
Zoila Chávez muere sin poder ver a su hijo preso: otro acto de crueldad del régimen cubano
La dictadura cubana le negó el último adiós a una madre enferma de cáncer; su hijo sigue encarcelado sin juicio.
Zoila Chávez Pérez, una anciana de 84 años y madre del preso político José Gabriel Barrenechea, falleció este domingo en Encrucijada, Villa Clara, sin haber podido despedirse de su hijo, encarcelado desde noviembre por manifestarse pacíficamente contra los apagones.
La noticia fue confirmada por la periodista independiente Yania Suárez, quien la visitó días antes de su fallecimiento y denunció públicamente la indiferencia del régimen ante el clamor de esta madre moribunda.
“Caiga sobre la conciencia de los corruptos que oprimen al pueblo de Cuba el dolor de esta madre”, escribió Suárez en sus redes sociales, acompañando su mensaje con imágenes que retrataban el frágil estado de salud de Zoila.
José Gabriel Barrenechea permanece recluido en la prisión La Pendiente, en Santa Clara, acusado de “desórdenes públicos”, aunque hasta la fecha no ha sido juzgado ni se le ha fijado fecha para juicio. Su único delito: expresar su inconformidad con los prolongados apagones que azotan a la población.
En sus últimos días, Zoila grabó un video suplicando al régimen que liberaran a su hijo para poder verlo antes de morir. “Ya no puedo sufrir más, este corazón no puede… ¿Por qué no me sueltan a mi hijo? ¿Qué ha hecho para que me lo tengan encerrado?”, decía entre lágrimas la mujer, que luchaba también contra un cáncer terminal de vejiga.
Las súplicas de Zoila no conmovieron al régimen. Su hijo no pudo siquiera despedirse. La anciana murió en su cama, dependiente del esfuerzo de sus familiares para alimentarse, asearse y sobrellevar el dolor.
Diversos activistas y organizaciones de la sociedad civil exigieron al gobierno cubano la excarcelación de Barrenechea por motivos humanitarios, sin recibir respuesta. Su caso se suma a la larga lista de víctimas del sistema judicial represivo y opaco que impera en la isla.
Desde ClickCuba denunciamos este acto de crueldad institucional que revela el rostro más inhumano de la dictadura: la negación incluso del derecho a decir adiós.







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