
Importaciones desde Panamá reabren el debate sobre el bloqueo
Un video promocional protagonizado por el actor cubano Alejandro Cuervo ha comenzado a circular en redes sociales, mostrando un modelo de negocio que permite a emprendedores dentro de la isla importar productos desde la Zona Libre de Panamá sin necesidad de viajar. La iniciativa, presentada como una solución práctica ante las dificultades de abastecimiento, vuelve a colocar en el centro del debate una pregunta inevitable: ¿dónde está realmente el bloqueo?
En el material, Cuervo explica un sistema que conecta a los clientes con proveedores en tiempo real, permitiéndoles seleccionar productos —desde electrodomésticos hasta utensilios del hogar— y armar sus propios contenedores con precios mayoristas. Según detalla, el servicio incluye la gestión completa de la carga, con un costo adicional de entre el 3% y el 5% del valor de la mercancía, y la entrega de productos ya nacionalizados.
La propuesta también contempla una alternativa para quienes no pueden asumir grandes importaciones, ofreciendo la compra mayorista de productos disponibles en almacenes dentro del país. Todo ello se presenta como una vía para facilitar el crecimiento de pequeños negocios, reducir riesgos y eliminar los costos asociados a viajar al extranjero para abastecerse.
Sin embargo, más allá del enfoque comercial, este tipo de iniciativas vuelve a evidenciar la existencia de canales de importación que funcionan con relativa fluidez, incluso en un entorno marcado por restricciones económicas. Es aquí donde surge la pregunta que inevitablemente se impone en el debate público: si es posible importar, pagar proveedores internacionales, acceder a inventarios en tiempo real y recibir mercancía lista para su comercialización, ¿dónde están exactamente las barreras que impiden el desarrollo económico?
El auge de estos servicios privados responde, en gran medida, a la incapacidad del sistema estatal para garantizar el abastecimiento básico. En ese vacío, han surgido soluciones alternativas que, aunque útiles para determinados sectores, también revelan profundas desigualdades. No todos los cubanos tienen acceso a capital para importar, ni pueden asumir pagos en divisas o transferencias internacionales.
A su vez, estas dinámicas reflejan la creciente dependencia de estructuras paralelas que operan fuera de los canales oficiales, en un entorno donde la regulación sigue siendo limitada y, en muchos casos, ambigua. Mientras tanto, el ciudadano común continúa enfrentando escasez, altos precios y un mercado fragmentado.
La promoción protagonizada por Cuervo no es un hecho aislado, sino parte de un fenómeno más amplio que muestra cómo, en medio de la crisis, se abren espacios para iniciativas privadas que buscan cubrir necesidades básicas. Pero también deja al descubierto una contradicción evidente entre el discurso político y las prácticas económicas que hoy se desarrollan dentro y fuera de la isla.
En ese contexto, la pregunta no solo persiste, sino que gana fuerza: ¿dónde está el bloqueo cuando existen mecanismos que permiten, al menos para algunos, acceder a mercados internacionales y sostener negocios en medio de la crisis?






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