
La batalla por el relato en la disidencia cubana
He estado leyendo un artículo reciente publicado por Diario de Cuba que me ha llevado a una reflexión que considero necesaria compartir.
No es la primera vez que ocurre, pero vuelve a evidenciarse un patrón: la construcción de determinados relatos a partir de una selección cuidadosa de quién aparece en la fotografía y quién queda fuera de ella. En este caso, lo que se presenta como un retrato de la sociedad civil cubana se acerca más a un ejercicio de posicionamiento ideológico que a una representación fiel de quienes han sostenido, durante años, la confrontación directa con la dictadura.
El mecanismo es reconocible. Se intenta elevar el perfil de ciertos activistas de corte izquierdista —muchos con escasa presencia en la lucha frontal contra el régimen— mientras se recurre, incluso, a imágenes de archivo de acciones organizadas por otros. En particular, por sectores del exilio cubano en Madrid que han estado en primera línea. Sin embargo, esos nombres no aparecen. Se invisibiliza así a quienes han construido el camino, mientras se reescribe quiénes lo protagonizan.
No parece un error. Cuando se observan determinados vínculos —como agradecimientos explícitos al socialismo español por gestiones institucionales o acercamientos que poco tienen que ver con una oposición firme al castrismo— se entiende mejor la lógica detrás de estos enfoques. No se trata únicamente de informar, sino de influir en la percepción pública.
Pero la realidad es más difícil de moldear de lo que algunos quisieran.
Un ejemplo claro es el encuentro con el diplomático estadounidense Mike Hammer. Ese espacio no surgió espontáneamente ni fue impulsado por quienes ahora se intentan situar en el centro del relato. Fue resultado del trabajo de estructuras y activistas con una línea clara, firme y sin ambigüedades frente a la dictadura. Entre ellos, figuras como Iliana Hernández, cuya trayectoria está marcada por años de represión y vigilancia dentro de la Isla.
Hay además un elemento revelador. La presencia de sectores diversos en este tipo de encuentros ha sido posible gracias a la apertura de quienes, desde posiciones más firmes, entienden la lucha por la libertad como un espacio plural. Es decir, mientras unos suman, otros seleccionan y excluyen en función de intereses propios. Basta observar que, en sentido contrario, rara vez espacios promovidos desde posiciones reformistas incluyen voces de la derecha anticomunista.
Algo similar ocurre con el llamado “Acuerdo de Liberación”. Se presenta como un hito reciente, pero se omite el trabajo acumulado durante años por parte de la disidencia y el exilio. Iniciativas que ya venían articulándose en Europa desde plataformas como Pasos de Cambio Europa, activas desde 2022. No es desconocimiento. Es una omisión selectiva.
Existe una realidad que algunos intentan diluir: hay una derecha cubana organizada, activa y comprometida con la libertad. Hay voces que han desafiado al régimen dentro de la Isla y que continúan esa lucha desde el exilio. Figuras como Amelia Calzadilla son solo una parte visible de una red mucho más amplia.
Pero más allá de los nombres, lo esencial es la existencia de una estructura humana, política y moral que ha enfrentado al castrismo durante décadas sin ambigüedades ni concesiones ideológicas.
Existe un exilio histórico que ha dedicado su vida a esta causa. Existen activistas en Madrid, Miami y otras ciudades que sostienen la presión internacional de forma constante. Existen proyectos que marcaron precedentes, como el primer Corredor Humanitario impulsado en 2020 y sostenido durante más de dos años, hasta su desarticulación en medio de intereses y dinámicas que conviene analizar con rigor.
Nada de esto suele ocupar espacio en determinados relatos. Cuando aparece, lo hace minimizado o fragmentado.
Por eso, lo que está en juego no es simplemente una diferencia de opiniones. Es una disputa por el relato. Y en esa disputa, invisibilizar a una parte esencial de la disidencia no solo resulta injusto, sino profundamente irresponsable.
La libertad de Cuba no se construirá sobre versiones parciales ni sobre equilibrios ideológicos cómodos. Se construirá desde la verdad, desde el reconocimiento de quienes han sostenido la lucha en los momentos más difíciles y desde una claridad política sin ambigüedades frente a una dictadura que ha marcado a varias generaciones.
Porque mientras algunos escriben relatos, otros continúan dando la batalla real.
Y esa batalla sigue.
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