Los obispos católicos de Cuba llaman a abrir el país a su pueblo y alertan sobre el riesgo de un estallido social

La Conferencia de Obispos Católicos de Cuba publicó este 31 de enero un mensaje dirigido “a todos los cubanos de buena voluntad” en el que vuelve a poner sobre la mesa la gravedad del momento nacional, urge a cambios profundos y reclama que Cuba se abra a su propio pueblo, sin exclusiones ni estrategias de parte.

En un documento de tono firme y pastoral, los obispos reconocen que la situación del país no solo no ha mejorado, sino que se ha deteriorado de forma alarmante. Advierten que la eliminación de la posibilidad de entrada de petróleo al país agrava la crisis y golpea con especial dureza a los más vulnerables, al tiempo que alertan sobre un riesgo real de caos social y de violencia entre cubanos.

“No más angustia ni dolor”

El mensaje recuerda que Cuba necesita cambios urgentes, pero no más sufrimiento. “No más sangre ni más lutos en las familias cubanas”, subrayan los obispos, al tiempo que expresan su deseo de una nación renovada, próspera y feliz, sin que ese anhelo se construya sobre el aumento de la pobreza, la enfermedad o la desesperanza.

Los prelados evocan palabras de San Juan Pablo II pronunciadas durante su visita a la isla en 1998, cuando advirtió que el aislamiento repercute de manera indiscriminada sobre la población y agrava las dificultades en ámbitos básicos como la alimentación, la salud y la educación. En esa línea, reconocen y agradecen la solidaridad internacional recibida en momentos de emergencia, pero insisten en que la raíz del problema es interna y estructural.

Diálogo, libertades y dignidad

El documento reafirma la postura histórica de la Iglesia católica a favor del diálogo y la diplomacia como vías para resolver conflictos, y rechaza la coerción y la violencia. Al mismo tiempo, deja claro que el respeto a la dignidad humana y al ejercicio de las libertades fundamentales dentro del país no puede supeditarse a conflictos externos.

Los obispos subrayan que la historia demuestra que un clima de pluralidad y respeto recíproco dentro de una nación contribuye a la distensión y al intercambio fructífero a nivel internacional, una afirmación que contrasta con décadas de cerrazón política y represión del disenso.

“Que Cuba se abra a su propio pueblo”

Parafraseando el célebre llamado de San Juan Pablo II —“que el mundo se abra a Cuba”—, el episcopado plantea ahora una exigencia aún más directa: que Cuba se abra a todos los cubanos, sin exclusiones. Para ello, afirman, es imprescindible poner el bien del país por encima de intereses de grupo y recuperar el espíritu martiano de una patria “con todos y para el bien de todos”.

En la parte final del mensaje, los obispos ratifican que la Iglesia continuará acompañando al pueblo cubano, orando, sirviendo a los más necesitados y ofreciendo su disposición a contribuir a la reducción de hostilidades y a la creación de espacios de colaboración por el bien común.

Al hacerse eco de palabras del Papa León XIV, los prelados invocan “la hora del amor” como camino para superar las confrontaciones, y encomiendan el destino del país a la Virgen de la Caridad del Cobre, pidiendo sensatez, cordura y paz para que los cubanos puedan vivir con dignidad en su propia tierra.

El mensaje, fechado en La Habana y leído este fin de semana en las parroquias del país, se suma a una larga serie de pronunciamientos de la Iglesia católica que, sin alinearse con ningún poder político, vuelve a colocar en el centro la urgencia de un cambio real que devuelva la esperanza a una nación exhausta.

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