Convención Bautista de Cuba Occidental: la iglesia no asume una misión política, pero reconoce el derecho de los creyentes a impulsar cambios

La Asociación Convención Bautista de Cuba Occidental publicó el 23 de marzo de 2026 un comunicado dirigido a sus iglesias en el que aborda la situación que atraviesa el país y fija una posición sobre el papel de la iglesia y de los creyentes ante el contexto actual.

El documento, firmado por su presidente, el pastor Bárbaro Abel Marrero Castellanos, describe un escenario nacional marcado por carencias materiales y espirituales, aumento de la criminalidad, injusticias y desesperación. Ante este panorama, reconoce que dentro de las congregaciones han surgido interrogantes sobre qué debe hacer la iglesia frente a una realidad cada vez más compleja.

En su pronunciamiento, la Convención sostiene que, en términos generales, las iglesias han cumplido con su misión. Destaca la permanencia de congregaciones en medio de la crisis, el acompañamiento a la población y el trabajo social desarrollado en distintas comunidades. Entre las acciones mencionadas figuran la entrega de alimentos, la atención a personas vulnerables, jornadas médicas con profesionales de la salud y apoyo educativo desde el ámbito religioso.

El comunicado subraya además el papel de la oración por el país y por quienes ejercen responsabilidades de gobierno, como parte de su práctica de fe. Al mismo tiempo, insiste en que la principal misión de la iglesia es espiritual, centrada en la predicación del Evangelio y el acompañamiento a la sociedad.

Uno de los puntos centrales del texto aborda el debate sobre la participación política. La Convención establece que la iglesia, como institución, no debe asumir la promoción de cambios políticos como parte de su misión, en coherencia con el principio de separación entre iglesia y Estado.

Sin embargo, el documento introduce un matiz relevante. Reconoce como legítimo que los creyentes, a título personal, deseen un cambio de gobierno o de sistema político, e incluso que trabajen por ese propósito, siempre que lo hagan desde su conciencia individual y no en representación de la iglesia.

El texto señala que esta participación no es incompatible con la fe cristiana y que la iglesia no debe condenar ni excluir a quienes decidan involucrarse en la esfera política. Al mismo tiempo, advierte que quienes asuman ese camino no deben presentar su postura como una misión eclesial ni generar divisiones dentro de las congregaciones.

En su argumentación, el comunicado recurre a referencias bíblicas para reforzar la idea de que la misión principal del cristianismo no es la confrontación política, sino la transformación espiritual. También exhorta a los creyentes a ser ciudadanos respetuosos de las leyes, siempre que estas no contradigan su fe.

El mensaje concluye con un llamado a mantener la fe, ayudar al prójimo y continuar proclamando el Evangelio, al tiempo que reitera su lema histórico: “¡Cuba para Cristo ya!”.

El pronunciamiento se produce en un contexto de creciente debate dentro de la sociedad cubana sobre el papel de las instituciones religiosas ante la crisis y las demandas de cambio, y busca ofrecer una guía interna para sus miembros sobre cómo actuar en medio de ese escenario.

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