Isabel Urquiola: la maestra, la madre, la mujer que el régimen quiere despojar

Nadieska Almeida subió una cuesta para encontrarse con Isabel Urquiola. Al llegar, la recibió un rostro profundamente gentil, una mujer de alma sencilla y fortaleza inquebrantable.

De esa visita Nadieska relata con indignación y ternura la dura realidad que enfrenta esta anciana campesina, educadora de generaciones, víctima de una injusticia que no tiene justificación.

“Quien se decide a dedicar un ratico para hablar con Isabel Urquiola, sale de ese encuentro dispuesto a emprender la vida sin quejas y más confiado en el Dios que sostiene a los que de Él se fían”, escribió Nadieska. Y es que Isabel no solo es una mujer sabia, sino una que, a pesar de las dificultades y el peso de los años, mantiene intacta su dignidad.

Pero el régimen cubano no le permite vivir en paz. Sus hijos han sido arrancados de su lado, sus animales —su única compañía leal— le han sido arrebatados y ahora enfrenta la amenaza de perder su hogar. Nadieska, testigo de la situación, no pudo evitar preguntarse: ¿A una mujer así tanto le temen, que siguen privándola de lo que puede hacerla feliz?

La visita no solo fue un acto de solidaridad, sino un recordatorio de que detrás de cada historia de despojo hay un rostro, una vida que resiste. Isabel no muestra amargura, sino fortaleza, valentía y tesón. Pero eso no es suficiente para quienes insisten en despojarla de lo poco que le queda.

“Para Isabel es importante tener a sus animales con ella, afectivamente los necesita, no la castiguen más”, imploró Nadieska en su publicación. Y su pedido resuena con fuerza en todos aquellos que ven en Isabel a una madre, una maestra, una mujer que lo ha dado todo por los demás y que merece, al menos, vivir sus últimos años en paz.

El caso de Isabel es un reflejo del trato que el régimen da a los más vulnerables: promesas de amparo que terminan en despojo, discursos de justicia que se traducen en atropellos. Pero también es la prueba de que la resistencia se mantiene viva en quienes, como ella, se niegan a ser doblegados por la injusticia. Y en quienes, como Nadieska, siguen alzando la voz por los que el poder pretende silenciar.

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