
Una realidad imposible de ocultar
Lo que durante años se intentó maquillar como dificultades temporales hoy es una crisis estructural evidente. La libreta de racionamiento, símbolo del sistema, ya no garantiza ni siquiera lo básico.
La escasez en Cuba ha dejado de ser una percepción interna para convertirse en un hecho documentado a nivel internacional: un país donde el acceso a alimentos depende de un sistema que ya no funciona.







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