
La Iglesia Presbiteriana-Reformada en Cuba lanza un contundente llamado al cambio político y social en su Mensaje Pastoral de Pentecostés
En un pronunciamiento inusualmente claro y valiente dentro del panorama religioso cubano, el Concilio General de la Iglesia Presbiteriana-Reformada en Cuba (IPRC) emitió este 3 de junio su Mensaje Pastoral de Pentecostés, en el que denuncia la grave situación que atraviesa el país y hace un llamado urgente a una transformación estructural, política y social.
La iglesia reformada, con presencia histórica y compromiso patriótico, manifestó que su fe no puede estar separada del sufrimiento de la nación. “Cuba ha vivido momentos de grandes logros, pero también ha sufrido profundas crisis que han marcado a nuestro pueblo”, señala el mensaje. Según la IPRC, las fórmulas oficiales como “resiliencia” o “confianza” ya no son creíbles para un pueblo que vive atrapado en un callejón sin salida.
Denuncia del deterioro nacional
El texto es una radiografía directa del colapso cubano: inseguridad ciudadana, pobreza creciente, apagones, desabastecimiento, pérdida de servicios básicos, censura a la opinión disidente, y una inflación imparable que convierte el salario en pesos cubanos en una burla frente a una economía dolarizada.
La iglesia cuestiona abiertamente la incoherencia del discurso gubernamental, señalando las contradicciones entre las promesas y la realidad. “Una sociedad que fue electrificada por una revolución energética carece hoy de electricidad. Una sociedad a la que se enseñó a pensar, no puede expresar con libertad lo que piensa”, resume el mensaje, en una de sus frases más fuertes.
Exhortación al régimen cubano
El Concilio General insta al gobierno a iniciar un proceso profundo de reforma, con cuatro peticiones centrales:
Establecer un diálogo genuino con el pueblo que escuche y atienda sus reclamos. Revisar y corregir las sentencias contra ciudadanos encarcelados por sus ideas. Celebrar foros democráticos con participación plural para repensar el modelo de país. Pedir disculpas públicas a los sectores excluidos por políticas discriminatorias.
Este llamado no sólo es teológico o simbólico. Es una interpelación política directa a las autoridades cubanas para iniciar un camino de justicia y reconciliación.
Llamado a la ciudadanía
La IPRC también dirige su mensaje al pueblo y a su feligresía, convocándolos a:
Participar activamente en los procesos de cambio pacíficos y constructivos. Pasar “de la resignación a la perseverancia”, y de la apatía al “activismo social y político”. Ejercer solidaridad comunitaria, especialmente con los sectores más vulnerables.
Apelando a su tradición profética, la iglesia no duda en invocar las Escrituras como inspiración para este momento histórico. Cita a Jeremías: “Yo sé los planes que tengo para ustedes, planes para su bienestar y no para su mal, a fin de darles un futuro lleno de esperanza”.
Una voz disonante dentro del silencio
El Mensaje Pastoral de Pentecostés de la Iglesia Presbiteriana-Reformada marca un hito. En un país donde muchas instituciones religiosas evitan pronunciarse sobre la situación nacional, este texto representa un acto de fe, coraje y compromiso cívico.
La IPRC no solo ora, sino que también actúa. Pone sus manos “para bien”, como expresa el cierre del mensaje, y se ofrece como herramienta de unidad, armonía y reconstrucción nacional.
Este pronunciamiento, si bien no es el primero en su tipo por parte de esta denominación, se inscribe en un contexto de creciente malestar social, llamados a paros estudiantiles y protestas pacíficas. Su voz puede convertirse en un eco para otras comunidades religiosas que aún guardan silencio, y en un respaldo moral para aquellos que dentro y fuera de Cuba claman por una Cuba justa, plural y verdaderamente libre.







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