La lucidez terminal del comunismo cubano

Por Sayde Chaling Chong

Desde niño escuché en muchas ocasiones algo que, cuando comienzo a escribir este artículo, es la motivación principal para hacerlo. Se trata, nada más y nada menos, que de la «lucidez paradójica» o «lucidez terminal», que, según algunas revistas científicas, se describe como «un periodo de aparente mejoría en una persona en estado terminal».

Según un artículo de J Gerontological Nursing, publicado en el sitio web de la National Library of Medicine -Biblioteca Nacional de Medicina-, tras realizar 33 entrevistas a profesionales de la salud, el 73 % describía haber visto en su carrera profesional este episodio. De 29 eventos estudiados, el 31 % duró varios días, el 20,7 % un día y el 24,1 % menos de un día.

Según relata ese escrito científico, en el 78,6 % de las ocasiones la persona estudiada realizó una actividad inesperada; el 22,2 % murió dentro de los tres días siguientes, y el 14,8 % en los tres meses posteriores al episodio.

Y si alguien, a estas alturas de la lectura, está perdido, se lo traduzco en vernáculo: el típico abuelito que se encuentra terminal en el hospital y que, de repente, se despierta para despedirse de sus familiares y cercanos, mostrando un estado de lucidez e incluso una aparente mejoría que da muchísima esperanza a quienes lo rodean. Sin embargo, todo parece indicar que se trata de un sobreesfuerzo del cuerpo humano, el último gasto de energía, algo así como una respuesta al sufrimiento de los que se quedan: un último beso, un último abrazo, un bálsamo para el dolor que viene después de la muerte.

Hace unos días vi un vídeo en redes sociales de un anciano que estaba muy mal, pero aun así resistió unos días hasta que llegó su esposa. En cuanto la vio, dijo: «Mi amor». Y justo cuando la mujer lo abrazó, falleció. Esa señora recordará siempre que su marido, a quien perdió en ese momento, la esperó para un último abrazo.

Pues bien, lo que vimos estos días con la flotilla humanitaria de la izquierda mundial es, precisamente, eso: un episodio de «lucidez paradójica» o «lucidez terminal». La familia de la izquierda mundial fue a despedirse del abuelo, de ese abuelo del que hace tiempo sabían que estaba mal, del que de vez en cuando hablaban, pero del que saben, a ciencia cierta, que se va a morir. La lucidez aquí la podríamos describir como, según hemos podido conocer por diversos medios, el sobreesfuerzo económico que ha hecho un Estado autoritario en estado calamitoso, financiando los viajes de cada uno de los asistentes, en el último intento de aparentar buena salud para quienes todavía quieren creer en él, antes de finalmente morir. De esto va este curioso hecho, que los científicos apenas han estudiado. No se sabe por qué ocurre; es un misterio. En mi opinión, es como si el cerebro pudiese saber que le queda poco, y tuviéramos una especie de reserva en el cuerpo para estos casos, aunque estemos muy mal. Y, por lo que estamos viendo, parece que en la política también ocurre.

La realidad de la Cuba del Partido Comunista es que ya ni siquiera con paliativos se sostiene. Esto me recuerda a aquel delincuente llamado Rolando Pérez Quintosa, a quien la tiranía convirtió en héroe de la revolución. La versión oficial fue que se resistió a un grupo de delincuentes que trataban de robar una embarcación para escapar de Cuba. Sin embargo, la realidad era completamente distinta. El tal Pérez Quintosa era compinche de aquellos delincuentes que luego lo traicionaron.

Pérez Quintosa pronunció en televisión unas palabras apenas inteligibles y luego entró en coma. Según algunos comentarios que se escuchaban en la cola de la pescadería de Guanabacoa, ubicada en la calle Cruz Verde, entre Martí y otra calle cuyo nombre ahora mismo no recuerdo, justo cerca del Parque de las Madres, en realidad solo estaban esperando el momento adecuado para decir que había fallecido. Fue en la calle Martí donde después Fidel les hizo un casoplón a los Pérez Quintosa, mientras su antigua vivienda fue convertida en uno de los museos más tétricos y siniestros de la historia -por lo menos a mí me daba mucho miedo-. Estaba, o está, más bien frente a la escuela secundaria Jesús Lancha. Esa misma que, según informaciones, recibió dinero de ciudadanos de Cataluña, en España, para ser reparada, dinero que, por supuesto, nunca llegó.

Pues bien, según se comentaba, el delincuentón Pérez Quintosa en realidad estaba en muerte cerebral, y solo esperaban el momento adecuado para decir que había fallecido. Entre 1992 y 1994 Cuba vivió un periodo de gran violencia.

Pues bien, el veredicto moral -y hasta médico, si se quiere hablar en términos metafóricos- es que Cuba está en muerte cerebral. Y ese es el único órgano que no se puede reconectar una vez muere. No hay manera de que el Partido Comunista se pueda salvar. Solo están esperando el momento idóneo para declarar, esta vez sí, una muerte que se lleva anunciando desde hace mucho tiempo y que, hay que reconocerlo, tuvo una gran vitalidad.

Este año 2026 enterraremos al Partido Comunista que ha sometido al pueblo y veremos un nuevo amanecer en una Cuba libre, donde tendremos que destruir varios museos, o mejor aún, subastarlos. Seguro que habrá zurdos de los que fueron a Cuba que querrán comprar la estatua del Che, el yate Granma y esos muñecos del Che y Camilo en la Sierra Maestra. Saquémosle un poco de billete al muerto, que genera muchas reliquias. Dinero que podrá ser utilizado para el proceso de redignificación de los cubanos. Y así, como la imagen del Che quedó reducida a camisetas y a cualquier otro producto comercial, quedará demostrado, con el vivo ejemplo, que el liberalismo supera siempre al comunismo.

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